Noviembre 10, 2011. Ginebra, Suiza.

Una de las noticias más tristes que he escuchado en mi vida consistía en un boletín de prensa de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza que anunciaba que el rinoceronte negro de África Occidental, subespecie cuya distribución había quedado reducida en los últimos años a una pequeña área de Camerún, era oficialmente declarado extinto. En abril de 2013, después de infructuosos esfuerzos por localizar a los que se presumían eran los últimos ejemplares de este magnífico animal, seconfirmó la amarga noticia de su suerte.El último ejemplar de esta población que sobrevivió precariamente al borde de la extinción durante tanto tiempo finalmente desapareció de la faz de la Tierra.

La extinción del rinoceronte negro de Camerún no fue un resultado fortuito de causasEsta foto de esperanza, de un rinoceronte blanco y su cría, la tomé hace años en algún lugar de Africa. Amenazados con la extinción, han logrado sobrevivir gracias al esfuerzo de un dedicado grupo de conservacionistas que arriesgan su vida, sin importarles, para salvar la especie. ¡Heroes anónimos! naturales, sino producto de la cacería ilegal por grupos de delincuentes internacionales bien organizados, quienes le dieron caza para vender los cuernos en el mercado negro del sureste de Asia, probablemente en China.

¡Qué rabia! ¡Qué impotencia! ¿Qué nos espera ante nuestra indiferencia de proteger tantas especies en peligro de extinción?

Puedo imaginarme con gran congoja cómo los últimos dos rinocerontes, tal vez una hembra y su cría, deambularon por semanas, tal vez meses, sin encontrar a
otro individuo de su especie. Solos en la sabana día y noche. África y su inmensidad
seguramente fueron aún más inmensas para esos individuos perdidos en un
solitario universo. Con el tiempo aprendieron a esquivar a los humanos, que con
tanta saña los persiguieron. Alertas a cualquier olor o ruido extraño lograron
evadir por mucho tiempo una sentencia de muerte dictada a miles de kilómetros
de allí, tal vez en alguna oficina de Shanghái o Beijing, donde se determinó
el precio de sus cuernos.

Una cadena de intermediarios, que incluye a diplomáticos,miembros de la policía y el ejército, hombres de negocios y traficantes, habría de transportar los cuernos a su destino final donde su precio alcanzó, probablemente, decenas de miles de dólares pagados por compradores sin escrúpulos. Un día la sabana se cimbró, finalmente, con el estruendo de una ráfaga de rifle AK47. La hembra se desplomó en medio del polvo, tal vez sin siquiera darse cuenta. La cría enloquecida corrió siguiendo su instinto de sobrevivencia, sólo para ser derribada por otra ráfaga de fuego casi inmediatamente después. Los mercenarios rompieron en risas el silencio en el que se habían mantenido durante el acecho. Felices corrieron a despojar del cuerno a la hembra. La cría, aún pequeña, ni cuerno tenía. Rápidamente, como habían aparecido, los mercenarios desaparecieron, dejando atrás los cadáveres de los últimos rinocerontes de ese rincón del planeta pudriéndose al sol. Nunca más nadie podrá ver a esta especie. La Tierra es ahora un sitio más triste y desolado.

Un rinoceronte asiático y su cría en el Parque Nacional Chitwan, Nepal. Casi extinto en el 1970, ahora hay cerca de 2500 en India y Nepal

 

 Texto disponible en: Ceballos, G. 2013. Los Mamíferos del Mundo: regiones biogeográficas. Telmex, México.
Gerardo Ceballos
Gerardo Ceballos
Sobre este blog

Se presentarán el panorama ambiental a nivel global y los principales retos en materia de: cambio climático, pérdida de especies, sobrepoblación humana, entre otros que conciernen a toda la humanidad.

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