Cuando ando falta de inspiración, como por ejemplo ahora que estoy frente al teclado, suelo recurrir a la música. Si hay una composición que me parece particularmente bella y siempre me conmueve es, sin duda, el tema principal de "La lista de Schindler" interpretado por el virtuoso Itzhak Perlman. Lo busco en Youtube y le doy al play: ese ataque desgarrador del violín, gimiendo en solitario al frente de la orquesta, me hace estremecerme. Acabo de tener un escalofrío musical (chill, en la terminología inglesa). En neurociencia cognitiva de la música, los chills son un excelente indicador fisiológico de que una persona está experimentando placer. Y no hace falta ser precisamente un melómano para sentir estos chills. A la mayoría nos sucede cuando escuchamos la música que más nos gusta.

De hecho, la música es un fenómeno ubicuo, presente en todas las culturas del planeta. Además está demostrado que el ser humano siente la llamada de la música desde una edad muy temprana. Lo explicaré con un ejemplo. Se ha visto que bebés con tan sólo seis meses de edad prefieren escuchar lo que se conoce como "canto dirigido a los niños" frente al "habla dirigida a los niños", lo que estaría indicando que esta preferencia temprana por la comunicación a través del canto podría reflejar una capacidad musical innata [1]. Sin embargo, la respuesta hedónica a la música no es tan universal como podría pensarse. En el ámbito clínico, ya se conocían algunos casos anecdóticos en que pacientes con un marcado hedonismo musical quedaban privados de este placer a consecuencia de una lesión cerebral focalizada, pero hasta hace relativamente poco tiempo se desconocía si semejante anhedonia musical podría encontrarse en la población sana.

Para responder a esta pregunta, un estudio del grupo de investigación Cognition and Brain Plasticity Unit (Universidad de Barcelona e Idibell) en colaboración con la Universidad de McGill (Montreal) demostró la existencia de una disociación entre el placer inducido por la música y aquél derivado de ganancias monetarias en una muestra de individuos sanos, sentando así el fundamento empírico para el fenómeno de la anhedonia musical específica [2]. En concreto, demostraron que, cuando escuchaban música, la respuesta electrodérmica (es decir, la sudoración de los dedos) y el ritmo cardíaco de los individuos con anhedonia musical no se veían afectadas, a diferencia de lo que ocurría cuando ganaban dinero en una tarea de apuestas monetarias. Por lo tanto, había una respuesta fisiológica de estos individuos que corroboraba de forma objetiva su juicio personal de baja sensibilidad a la música, a pesar de que estos sujetos podían reconocer con normalidad las emociones transmitidas por la música y no tenían problemas de amusia (dificultades para procesar la música) o anhedonia general (incapacidad de sentir placer).

La anhedonia musical específica puede caracterizarse, además, a nivel de metabolismo cerebral, como hemos demostrado en un estudio reciente con técnicas de neuroimagen [3]. Para examinar la neurobiología de la anhedonia musical, seleccionamos tres grupos de individuos (de 15 participantes cada uno) de sensibilidad musical baja (anhedónicos), promedio o alta en base a sus puntuaciones a un cuestionario que mide distintos aspectos de placer musical [4]. Con cada individuo realizamos una sesión en el laboratorio en la que registramos su respuesta electrodérmica mientras escuchaban un extracto de música de un minuto y evaluamos la posible presencia de amusia o anhedonia general. Además, después de cada melodía, tenían que indicar cuánto les había gustado, cuál era su familiaridad con ese extracto musical, la valencia y activación fisiológica así como el número de chills que habían experimentado. Para esta sesión pedimos a los voluntarios que trajeran sus dos temas favoritos, algo especialmente difícil en el caso de los anhedónicos. Por ello, la selección de música para esta primera sesión también incluyó 30 piezas del género clásico obtenidas a partir de una lista de canciones que inducían chills y recomendaciones basadas en un algoritmo de Spotify. Previamente, reclutamos a un grupo de 65 estudiantes universitarios de quienes obtuvimos puntuaciones de placer y familiaridad a partir de las cuales seleccionar estas 30 piezas de música.

