Tuberculosis: una enfermedad maldita

18/07/2008 0 comentarios
Menear
   La aparición de varios casos de tuberculosis en una guardería de Valencia y cómo se ha reflejado esta noticia en los medios de comunicación pone de manifiesto una vez más el temor de nuestra sociedad ante una infección que arrastra una aureola de maldita. No siempre ha sido así y es un buen ejemplo de enfermedad cuya imagen social cambia en función de factores culturales y no solo médicos.
   El hombre la ha padecido desde el Neolítico, pero es durante la Revolución Industrial cuando alcanza cifras muy elevadas. Las condiciones de vida en las fábricas y en las viviendas construidas para los obreros que en ellas trabajaban se caracterizaban por el hacinamiento y la falta de luz solar, lo que unido a la mala alimentación fomentaba la aparición de la tuberculosis. Sin embargo, el Romanticismo acuñó como ideal de belleza el de una persona joven, delgada, de piel blanca y ademanes lánguidos, lo que encajaba con el aspecto que presentaba el enfermo tuberculoso, que predominantemente era joven, delgado por la consunción que le ocasionaba la infección crónica y pálido por la anemia, la cual a su vez, aumentaba poco a poco su cansancio. Cuando en las décadas siguientes la estadística demostró que el tuberculoso era sobre todo alguien de bajo nivel económico, malnutrido y que vivía en unas condiciones higiénicas deficientes y cuando, además, la nueva microbiología comprobó que la tuberculosis pulmonar se transmite por las gotas de saliva que el enfermo expulsa al hablar o toser, la imagen social de la enfermedad cambió. El tuberculoso se convirtió en un marginado social, en el nuevo apestado al que había que apartar, aislar, rechazar. Los antibióticos la hicieron casi siempre curable, pero el temor casi irracional ante la enfermedad se consolidó y permanece en nuestros días.
   La noticia que comento ha saltado de los medios de comunicación locales a los nacionales. El hecho de que los afectados fueran niños de 2 y 3 años (contagiados por una trabajadora del centro), ha aumentado la preocupación de la población y ha obligado a las autoridades a dar mensajes tranquilizadores asegurando que se han adoptado las medidas sanitarias oportunas. Y todo ello en una sociedad médicamente avanzada en la que los métodos de vigilancia permiten diagnosticar y tratar con rapidez una enfermedad que, no lo olvidemos, produce cada año un millón de muertes en todo el mundo, casi cinco mil diarias. España tiene anualmente unos doce mil casos nuevos y es, junto a Portugal, el país más afectado por tuberculosis de la Unión Europea. Doce países de África se encuentran entre los veintidós que concentran el ochenta por ciento de casos nuevos y en ellos, la elevada incidencia de SIDA, infección a la que se asocia con frecuencia, empeora la situación. Entre tanta cifra alarmante, una buena noticia: la enfermedad se ha estabilizado por primera vez desde que la OMS la declarara "emergencia de salud pública" en 1993.