Víctor Dos Santos

El pensamiento crítico es importante para la existencia de consenso social y genera un tipo de pensamiento mentalmente abierto. Según un reciente artículo de Miura et. al (2020), aquellos sujetos que son capaces de adoptar la perspectiva de otros muestran una activación mayor de la red parieto-frontal derecha. Esta zona parece estar implicada en la inhibición de la perspectiva acerca de uno mismo, en el manejo cognitivo de las emociones y en la revisión de creencias, tal y como demuestra el estudio mencionado mediante el uso de resonancia magnética funcional (fMRI). Existiría, pues, evidencia neuronal de los efectos cerebrales de la práctica del pensamiento crítico, práctica que apoyaría un tipo de pensamiento de mente abierta.

He tenido la suerte de impartir clases a Víctor Dos Santos y me gustaría que, en esta entrada del blog, los lectores pudieran apreciar la sabiduría que aporta el pensamiento crítico a través del testimonio del joven Víctor acerca del encuentro cultural entre dos países como España y Brasil.

Me llamo Víctor Matheus Dos Santos Dos Santos y soy español. Os habréis dado cuenta de que ni mi segundo nombre, ni mis dos apellidos, son muy comunes ¿no? Bien, esto es porque mi madre es brasileña y vino a España con 19 años para buscar un futuro mejor, como hacen la gran mayoría de personas cuando emigran a otro país.

Me he dado cuenta de que a veces me siento fuera de lugar, por muchas razones, pero sobre todo es por mi manera de ver el mundo, el hecho de estar siempre en algún lugar del Atlántico entre España y Brasil.

Empecemos por partes. No me siento brasileño, ya que Brasil no es la tierra ni donde nací, ni donde me críe, y nunca la he visto con mis propios ojos, nunca la he pisado. Sé hablar el idioma (no tan bien como me gustaría, pero me defiendo), incluso hay palabras como gaveta (cajón) o expresiones típicas como Não adianta chora pelo leite derramado (su equivalente seria: aguas pasadas no mueven molinos) que me salen antes en portugués que, en español, pero si me pongo a hablar con alguien de Brasil, siempre dirán que tengo un acento gringo. Por todo eso no puedo decir que Brasil sea mi tierra.

A España en cambio sí la considero mi hogar, mi país, ya que en ella sí que he nacido, me he criado, he crecido y he aprendido, pero a veces, como ya he dicho, me siento fuera de lugar. En primer lugar, el hecho de haber tenido una madre que ha sido criada en el extranjero, la cual me ha educado en casa muchas veces con un toque brasileño (no tan severo como la mayoría de los países sudamericanos, pero sí de forma estricta), ha hecho que mi forma de ver las cosas sea diferente. Por ejemplo (y si bien sé que esto no ocurre solo con las familias brasileñas, también hay familias españolas en las que pasa), jamás en la vida, independientemente de que tenga 10, 16 o 30 años, jamás, se me ocurriría alzar la voz a mi madre. Esto se debe a que en muchas familias brasileñas el respeto a los mayores es sumamente importante, casi sagrado, independientemente de que la persona mayor esté en lo correcto o no. Por eso no veo con buenos ojos a los [email protected] que dicen a sus padres o madres cosas del estilo ¡Joder mamá!, ¡Que [email protected] eres!, que a veces se ve mucho en España.

Otra cosa que choca mucho son las cosas banales de la vida cotidiana, por ejemplo, entre otras muchas cosas, casi no estoy ligado a la comida española, no diría que es mi comida favorita, y muchas veces mis compañeros o amigos se sorprenden al ver que no tengo casi idea de platos típicos españoles más allá de los clásicos (paella, croquetas, tortilla...) o algunos platos canarios (escaldón, gofio, papas arrugadas...), ya que es la región donde nací y donde paso habitualmente los veranos. En lo que a comida respecta, me pasa todo lo contrario con la cultura brasileña. Amo locamente la comida de Brasil.

En síntesis, si bien considero a España mi país, en lo que respecta a gustos, personalidad o manera de ver las cosas, muchas veces me siento extranjero.

También me gustaría destacar que la gran mayoría de las veces no me siento ni más de un país, ni más del otro, simplemente me encuentro en medio del Atlántico, en ningún sitio, siendo simplemente un habitante del mundo. Esto me ocurre, por ejemplo, con la música. Escucho canciones en todo tipo de idiomas (generalmente pop), se puede encontrar en mi playlist canciones en inglés, en español, en portugués, en italiano, en árabe, en turco, en ruso, en ucraniano, y en un sin fin de lenguas extrañas, lo cual realza mi teoría de que soy un simple habitante no de un país, sino del mundo entero (cosa que en mi opinión tiene su encanto).

Además, también me gustaría comentar lo raro que a veces es que ninguno de los dos países que tengo como referencia no me consideren parte de ellos. Me explico: Como he dicho antes, si ahora mismo me encuentro por la calle con un grupo de brasileños, me mimarán y pensaran ¡Un paisano!, pero si me escuchan hablar ya sabrán que no soy nacido en Brasil. En cambio, en España, si me escuchan hablar sabrán que soy español, pero al verme lo primero que los españoles suelen preguntarse es ¿de dónde será? Quiero recalcar que esto no me molesta, entiendo perfectamente el por qué las personas piensan de esa manera, y no tengo problema con ello, pero sí es una sensación rara, y que al hablarlo con otras personas que son descendientes de otras nacionalidades o mestizos como yo, también se han sentido igual.

