El comercio basado en aspectos relacionados con la salud humana, con todos los matices éticos, morales, económicos y políticos que ello implica es un tema recurrente de libros y películas. Un ejemplo reciente de libro convertido en película es El Jardinero Fiel de John le Carré y otro el thriller aún más reciente titulado Efectos Secundarios del reconocido director Steven Soderbergh. Sin embargo, este mismo tema tan importante para la calidad de vida occidental no se ha explotado hasta ahora en forma de videojuego posiblemente por su complejidad. El único precedente es quizá el videojuego Theme Hospital, por cierto muy pertinente a la situación de recortes sanitarios que vivimos.

Logo de Big Pharma

Big Pharma es un juego para PC/Mac/Linus desarrollado por Twice Circled, una empresa de un solo empleado. El propietario es Tim Wicksteed, un joven graduado en ingeniería mecánica por la universidad de Bristol y por tanto sin experiencia en temas relacionados con la industria farmacéutica. Sus motivaciones para desarrollar este juego se encuentran recogidas en la web. Big Pharma ha sido producido por Positech Games y puede comprarse desde agosto de 2015 en distribuidores como Steam, GOG y Humble Store y por ahí andan desarrollando parches para jugar en castellano.

Tim Wicksteed creador de Big Pharma

El juego ha recibido buena acogida entre los aficionados y ha creado su grupo en Facebook y en otras redes sociales controladas desde una wiki. Por su parte, los especialistas consideran que el juego permite sesiones de entre 15 y 30 minutos y que es divertido. También advierten que es adictivo pues se corre el peligro de permanecer jugando varias horas.

En líneas generales, el jugador de Big Pharma debe asumir el papel de director de una compañía farmacéutica que produce medicinas humanas a partir de unos materiales de partida. Estos materiales tienen unas propiedades intrínsecas positivas como, por ejemplo, aliviar el dolor, y otras negativas como, por ejemplo, adicción y tolerancia. Estas propiedades se manifiestan cuando el material se encuentra en el medicamento en un determinado rango de concentraciones, concretamente, en una escala de 0 a 20. Los efectos positivos y negativos pueden ser modulados, por ejemplo, cambiando la concentración o aplicando determinados procesos. También, estos materiales pueden ser mezclados a fin de crear fármacos más potentes. A través de estas operaciones de mezclado y procesado el objetivo es obtener materiales que tengan la mayor potencia con los menores efectos negativos posibles.

En las primeras etapas el juego es más bien una especie de rompecabezas en el que hay que ensamblar diferentes piezas para poner en marcha una cadena de producción típica de cualquier fábrica automatizada. Este proceso de juntar cintas transportadoras y máquinas que acaban funcionando al unísono es realmente entretenido. Con ello el jugador tiene a su disposición una herramienta que le permite modificar las concentraciones de los materiales de partida, mezclarlos, reorganizar sus efectos, analizar su actividad y finalmente prepararlos en forma de pastillas y envasarlos para su distribución. Es posible también dar nombre al producto y venderlo en un mercado virtual al mejor precio posible. Un precio que está regido por las propiedades del producto y la demanda del mercado.

Pantalla de Big Pharma

El juego sigue su marcha y no tardan en aparecer elementos conceptualmente interesantes relativos a las estrategias de negocio que toda empresa debe tomar para que tenga éxito. Se empieza jugando a pequeña escala, es decir, preparando remedios para cuestiones de poca gravedad como cremas para las urticarias o jarabes para la tos pero lo suyo es progresar hacia la curación de enfermedades más graves como el cáncer o las demencias. Estos objetivos mucho más ambiciosos son lógicamente los que prometen mayores dividendos. Para conseguir estos objetivos el juego exige una atención constante a favor de la innovación de lo contrario la compañía se verá empujada fuera del mercado por otras rivales más competitivas.

La innovación en Big Pharma se consigue, al contrario de lo que sucede ahora en el mundo real, enviando exploradores al mundo virtual en busca de especies naturales curativas. Una vez encontrado el ingrediente activo, se importa a la fábrica y se empieza la preparación del fármaco y su optimización.

Descubriendo medicamentos a lo Big Pharma

Auque el fármaco ideal sería el más efectivo y con menores efectos secundarios no es el más rentable. Más investigación y más optimización y procesado aumentan los costes y en último término si hay demanda suficiente es de esperar que el enfermo o consumidor no se detenga ante unas nauseas ocasionales o unas pequeñas molestias de cualquier tipo. El juego penaliza a los jugadores recortando las ganancias de un fármaco si este causa muchos efectos adversos pero ello no implica que el fármaco acabe siendo una ruina. Sin embargo, Big Pharma no castiga por dejar a los pacientes sin un tratamiento efectivo o por perjudicarlos con efectos secundarios. También, este juego enseña a ver cuan fácil es ser perverso cuando las deudas apremian a la empresa y la única salida es un gran descubrimiento.

En último término, a pesar de la obligada inmersión en la parte más oscura de la industria farmacéutica con toda la ambigüedad moral que la rodea, Big Pharma es un juego divertido que pretende llevar al jugador a ser el mejor productor de fármacos. Sería muy positivo poder constatar que si al terminar el juego al jugador le asalta el pensamiento de que en el mundo real estas cosas deberían ser distintas, el juego tendría un efecto moralizador añadido. En cualquier caso, no se puede descartar que lo tenga.

Uno de los que está jugando a ser director de "big pharma" en el mundo y en el tiempo reales pero de forma menos inofensiva es Martin Shkreli. Este joven ejecutivo de 32 años tiene una trayectoria dudosa como administrador de fondos de inversión de cobertura (hedge funds). Ahora es director de una pequeña industria farmacéutica, Turing Pharmaceutics. La notoriedad que ha adquirido este personaje como hombre más odiado en USA se debe a las redes sociales tras el anuncio de que Turing va a aumentar el precio de uno de sus dos únicos fármacos, recientemente adquirido, de un $13.5 a $750 (5.000 %) por cada dosis. El fármaco es Darapim que es el mejor remedio contra la toxoplasmosis. Los pacientes que lo utilizan son los que tienen el sistema inmunitario deprimido como es el caso de los afectados de SIDA. El revuelo organizado parece que va a frenar esta decisión tan socialmente ofensiva.

Gregorio Valencia Parera
Gregorio Valencia Parera

Es doctor en ciencias químicas y ha sido investigador científico del CSIC en el Instituto de Química Avanzada de Cataluña (CSIC). Ha trabajado en química de péptidos y en el descubrimiento de fármacos para el dolor y enfermedades amiloides. Ahora está jubilado. Es socio de l'ACCC desde su creación.

Sobre este blog

La ciencia, como cualquier actividad humana, no está libre de tensiones que se producen entre el científico y su propia obra, entre los mismos científicos y entre los científicos y la sociedad destinataria de esta obra. Analizar estas tensiones ayuda a entender el esfuerzo y el alcance de los descubrimientos científicos. Por su impacto social, la ciencia biomédica es proclive a ellas.

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