La violencia física suele ejercerse de forma continuada y desencadenar múltiples lesiones. Fuente de la imagen: pixabay.

El pasado martes 8 de marzo de 2022 fue el día Internacional de la Mujer y me ha parecido relevante recordar uno de los problemas que afecta en su mayoría a las personas de género femenino: la violencia de género (vdg). Se trata de un tema que no conozco en profundidad a nivel social o jurídico pero del que sí dispongo de cierta experiencia personal directa así como de una perspectiva desde el ámbito neurocientífico que lo convierte para mí en un tema de especial interés. Pido disculpas si, en algún caso, cometo imprecisiones en el uso de cierta terminología. No es mi intención herir la sensibilidad de nadie ni añadir combustible a eso que se ha venido denominando "guerra de sexos". Todos somos personas, cierto. Pero existen diferencias biológicas entre ambos sexos que deben tenerse en cuenta, especialmente en lo que atañe a la investigación médica y, en este caso concretamente, neurológica.

Aunque muy probablemente existe un sesgo de género en la presentación de denuncias, una rápida consulta al portal estadístico de la delegación del gobierno contra la vdg me ha permitido un cálculo rápido basado en el porcentaje de denuncias presentadas en 2018 en nuestro país: el 99.88% era de hombres denunciados por mujeres. Esta cifra, si bien obsoleta, me parece bastante significativa, a pesar de que también existan hombres afectados por la vdg. Según un informe publicado en el período 2010-12 por el centro de control y prevención de la enfermedad (CDC de sus siglas en inglés)1, en los EEUU se estima que una de cada cuatro mujeres (25%) y uno de cada nueve varones (11%) ha sufrido algún tipo de violencia física, sexual y/o psicológica por parte sus parejas o exparejas a lo largo de su vida. De entre las víctimas mujeres, el 73.4% denunciaron un perjuicio relacionado con la vdg, ya sea en forma de lesiones o preocupación por la seguridad personal, entre otros, comparado con el 35.7% de los varones.

Este dato sugiere que las consecuencias de la vdg en las mujeres revisten, en general, mayor gravedad. Y es especialmente alarmante si consideramos que el 94% de las lesiones que presentan las mujeres que han sufrido malos tratos se sitúan en la cabeza: patadas, empujones contra la pared, pisotones con botas del trabajo, etc. Y esto porque el agresor confía en que resulten menos visibles al poder ser ocultadas, o al menos disimuladas, gracias a un cabello debidamente recogido. El maquillaje también puede servir a semejante propósito. Lo que a mí, como investigadora en neurociencia, me interesa destacar, es que los golpes repetidos en la cabeza pueden generar lesiones en el cerebro, conocidas como traumatismo craneoencefálico (TCE), que no distan mucho de las que puedan sufrir los jugadores de fútbol americano e incluso se estima que la prevalencia en este colectivo de mujeres es muy superior2.

Sin embargo, es difícil proporcionar cifras exactas porque, a diferencia de estos jugadores o de las personas que experimentan una caída o accidente de tráfico, las mujeres víctimas de vdg no suelen informar de la existencia, y menos aún de la causa, de dichas lesiones por miedo a que pueda exacerbar la agresividad de su pareja. Y otro factor muy importante a tener en cuenta es que, debido al daño cerebral, se producen una serie de alteraciones cognitivas que dificultan que las víctimas sean capaces de tomar la decisión de denunciar y salir de la situación en la que se encuentran. Estas mujeres a menudo dicen vivir en un ambiente de terror, aislamiento y confusión. Además, los síntomas de TCE solapan con los de otras enfermedades relacionadas con la vdg, como el síndrome de estrés postraumático, lo cual dificulta todavía más su diagnóstico.

A pesar de esta complejidad son loables los esfuerzos que se están haciendo para concienciar al sistema sanitario de la necesidad de administrar cuestionarios para detectar un posible TCE en mujeres víctimas de vdg y poder referirlas a un programa de neurorehabilitación adecuado. A fecha de hoy existen pocos estudios de neuroimagen y en su mayoría son de naturaleza exploratoria, pero se están empezando a conocer cuáles podrían ser las similitudes en los patrones de alteración de la estructura y función cerebral presente en este colectivo de mujeres con TCE por vdg y otras poblaciones de pacientes con TCE. Por ejemplo, la Dra. Eve Valera de la Universidad de Harvard publicó un estudio en 20173 donde detectó que la conectividad funcional en estado de reposo de la ínsula derecha y la corteza cingulada posterior estaba correlacionada con la severidad de la lesión. Es decir, a mayor gravedad había menos interacción entre la red de saliencia y la red neuronal por defecto, algo que se ha visto en otras poblaciones de TCE y que está relacionado con un déficit a la hora de dirigir la atención a estímulos externos. Otro resultado revelador es que esta conectividad estaba relacionada con la puntuación en cuestionarios que medían aprendizaje verbal y memoria. En un segundo estudio dirigido también por la Dra. Valera y publicado en 20194, encontraron una asociación entre el nivel de conectividad estructural y la severidad de la lesión en la corona radiada, que comunica la cápsula interna con la corteza cerebral. No obstante, estos resultados deben interpretarse con cautela ya que están limitados por una muestra baja (N=20), la falta de un grupo control y un análisis basado en regiones de interés.