El hecho de a veces sentirme de una cultura, a veces de otra, y otras veces de ninguna, no me entristece lo más mínimo. Para mí, el ser medio español, medio brasileño y a veces de todos lados, me encanta, porque es como tener mi propia cultura cogiendo lo que más me gusta de las que ha habido en mi entorno. Y es que, al fin y al cabo, ninguna cultura es homogénea; todas son diversas. España es un solo país, pero en Canarias tienen sus tradiciones como celebrar el día San Juan en la playa para a la medianoche meterse en el agua y pedir un deseo, y en Andalucía, Madrid, o Galicia, tienen otras. En Brasil, se pueden encontrar tradiciones de mil partes, como la guaraní de los pueblos que allí vivían antes de la llegada de los portugueses, las distintas tradiciones aportadas por los esclavos africanos que eran llevados allí. La Capoeira es un buen ejemplo, así como la Macumba-que es una especie de vudú-, y otras llevadas por los portugueses, como el idioma.

Como ya he dicho, soy hijo de una inmigrante, mi madre, la cual llegó a España y trabajó duro para poder ganar esa vida que tanto deseaba, tanto para ella como para mí, y a día de hoy sigue trabajando. He escuchado muchos comentarios contra personas de otros países, diciendo que vienen aquí a quitar trabajos. A ese primer grupo de personas les digo: ¿Quién creéis que hace los trabajos sucios? ¿Aquellos que la mayoría de los españoles no se dignan hacer? Los inmigrantes.

También he oído decir que muchos vienen por las ayudas, pero es injusto meter a todo el mundo en el mismo saco. Casi todos los inmigrantes de mi entorno han llegado a Europa y se han puesto las pilas, han trabajado (¡mi madre se compró una casa poco antes de yo nacer!), y nunca han recibido una ayuda del gobierno.

Me toca la moral, es el tema de los refugiados, y bueno, en general el rechazo a extranjeros, ya que si esas personas se van de sus hogares no es porque digan: "vamos a molestar a gente de otros países", es porque la situación en su país de origen está mal, terriblemente mal. Y lo que más me molesta es que casi todos los países han tenido algún momento en el que han tenido que ser emigrantes e irse, y luego simplemente se olvidan de lo ocurrido, razón por la que me enfadan mucho tanto los pensamientos xenófobos en EE. UU. (el cual es un país construido por inmigrantes, ya que los llamados norteamericanos son de origen inglés) y en España (ya que tras la guerra civil muchos españoles tuvieron que huir a Francia, Alemania o Sudamérica), o el maltrato de Israel hacia los palestinos, ya que, siendo un país formado por personas que han sufrido el odio y la opresión en una de las facetas más duras (el Holocausto), no me explico cómo algunos israelíes pueden sentir tanto odio hacia los palestinos.

Por todo ello, me enorgullezco de quien soy, de las raíces que tengo, de ser español, de tener ascendencia brasileña, de ser hijo de una inmigrante trabajadora que tendré como inspiración toda la vida, y de ser un habitante del mundo en general, y me alegra tener una mezcla de culturas tan diversas en mi vida, no solo mis propias culturas, sino también las de otras personas de mi entorno y que entienden muchas veces cómo me siento (ejemplo de ello es mi amiga Gema Mba, que es española pero su familia es de Guinea Ecuatorial).

Considero que todo esto me ha dado una mentalidad muy abierta, y digo muy, ya que, si bien podríamos pensar que hoy en día sería habitual ese tipo de mentalidad, la realidad es que no es así. Explorar cosas nuevas es algo genial, te abre la mente, y animo a todo el mundo a hacerlo, a conocer nuevas culturas y enriquecerse culturalmente, ya que creo que un mundo con una mente abierta y tolerante es un mundo mejor.

 

Gema Mba y Víctor Dos Santos

Referencia

Miura, N., Sugiura, M., Nozawa, T., Yamamoto, Y., Sasaki, Y., Hamamoto,Y., Yamazaki, S., Hirano, K., Takahashi, M. & R. Kawashima (2020).Taking another's perspective promotes right parieto-frontal activity that reflects open-minded thought, Social Neuroscience, 15:3, 282-295, DOI:10.1080/17470919.2019.1710249

Carlos Pelta
Carlos Pelta

Doctor en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, actualmente es investigador asociado al Departamento de Psicología Experimental, Procesos Cognitivos y Logopedia de dicha Universidad. Interesado en las aplicaciones de la Inteligencia Artificial a los campos de la Psicología y de la Neurociencia y en el desarrollo de algoritmos computacionales para el estudio de los sistemas complejos. Esta es su página en Researchgate.

Sobre este blog

Este blog pretende dar a conocer aquellas investigaciones que se están realizando en torno a la interacción entre los procesos cognitivos del cerebro humano y la ciencia computacional.

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