Existen dos tipos de noticias falsas: las incorrectas, que se extiende de forma inadvertida, por error; o las deliberadamente falsas, que se promueven intencionadamente con fines más o menos perversos. Las noticias incorrectas pueden ser relativamente fácil de corregir con información y datos basados en hechos científicos. Las noticias deliberadamente falsas requieren una estrategia mucho más compleja.

Las redes sociales son plataformas libres y accesibles que permiten compartir información de forma inmediata. La influencia que están tiendo en la sociedad actual es apabullante. Para lo bueno, ... y para lo malo. Cuando escribes para una revista o un medio de comunicación te haces responsable de lo que ahí dices, o suele haber alguien que actúa de filtro y que revisa o se asegura que esa información es correcta. Pero en las redes sociales eso no ocurre. En muchas ocasiones se expresan opiniones de forma anónima, lo que favorece la desinhibición. Incluso pueden ser sistema automáticos, robots, programados para compartir informaciones falsas. La revista Science publicó el año pasado un estudio que indicaba que en Twitter las noticias falsas se difundían un 70% más rápido que la información veraz (1).

Cuando lo que se difunden son noticias falsas, no verificadas, que tienen que ver con temas de salud, el riesgo para la población puede ser muy grande y pueden llegar a generar problemas de salud pública serios. Uno de esos temas es todo lo relacionado con las vacunas.

Un número cada vez más creciente de padres y madres perciben la vacunación como algo insano e innecesario. Como las vacunas se administran cuando los niños están sanos, nuestro umbral del riesgo es muy bajo. Cualquier duda, aunque sea teórica, sobre la seguridad de las vacunas puede causar que los padres rechacen o retrasen la vacunación de sus hijos. Incluso algunos padres que vacunan a sus hijos suelen tener dudas y temores acerca de la vacunación. Entre los extremos de los movimientos anti-vacunas que rechazan totalmente la inmunización y los entusiastas pro-vacunas, cada vez hay más padres que dudan: padres que rechazan alguna de las vacunas pero que aceptan otras, que retrasan la vacunación de su hijo porque dudan del calendario vacunal recomendado, o que se sienten inseguros cada vez que los vacunan.

El contexto a veces no ayuda. En los últimos años ha aumentado el número de nuevas vacunas, lo que es percibido por muchos padres como una complicación. El que no exista un mismo calendario vacunal en distintos países o, lo que es peor, en distintas comunidades autónomas de un mismo país genera percepciones negativas. La falta de transparencia de algunos gobiernos y empresas farmacéuticas y los errores en la forma de afrontar e informar sobre crisis sanitarias también provoca desconfianza y susceptibilidades. Hoy en día, los pacientes quieren estar involucrados y participar en sus propias decisiones de salud.

Las redes sociales son una oportunidad sin precedentes para los activistas contrarios a la vacunación, para difundir su mensaje a una audiencia cada vez más amplia. Las personas que son contrarias a las vacunas, aunque sean minoría, generan una cantidad desproporcionada de contenidos anti-vacunas. Cada día son cientos los contenidos que se vierten al ciberespacio sobre la vacunación, la inmensa mayoría subjetivos y de contenido emocional. Internet es una de las principales fuentes de información que emplean los padres y madres para consultas sobre las vacunas. Desgraciadamente si se examinan los contenidos relacionados con la vacunación en la web o en las redes sociales sobresale la información inexacta e incorrecta. Esto hace que muchos padres pasen de dudar de las vacunas a ser resistentes a la vacunación o incluso claramente opuestos. Muy probablemente ver una web o contenidos anti-vacunas aumenta los sentimientos negativos contra la inmunización, mientras que las webs pro-vacunas suelen tener un efecto mínimo.

¿Qué estrategias podemos seguir para contrarrestar 

los mensajes falsos sobre la vacunación?

