Leishmaniasis, enfermedad de los pobres, enfermedad olvidada

29/10/2010 0 comentarios
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En el periódico El Mundo de 28 de octubre, una noticia hacía referencia a una epidemia de leishmaniasis en Afganistán, a la que denominaba “la epidemia de los pobres”. Se trata de una infección producida por un parásito protozoo transmitido por la hembra de la mosca de la arena. En su forma más habitual provoca lesiones en la piel que se ulceran. Su forma clínica más grave es la visceral, conocida como kala azar (fiebre negra en hindi) que sin tratamiento, puede llevar a la muerte. La infección provoca anemia, adelgazamiento, fiebre prolongada y un debilitamiento del sistema inmunitario que facilita el que se contraigan otras infecciones (el SIDA, por ejemplo). El perro puede actuar como reservorio del parásito y padecer la conocida y grave leishmaniasis visceral canina.

La OMS estima que se producen quinientos mil casos nuevos cada año y que en este momento hay unos doce millones de personas enfermas. Afecta a 88 países en todo el mundo, 72 de ellos se encuentran en vías de desarrollo y 13 están entre los más pobres del mundo. Por tanto, una enfermedad de los pobres y también, una enfermedad olvidada, ya que no es rentable invertir en la investigación de fármacos que puedan prevenirla o tratarla, pues quienes la padecen son pobres y quedan fuera de los intereses del mercado mayoritario, como ha señalado Bernard Pecoal, director de Iniciativa de Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (DNDi). La leishmaniasis comparte esa  dolorosa denominación con otras graves infecciones como el paludismo, la enfermedad de Chagas o la Trypanosomiasis.

Los tratamientos de que se dispone actualmente presentan problemas diversos: efectos secundarios importantes, necesidad de un tratamiento prolongado y precio poco asequible para los afectados, agravado por la falta de fondos de la OMS para financiarlos.

Actualmente se encuentran en fase de experimentación diversas vacunas. Algunas de ellas se preparan con el parásito manipulado genéticamente para que disminuya su virulencia sin perder su capacidad de activar las defensas del organismo. Mientras tanto, el dormir bajo mosquiteras impregnadas de insecticida parece constituir la mejor opción de evitar la picadura de la mosca de la arena, al igual que lo está siendo para prevenir la del mosquito transmisor del paludismo.