LA SELECCIÓN SEXUAL (I)

12/06/2008 0 comentarios
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Doce años después aparecida su obra El origen de la especies, Charles Darwin publicó, en 1871, El origen del hombre y la selección en relación con el sexo (The Descent of Man and Selection in Relation to Sex) cuyos capítulos finales XIX y XX dedicó a la selección sexual en nuestra especie.

 

Según Darwin, habrá individuos que posean alguna característica que les haga tener un mayor éxito de apareamiento y fertilización a expensas del resto. Al dejar mayor descendencia sus caracteres se impondrán sobre los de otros.

 

Darwin trató ampliamente el tema en los animales. Pero no fue muy allá en el ser humano. En la actualidad hay estudios que han desvelado causas muy interesantes sobre la importancia del atractivo físico en todas las sociedades humanas.




Me gustaría encontrar un hombre que sea sensible en general, y macho en las emergencias.



LAS MUJERES LOS PREFIEREN SENSIBLES

 

¿Qué es lo que cualquier mujer busca en un hombre? O bien ¿qué tipo de hombre prefiere la mujer cuando busca pareja?

 

Mientras que ellas tienen pocas dudas –o ninguna— por el hecho de ser mujeres, en ellos sucede lo contrario. En efecto, la mujer explora su cuerpo desde la infancia; sabe que tendrá hijos que llevará en su seno. Consciente o inconscientemente la mujer piensa “en ella y en su descendencia”. El varón no tiene esta vivencia corporal. Desconoce cómo piensa la mujer en este aspecto. La desinformación le lleva equivocarse con frecuencia en la conducta de cortejo. 

 

Si Vd. es mujer no dude que se verá reflejada en este resumen de algunos estudios realizados muestras representativas de mujeres de diferentes etnias, culturas y niveles sociales de USA.

 

 

CASHDAN, Elisabeth (1996) Women's Mating Strategies. Evolutionary Anthropology 5(4): 134-143.

 

Las mujeres prefieren a los hombres con recursos, con perspectivas financieras, maduros, ambiciosos y trabajadores.

 

Realmente, los hombres que poseen más recursos tienen un mayor número de parejas en las diferentes culturas, incluso en las más igualitarias sociedades cazadoras-reproductoras.

 

La abundancia y el estatus son atractivos para todas las mujeres del mundo, pero las diferentes sociedades difieren en la forma en que se logran; un hombre rico equivale a un buen proveedor en las sociedades de cazadores-recolectores.

 

En la mayoría de las sociedades los hombres de alto estatus son hombres adinerados. Pero el estatus tiene otros atractivos a parte del dinero o los beneficios materiales, ya que los hijos de hombres de alto estatus serán mejor tratados por los otros, y posiblemente podrán heredar el estatus de su padre.

 

Las mujeres valoran indicadores de estatus como son el gran tamaño, la fuerza y la madurez. En consecuencia, y en diferentes culturas, prefieren a hombres más altos y mayores que ellas. Parece ser que la madurez se asocia con un alto estatus y, aparentemente, se traduce en atractivo masculino a ojos de las mujeres. Rasgos faciales maduros como una barbilla prominente, las cejas tupidas, los ojos pequeños y los labios delgados, les parecen más dominantes y atractivos. Así, prefieren los rasgos asociados a la testosterona, como los hombros anchos en relación al tamaño de la cintura y caderas, probablemente relacionado con la dominancia social.

 

En nuestra sociedad europea occidental, hay no pocos libros y películas en los  que prima la "belleza interior" sobre la exterior, en las que los guapos y guapas son tontos, mientras que los feos y feas no lo son. Pero, al tiempo, se inculca que las personas bellas son buenas y que las feas son malas; basta con mirar las películas de Disney, en las que las princesas y príncipes, incluso en figura de animales, son guapos, atractivos y de buen corazón; mientras que los malos son feos y desagraciados. Claro está, toda regla tiene sus excepciones, como la madrastra de Blancanieves (bella pero malvada), o el Jorobado de Notre Dame (feo pero de gran bondad).

 

En nuestra sociedad actual, en la está desapareciendo el "ama de casa", puede que estas condiciones empiecen a perder valor. La mujer empieza a trabajar de la misma manera que lo hace un hombre, y, cada vez más, a cobrar lo mismo que ellos. Muchas mujeres tienen un estatus alto, no solo mujeres de la política y de la nobleza, si no también actrices, cantantes, escritoras, y una larga lista. No tendrán como prioridad buscar un marido con recursos y con estatus, pues ya los poseen; muchas veces, sobre todo actrices y cantantes, van cogidas del brazo de hombres apuestos, y a veces más jóvenes que ellas.

