Si cogemos la palabra es obvio que por regenerar todos entendemos "volver a generar, volver a hacer". En un contexto biológico hay tres tipos principales de "regeneración" que podemos considerar:

1.- La regeneración fisiológica. Ésta es la que asociamos a la renovación celular que tiene lugar en la mayoría de los animales para reemplazar a las células que se mueren por ser demasiado viejas o haber dejado de funcionar. Pensemos en nosotros mismos: todos vemos cómo los cabellos caen y vuelven a crecer (bueno, a algunos no les vuelven a crecer a medida que nos hacemos mayores), en pocas semanas todas las células de la piel de nuestro cuerpo son nuevas, en pocos días el epitelio de nuestro sistema digestivo se renueva y, por ejemplo, en pocos meses todas las células de nuestra sangre también se renuevan completamente. De hecho, tenemos que pensar que cada día perdemos millones de células, y millones de ellas nacen de nuevo. Pero, desgraciadamente, los humanos no podemos renovar todos los tipos celulares que tenemos y, evidentemente, esto es un problema a medida que envejecemos o sufrimos determinadas enfermedades. Pensad que muchas enfermedades neurodegenerativas están asociadas a la incapacidad de renovar algún tipo de neuronas que, por ejemplo, mueren en pacientes de párkinson. De la misma manera, después de sufrir un ataque de corazón tampoco podemos hacer nuevas células cardíacas. En todo caso, quedaos con la idea de que la regeneración fisiológica se asocia con el recambio natural por el que pasan algunas células y tejidos durante la renovación celular o homeostasis en animales adultos.

2.- La hipertrofia (o sobrecrecimiento). Algunos órganos pueden crecer de nuevo e incrementar su masa cuando, por algún motivo, pierden una parte suya. Aquí podemos distinguir dos tipos de hipertrofia: la llamada hipertrofia regenerativa y la compensatoria. Probablemente, muchos de vosotros sabéis que si perdemos una parte de nuestro hígado, la parte que queda puede crecer hasta alcanzar un tamaño parecido al original. En este caso es cuando hablamos de hipertrofia regenerativa. Por otro lado, cuando perdemos uno de los miembros de una pareja de órganos, por ejemplo, un riñón, el que queda crece aumentando su masa para compensar la falta del otro miembro de la pareja. Ésta sería una hipertrofia compensatoria.

3.- La regeneración reparativa. Por último, encontramos la capacidad regenerativa que muestran algunos animales cuando pierden de manera traumática alguna parte de ellos. Seguro que sabéis ejemplos de este tipo de regeneración: las colas de las lagartijas, las extremidades de las salamandras, o las aletas de algunos peces. Pues bien, es de este tipo de regeneración del que os hablaré principalmente en este blog. Miraré de compartir lo que vamos aprendiendo sobre no sólo cómo lo hacen los reptiles y salamandras para regenerar colas y extremidades, sino también cómo regeneran el corazón algunos peces, o partes del cerebro algunos vertebrados. O casos más sorprendentes como la capacidad que tienen algunos animales de regenerar, no una estructura u órgano determinados, sino todo un animal entero a partir de una pequeña parte de sus cuerpos.

Un aspecto importante que tiene que remarcarse de la regeneración reparativa es que, en la mayoría de los casos, la parte regenerada es indistinguible de la original. Esto es un poco diferente de, por ejemplo, la hipertrofia del hígado cuando le cortamos una parte. El nuevo hígado regenerado no tiene la misma forma que el original. Estudiar la regeneración en el mundo animal es algo que puede resultar fascinante por sí mismo por todas las preguntas que nos plantea. Pero, además, en estos momentos en los que hay un boom en la investigación en el campo de la llamada medicina regenerativa, resulta obvio que estudiar cómo lo hacen algunos animales para regenerar de manera natural puede aportar muchos beneficios a este campo. Pensad que la medicina regenerativa lo que persigue al final es poder curar enfermedades y poner remedio a situaciones derivadas de accidentes o traumatismos para los que no hay tratamiento en la actualidad, simplemente porque nuestro cuerpo no tiene la capacidad de volver a hacer las células perdidas, dañadas o enfermas. Es evidente, tal y como nos muestran los medios de comunicación casi a diario, que se va avanzando muy rápidamente en el campo de la medicina regenerativa. Y así leemos que somos capaces de cultivar células madre en una placa de plástico y hacer a partir de ellas neuronas o células del páncreas, o hepáticas, o musculares. E incluso podemos hacer que estas células se organicen en alguna cosa que empieza a parecerse a pequeños rudimentos de hígados, riñones u ojos. Pero estamos aún muy lejos del fin último que es, en muchos casos, ver qué harían estas células cuando las trasplantásemos a un paciente. ¿Harán lo que queremos que hagan? ¿Se integrarán bien con el resto de las células del cuerpo? Y el cuerpo, ¿cómo responderá frente a ellas? Por tanto, imaginad lo mucho que podemos aprender de aquellos animales que sí pueden hacer células nuevas cuando han perdido una parte suya, y son también capaces de hacer que estas células se organicen en tejidos, órganos y estructuras que se integrarán perfectamente con el resto del cuerpo y funcionarán igual que la células originales.

Francesc Cebrià
Francesc Cebrià

Profesor titular del Departamento de Genética de la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona. Toda mi carrera científica, y a lo largo de un periplo vital Barcelona-Japón-EE.UU.-Barcelona, la he dedicado a estudiar la regeneración en las planarias: unos animales extraordinarios que pueden regenerar un individuo completo a partir de una pequeña parte de su cuerpo.

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¿Cómo lo hacen algunos animales para regenerar extremidades, aletas, el corazón, el cerebro o todo un individuo a partir de una pequeña parte de su cuerpo?

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