La diversidad de formas de vida existentes en la naturaleza posee una magnitud tan inmensa que incluso la mente humana moderna difícilmente puede racionalizar su increíble complejidad. El intentar unificar la inmensidad biológica en un único pensamiento, en un acto de síntesis que nos permitiese armonizar todos los grupos de organismos (ser humano inclusive) que coexisten en nuestro planeta, constituye un objetivo ciertamente ambicioso. Aun así, la observación, descripción y clasificación de los seres vivos ha constituido una obsesión recurrente desde los orígenes del pensamiento científico y natural. Con tal fin se han establecido criterios de clasificación y organización que han facilitado la catalogación de los innumerables matices que ilustran el lienzo natural que nos rodea.

 
     

Charles Darwin (1809-1882) y Alfred Russell Wallace (1823-1913) propusieron, de modo independiente, la teoría de la evolución mediante selección natural en 1858.



Esta labor tan meticulosa fue fundamental en la concepción de la teoría de la evolución por Charles Darwin y Alfred Russell Wallace. Mediante la observación de dicha biodiversidad ambos se percataron de dos características fundamentales: la presencia de variación dentro de las especies y la existencia de una cruel lucha por la existencia.
El desarrollo de estas ideas condujo a una serie de teorías (cada cual más escandalosa en el contexto fijista dominante en el pensamiento científico natural del siglo XIX) que fueron formalmente publicadas en 1859 por Charles Darwin en el libro “On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life” (El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la existencia). En este libro Darwin definió la extraordinaria diversidad biológica que nos rodea como el resultado de un proceso de evolución gradual, mediado por selección natural a partir de un ancestro común.

El primer "árbol de la vida", relacionando la diversidad biológica mediante de ramas que derivan de un tronco común, fue propuesto por el naturalista alemán Ernst Haeckel (1834-1919) en su libro "Anthropogenie" publicado en 1874. La progresión evolutiva reflejada en el árbol evidencia la sintonía con las ideas darwinistas. Sin embargo muchos criticaron a Haeckel por dar a entender que los mamíferos en general (y más concretamente el ser humano) son los organismos más evolucionados, siendo esto una especulación. La ideología nazi utilizó dicho razonamiento como base pseudocientífica para justificar el exterminio de las razas inferiores.

El impacto de dichas teorías fue totalmente innovador a la par que polémico, no sólo porque rechazaban que las especies fuesen fijas (con todas las implicaciones que esto conlleva desde el punto de vista religioso y de la creación), sino también porque implícitamente sugirieron que todas las formas de vida que observamos en la actualidad no son más que una ínfima muestra de todos los seres vivos que durante miles de millones de años han surgido y sucumbido fruto del proceso evolutivo. En otras palabras, la majestuosa diversidad de los seres vivos actuales (desde una bacteria a una ballena, desde un virus a una orquídea, desde una medusa hasta un avestruz) no es más que un fotograma, una instantánea de una película que comenzó hace miles de millones de años. ¿Podemos imaginar cómo fueron las formas de vida que aparecieron (y desaparecieron) previamente en esta película?

Dicha tarea se perfila imposible. El único testimonio con el que contamos es el registro fósil, una fuente de vital importancia por ser nuestra única ventana al pasado. Desafortunadamente, dadas las excepcionales circunstancias necesarias para que un organismo fosilice, se estima que los fósiles conocidos en la actualidad únicamente representan entre el 0,1 % y el 1 % de todas las especies que habitaron nuestro planeta. Parafraseando a Jerry Coyne en su libro publicado en 2009 “Why Evolution is True” (Por qué la teoría de la evolución es verdadera), es sobrecogedor pensar en la extraordinaria cantidad de criaturas fantásticas que debieron haber existido en el pasado, sin embargo aún lo es más el saber que la posibilidad de llegar a conocerlas se ha perdido para siempre.

La teoría de la evolución permite armonizar la extensa biodiversidad que nos rodea en un único proceso, tal y como se mencionó al principio de este texto. La teoría de la evolución constituye así la teoría unificadora de la biología, y esto se debe a una sencilla razón: el proceso evolutivo es el resultado de la acumulación de cambios graduales en el material hereditario de los seres vivos, y absolutamente TODOS los seres vivos tenemos un material hereditario compuesto por ácidos nucleicos (ADN en todos los casos, excepto ciertos virus cuyo material hereditario es ARN).

Charles Darwin (1809-1882) falleció no muchos años antes del redescubrimiento de los trabajos de Gregor Mendel en el año 1900, en los que se describía la herencia de caracteres entre generaciones dando lugar al nacimiento de la Genética como disciplina científica. Consecuentemente, su teoría era totalmente ajena al hecho de que el material hereditario está contenido en ácidos nucleicos, a que el ADN posee una estructura en doble hélice y a que dicho material contiene piezas de información (genes) que codifican toda la información necesaria para construir un ser vivo. Sin embargo, Darwin ya se había percatado de la presencia de variación entre individuos de una misma especie, que gran parte de esta variación era heredable de una generación a la siguiente y que la lucha por la existencia propiciaba la selección natural de aquellos individuos mejor adaptados a un ambiente concreto en un momento determinado.

 

 

El material genético hereditario de la mayoría de los seres vivos (excepto el caso de unos pocos tipos de virus) está contenido en el ADN. Estructuralmente, esta molécula es extraordinariamente estable a la par que simple.

Hoy en día sabemos que dicha variación se debe a la presencia de cambios (mutaciones) en el ADN, y que muchas de estas mutaciones se heredan dando lugar a que eventualmente se formen nuevas especies. La evolución de los seres vivos está supeditada al cambio en su material genético hereditario. Las mutaciones en genes o regiones de ADN reguladoras que determinan la formación, estructura o funcionamiento de diferentes componentes celulares serán las que, en última instancia, propiciarán la presencia de variación en las especies. Por tanto, la variación que observamos en la naturaleza es el reflejo de la variación que existe en el material hereditario y de este modo, la evolución de las especies es evolución molecular.

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José María Eirín-López
José María Eirín-López

Investigador y profesor en la Florida International University (Miami, Estados Unidos) y en la Universidad de La Coruña, director del grupo de investigación CHROMEVOL, centrado en el estudio de la estructura, función y evolución de la cromatina.

Sobre este blog

Las alteraciones en el material hereditario son, en última instancia, responsables de la abrumadora diversidad natural que nos rodea.

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