 

Hay competición directa e indirecta entre mujeres para conseguir a un hombre. Las mujeres nunca tienen dudas sobre su maternidad, a no ser que en el hospital intercambien a bebés de diferentes madres. Pero los hombres no lo suelen tener tan claro. Y esa es un arma que utilizan las mujeres para desprestigiarse unas a otras. Cuando una mujer insulta a otra, no suele decirle que es idiota, o fea, sino que es una puta, o, lo que puede ser peor, que es una hija de puta. Con esos comentarios cuestiona ante los demás la fidelidad de su rival, o la fidelidad de la madre de ella. En otras ocasiones pueden llegar a las manos, sobre todo si la rival se intenta ligar a su pareja. Resulta llamativo que, cuando la mujer sorprende a “su hombre" con otra, suelen atacarla a ella primero. ¿No debería atacar antes al compañero, toda vez que la rival pudiera no saber que ya estaba comprometido?

 

La agresión competitiva entre féminas suele darse en sociedades en las que hay escasez de hombres, y alta variabilidad en la calidad de éstos. Nuestra sociedad cumple dos de los condicionantes: 1) las mujeres pueden escoger a los hombres, y 2) hay alta variabilidad de la calidad de éstos. ¿Significa ello que hay una competición entre las mujeres para conseguir marido? La respuesta es afirmativa. La mujer se  maquilla, se arregla para gustar a los hombres; y que lo hagan para sentirse bien no más que un reflejo. Si te vistes bien y te maquillas y peinas, gustas a los hombres; como sientes que gustas, te gustas más, y refuerzas tu autoestima. Pero no sólo eso, cuando la mujer  tiene pareja procura ser fiel  y, sobre todo, no parecer un "pendón", ya que eso atrae a un grupo de hombres que no suelen querer ser padres.

 

Estas son dos características de la competición indirecta descrita por la autora. La tercera es la dote que en nuestra sociedad ha quedado obsoleta, o bien ha sido sustituida, en parte, por los recursos de la mujer. La autora comenta la duda que podrían experimentar algunas mujeres, ante e ldilema de asegurarse un compañero inversor en la paternidad o adquirir "buenos genes" de un compañero no inversor.

 

Hay casos de mujeres que tienen marido buen inversor paternal, y a pesar de ello mantienen aventuras con otros hombres de "buenos genes", y mantienen el engaño para jugar una estrategia mixta sexual. Eso ocurre cuando la mujer encuentra más atractivo al otro que a su marido. Pero la vigilancia masculina limita la capacidad de una mujer para llegar a esta situación, y en muchas sociedades ha llegado a restringir su libertad de movimientos, e imponerles ciertos condicionantes como el caso de las sociedades musulmanas, en las que las mujeres han de salir de casa totalmente tapadas, o en las que se practica la ablación del clítoris.

 

Se ha estudiado si hay un aprendizaje de este comportamiento por parte de los hijos, y se ha concluido que las hijas de padres divorciados tendían a comportarse de una manera más seductora hacia los hombres que aquellas hijas huérfanas de padre o con los dos progenitores en casa. Hoy muchas mujeres son independientes económicamente y puede que no estén tan preocupadas por la aptitud inversora del futuro padre de sus hijos. Elisabeth Cashdan comenta que la independencia económica de la mujer puede ser una respuesta a una menor inversión masculina, más que una causa de ello. Parece ser éste un factor muy importante en nuestra sociedad actual.

 

Hace 50 años los padres podían mantener a su familia con su sueldo, actualmente los dos componentes de la pareja deben trabajar para poderse mantener y mantener a su prole. Además, la mujer se ha hecho más ambiciosa, no quiere quedarse al margen en el mercado laboral, sino que aspira a las mismas opciones que los hombres. Poco a poco se está logrando, pero sigue habiendo muchas desigualdades en este campo, y en el doméstico. Actualmente muchos hombres colaboran en las tareas del hogar, pero existen muchos otros que no lo hacen, y que se sienten amenazados cuando su mujer va a trabajar, sobre todo si traen sueldos mayores que ellos a casa.

 

En el marco laboral, la apariencia de la mujer es algo que también se suele tener en cuenta, sobre todo en trabajos de "cara al público", por no hablar de los relacionados con moda y publicidad, donde la buena presencia es muy importante. Aún así los hombres prefieren contratar a mujeres con caracteres juveniles, que las hacen más atractivas.

 

La competencia por los hombres también se lleva al marco laboral, las mujeres se suelen mostrar más agresivas entre ellas que con los hombres.

 

En conclusión, las mujeres buscan hombres con buenos atributos y recursos para que sus hijos los puedan heredar, y así asegurarse uno posibles buenos nietos. Las mujeres intentan aparentar una juventud y una fidelidad para asegurar un hombre maduro y un buen padre con los recursos suficientes para establecer y mantener a una familia. Pero algunas de estas características empiezan a perder valor, cuando es la mujer la que consigue los recursos. Elegirá a un hombre sano, atractivo y un buen padre, pero sus recursos ya no son tan importantes porque los de ella pueden llenar ese hueco.