Es muy de agradecer que, actualmente, cuando buscas el término "vacunas" en Twitter o en Facebook, lo primero que te muestran es un mensaje de alerta que te da la opción de dirigirte a un sitio seguro (del Ministerio de Sanidad o la OMS, por ejemplo).

 

facebook

Pero, son necesarias más acciones. Vayan aquí cinco consejos que pueden ayudar a difundir un mensaje a favor de la vacunación, incluso más allá de las redes sociales.

1. Convence quien tiene credibilidad. Para muchas personas lo que convence no son los hechos, los datos, sino la credibilidad o autoridad de quién lo dice. En este sentido, la pieza fundamental para conseguir la aceptación y confianza pública de las vacunas son los profesionales de la salud, de la medicina y la enfermería. La gente cree y confía más en su médico o enfermera de lo que nos imaginamos. Muchas gente dice que la primera razón para vacunar a su hijo es la recomendación del profesional de la salud en la consulta de pediatría, por ejemplo. Promover una buena relación con el paciente es fundamental.

2. No esperar a las crisis. Los mensajes a favor de la vacunación no deberían restringirse a momentos de crisis, deberían ser parte de la rutina. No hay que esperar a entrar en debate (los debates tienen poco poder de convicción). Nuestro mensaje no puede ser de acción-reacción: estar pendientes de responder a los mensajes negativos ayuda a ampliar ese mensaje falso. No se trata de convencer a un anti-vacunas, sino de resolver esas dudas, en muchos casos lícitas y comprensibles, de los indecisos. La mejor táctica quizá sea inundar las redes de mensajes positivos, dejar sin espacio, sin oxígeno, al contrario. Conseguir que lo normal, lo rutinario sea oír hablar bien de las vacunas.

3. No olvides las emociones. Si te fijas en los anuncios de coches, hoy en día, no te hablan de las cualidades del motor (muchos de nosotros ya no sabemos qué potencia, cuántos caballos o qué sistema de inyección lleva nuestro coche). Nos venden un coche porque nos va a hacer más libres, porque podemos oír música con nuestros amigos, o porque podremos ir a las montañas y ver paisajes maravillosos (aunque nunca salgamos de la ciudad). Nos venden emociones. A la gente lo que le gusta es que le cuenten historias. Por eso, cuenta historias de éxito, de éxito de las vacunas. Una madre o un padre que ha tenido algún problema con las vacunas cuenta en internet su historia y se hace viral, pero ¿cuántas millones de personas no han tenido una mala experiencia y no lo cuentan?

4. Suaviza tu discurso. Recuerda aquello de "siempre positivo, nunca negativo". No intentes asustar a la gente con mensajes catastrofistas, ya que te puede salir el tiro por la culata. Ten empatía. Evita ser despectivo y culpabilizar a la gente. Si tienen dudas, escucha, deja que hablen, sé positivo, responde de forma simple, sencilla, que se te entienda. Dedica tiempo, con respeto, paciencia y confianza. La verdad es la piedra angular de la aceptación de las vacunas.

5. Un traje a medida. La mejor forma de que un mensaje tenga efecto en el receptor es que sea personalizado. Si es posible, las estrategias de comunicación científica deberían ser a medida, según lo que necesita y requiera cada interlocutor.

Comunicar y promover los efectos beneficiosos de la vacunación es todo un reto. Así como hay planes nacionales sobre trasplantes o sobre la resistencia a los antibióticos, echo en falta un plan nacional sobre la vacunación, porque las vacunas ... salvan millones de vidas.

(1) The Spread of True and False News Online. Soroush Vosoughi, y col. Science. 2018. 359 (6380), 1146-1151.

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Ignacio López-Goñi
Ignacio López-Goñi

Catedrático de Microbiología de la Universidad de Navarra. Su investigación se centra en la brucelosis, una enfermedad infecciosa que afecta tanto a los animales como al ser humano. Ha trabajado en la caracterización genética de factores de virulencia, el desarrollo de nuevas vacunas y de nuevos métodos moleculares para la detección de bacterias patógenas.

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