Algunas de estas limitaciones han sido subsanadas por un estudio más reciente publicado por la Universidad de Granada como parte del proyecto "Believe", en colaboración con el laboratorio de la Dra. Eve Valera5. En esta caso, escanearon un grupo de mujeres víctimas de vdg (N=27) y un grupo control (N=28) y encontraron diferencias morfológicas, sobre todo a nivel de volumen de sustancia gris, usando un análisis que cubría todo el cerebro y no únicamente regiones de interés. Por otra parte, también analizaron cómo se relacionaban estas áreas con la puntuación de cuestionarios que medían la severidad de la lesión, la presencia de experiencias adversas en la infancia, depresión o ansiedad. Si consideramos el patrón de resultados de la comparación de grupo en cuanto a diferencia de volumen, a grandes rasgos se ve un incremento de volumen en zonas temporales y una disminución en las zonas frontales. Personalmente, me ha llamado la atención sobre todo los resultados de las alteraciones en la superficie cerebral que se sitúan en áreas de la red de lenguaje. Este patrón es llamativo porque recuerda al que se ha publicado en víctimas que sufren de abuso verbal en la infancia. En este estudio, por ejemplo, el aumento de volumen en la corteza temporal auditiva estaba correlacionado significativamente con la puntuación en el cuestionario de experiencias adversas en la infancia. Junto a este, detectan asimismo un patrón de incremento de volumen en zonas temporo-occipitales, cuya red muestra anomalías en síntomas de estrés postraumático, como la hipervigilancia o memorias intrusivas relacionadas con el trauma.

A partir de estos estudios se puede concluir que el TCE en mujeres víctimas de vdg es un caso paradigmático y especialmente complejo porque el cerebro tiene que enfrentarse no solo a un trauma inducido por una lesión física sino que además lo hace en el contexto de alteraciones originadas por la existencia de abusos tempranos, de mayor incidencia en esta población de mujeres, lo que sumado al hecho de que el cráneo y los axones de las mujeres suelen ser más frágiles que los de los varones, las convierte en especialmente vulnerables. Al tiempo de escribir esta entrada en el blog no puedo evitar preguntarme cómo respondería el cerebro de las mujeres con TCE víctimas de vdg a un programa de neurorehabilitación con música, como el que hemos aplicado en la Universidad de Helsinki con pacientes de TCE6. A partir de este trabajo y de los estudios reseñados, muy posiblemente una intervención basada en música podría mejorar los problemas cognitivos y emocionales en este colectivo de mujeres. Sin duda una tarea pendiente de investigación futura.

Referencias:

https://www.cdc.gov/violenceprevention/pdf/nisvs-statereportbook.pdf

Valera EM, Joseph AC, Snedaker K, Breiding MJ, Robertson CL, Colantonio A, Levin H, Pugh MJ, Yurgelun-Todd D, Mannix R, Bazarian JJ, Turtzo LC, Turkstra LS, Begg L, Cummings DM, Bellgowan PSF. Understanding Traumatic Brain Injury in Females: A State-of-the-Art Summary and Future Directions. J Head Trauma Rehabil. 2021 Jan 1;36(1):E1-E17.

Valera E, Kucyi A. Brain injury in women experiencing intimate partner-violence: neural mechanistic evidence of an "invisible" trauma. Brain Imaging Behav. 2017 Dec;11(6):1664-1677.

Valera EM, Cao A, Pasternak O, Shenton ME, Kubicki M, Makris N, Adra N. White Matter Correlates of Mild Traumatic Brain Injuries in Women Subjected to Intimate-Partner Violence: A Preliminary Study. J Neurotrauma. 2019 Mar 1;36(5):661-668.

Daugherty JC, Verdejo-Román J, Pérez-García M, Hidalgo-Ruzzante N. Structural Brain Alterations in Female Survivors of Intimate Partner Violence. Journal of Interpersonal Violence (2020).

Siponkoski ST, Martínez-Molina N, Kuusela L, Laitinen S, Holma M, Ahlfors M, Jordan-Kilkki P, Ala-Kauhaluoma K, Melkas S, Pekkola J, Rodriguez-Fornells A, Laine M, Ylinen A, Rantanen P, Koskinen S, Lipsanen J, Särkämö T. Music Therapy Enhances Executive Functions and Prefrontal Structural Neuroplasticity after Traumatic Brain Injury: Evidence from a Randomized Controlled Trial. J Neurotrauma. 2020 Feb 15;37(4):618-634.

Noelia Martínez Molina
Noelia Martínez Molina

Actualmente soy investigadora posdoctoral en la universidad Pompeu Fabra de Barcelona y mantengo una colaboración con la facultad de medicina de la universidad de Helsinki. Me interesa cómo funciona el cerebro en relación con la música y el lenguaje así como la capacidad de la música para utilizarse en neurorrehabilitación. Trabajo con pacientes que tienen afasia y participan en un coro comunitario como intervención para recuperar el habla. El objetivo de mi proyecto es determinar los mecanismos neurales subyacentes a la eficacia de esta intervención y al procesamiento de la música, el habla y el canto. 

twitter: @NoeliaMrtnez

Sobre este blog

En este blog mi intención es compartir con los lectores una visión crítica de estudios recientes en neurociencia cognitiva de la música, lenguaje y neurorrehabilitación.  

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