Como habíamos esperado, los resultados de esta sesión replicaron los del estudio anterior. En la segunda sesión, estos mismos participantes realizaron un experimento de resonancia magnética funcional. En esta ocasión, para comprobar que la red de recompensa de los participantes con anhedonia musical se comportaba de forma similar a la de los otros dos grupos, les presentamos una tarea de música y otra de apuestas monetarias. En la tarea de música los participantes debían indicar su grado de placer del 1 al 4 mientras escuchaban 16 melodías (la mitad de ellas fijas y la otra basada en las puntuaciones de placer de cada individuo en la primera sesión). Por otra parte, en la tarea de apuestas monetarias los voluntarios debían apostar a uno de dos números que aparecían en pantalla (5 o 25) y en la siguiente pantalla se les comunicaba si habían ganado o perdido dicha cantidad.

En primer lugar, encontramos que los participantes con baja sensibilidad musical presentaban una disminución en la actividad BOLD (del inglés Blood-Oxygen-Level dependent) del núcleo accumbens (NAcc, una estructura clave de la red de recompensa situada en el estriado ventral) en respuesta al grado de placer experimentado cuando escuchaban música. En cambio, cuando analizamos los resultados de la tarea de apuestas, encontramos una actividad del NAcc similar a la del resto de participantes. En segundo lugar, la conectividad funcional entre el NAcc y las áreas de la corteza auditiva encargadas del procesamiento de la música era menor en los participantes con anhedonia musical. Estos resultados demuestran que, en los individuos con baja sensibilidad a la música, no sólo la actividad del NAcc es menor respecto a otros reforzadores (como el dinero) sino que además el flujo de información entre las redes corticales auditivas y las del sistema de recompensa disminuye. 

Correlatos neurales de la anhedonia musical específica. Los sujetos con anhedonia musical presentan menos actividad en el NAcc (arriba) y una menor interacción entre el NAcc y la corteza auditiva (abajo) cuando escuchan música.

A pesar de que anteriormente la recompensa musical se había asociado con la interacción entre áreas del estriado ventral y otras corticales a nivel temporal (auditivas) y frontal, nuestros resultados demuestran, además, la importancia de estas interacciones en el contexto de la anhedonia musical específica. Obviamente, esto cobra especial relevancia para entender otros casos de anhedonias específicas y nos invita a reinterpretar el concepto de anhedonia como constructo unitario. Según este planteamiento, existirían diferencias individuales en el acceso a estos sistemas de recompensa que, a su vez, dependerían de la modalidad sensorial de cada reforzador. Esto nos permitiría especular, por ejemplo, que la falta de placer por la comida podría deberse a una baja respuesta del NAcc así como de la interacción entre el NAcc y otras áreas especializadas en el procesamiento del sentido del gusto como la insula anterior. Y la imagen opuesta podría encontrarse en el caso de la hiperhedonia a la comida como en el trastorno alimentario compulsivo. Quizás en un futuro no muy lejano nuevos estudios de neuroimagen puedan darnos respuesta a estos interrogantes.


Referencias
1. Nakata, T., and Trehub, S.E. (2004). Infants' responsiveness to maternal speech and singing. Infant Behav. Dev. 27, 455–464.
2. Mas-Herrero, E., Zatorre, R.J., Rodríguez-Fornells, A., and Marco-Pallarés, J. (2014). Dissociation between Musical and Monetary Reward Responses in Specific Musical Anhedonia. Curr. Biol. 24, 1–6.
3. Martínez-Molina, N., Mas-Herrero, E., Rodríguez-Fornells, A., Zatorre, R.J., and Marco-Pallarés, J. (2016). Neural correlates of specific musical anhedonia. Proc. Natl. Acad. Sci., 201611211.
4. Mas-Herrero, E., Marco-Pallarés, J., Lorenzo-Seva, U., Zatorre, R.J., and Rodríguez-Fornells, A. (2013). Individual differences in music reward experiences. Music Percept. 31, 118–138.

 

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Noelia Martínez Molina
Noelia Martínez Molina

Actualmente soy investigadora posdoctoral en la facultad de medicina de la universidad de Helsinki. Me interesa cómo la música puede utilizarse en neurorrehabilitación. Trabajo con pacientes que tienen afasia y participan en un coro comunitario como intervención para recuperar el habla. El objetivo de mi proyecto es determinar los mecanismos neurales subyacentes a la eficacia de esta intervención y al procesamiento de la música, el habla y el canto. En mis ratos libres, me dedico a la divulgación, la música y otros pequeños placeres de la vida.

twitter: @NoeliaMrtnez

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En este blog mi intención es compartir con los lectores una visión crítica de estudios recientes en neurociencia cognitiva de la música y terapia musical.  

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