Mujeres líderes en neurociencia de la música: Entrevista con la Dra. Elvira Brattico

24/01/2018 1 comentario
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La Dra. Elvira Brattico dio una charla este martes en la Unidad de Investigación Cognitiva del Cerebro, de la Universidad de Helsinki, donde trabajo como investigadora postdoctoral. Con motivo de su visita, aprovechamos para realizar la primera de una serie de entrevistas a mujeres líderes en neurociencia de la música que iré publicando periódicamente en El arte de las Musas. Al final de la entrevista podéis encontrar la versión original en inglés.

P: Hola Elvira, en primer lugar muchas gracias por tu tiempo. Parece que la Universidad de Helsinki te trae bastantes recuerdos. ¿Podrías contarme brevemente cuál ha sido tu trayectoria investigadora?

R: Mi carrera empezó a mediados de los noventa con tres títulos, todos obtenidos en Italia con la máxima nota: Diploma en Interpretación de Piano (Conservatorio de Bari, 1993), Máster en Filosofía (incluyendo estudios en Epistemología, Lógica, Psicología y Humanidades; Universidad de Bari, 1996) y un postgrado en Educación Especial (Centro Socio-Pedagógico Toscano, Pistoia, 1998). Durante esos años, tuve la oportunidad de participar en conferencias en Europa y conocer a investigadores como Isabelle Peretz, Mari Tervaniemi y Karl H. Pribram que me inspiraron para realizar estudios en Neurociencia Cognitiva. Para perseguir este sueño, busqué becas individuales para estudios en el extranjero y obtuve una de la Universidad de Palermo y otra del Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia. A mediados de 1998, las becas obtenidas me permitieron empezar mi aventura en la Universidad de Helsinki en Finlandia, con la que mantengo vínculos muy estrechos en el presente. Tras años de estudios (en Neurociencia, Psicología Experimental y Métodos de Investigación del Cerebro) y trabajo (como asesora científica de neurofisiología) en universidades y hospitales en Finlandia, Canadá e Italia, en enero de 2007 finalmente obtuve un doctorado en Psicología en la Universidad de Helsinki (área principal, Neurociencia Cognitiva; área secundaria, Métodos de Investigación del Cerebro). Poco después, en 2007-09, trabajé como investigadora postdoctoral dentro del Proyecto "Afinando tu cerebro para la música" ("BrainTuning", del acrónimo en inglés) de la Comisión Europea de Investigación (ERC, de las siglas en inglés). De 2009 hasta 2013, contribuí a fundar el Centro Finés de Excelencia en Investigación Interdisciplinar de la Música, con patrocinio de la Academia de Finlandia, y dirigí su módulo de Estética. A continuación trabajé para el Departamento de Ingeniería Biomédica y Ciencia Computacional en Aalto, Espoo, Finlandia, y en el Colegio de Helsinki para Estudios Avanzados, en la Universidad de Helsinki, antes de trasladarme a Dinamarca en 2015. Aquí conseguí una posición de profesora en Neurociencia y he contribuido a fundar el centro de excelencia Música en el Cerebro (MIB, de las siglas en inglés) de la Fundación de Investigación Nacional Danesa. Mis principales intereses de investigación comprenden neuroplasticidad, neuroestética y diferencias individuales en audición usando metodologías innovadoras y multimodales.

P: ¿Qué fue lo primero que te hizo interesarte por las emociones inducidas por la música y la neuroestética?

R: Como suele ocurrir, mi interés en la investigación de las emociones musicales tiene su origen en la experiencia personal. La música me emociona profundamente y recuerdo de forma vívida la fuerte experiencia que tuve cuando era una niña de seis años al escuchar el "Rondo alla turca" de W. A. Mozart en la tv. Quedé tan impresionada y fascinada que tomé la decision de aprender a tocarlo en el piano. En mi caso, quizá de forma similar a los aspirantes a músicos, el simple acto de escuchar música no era suficiente; necesitaba recrear esas emociones en mi propio cuerpo y mente. Interpretar música te permite moldear emociones con las que te relacionas, con las que te sientes identificada, y así pasan a ser completamente tuyas. Al mismo tiempo te da cierto poder sobre el oyente. De la misma manera sucede con otras artes escénicas: la recompensa del artista es la respuesta emocional de la audiencia, en una constante comunicación expresiva y mutua interacción. Más tarde, en los años en los que todavía me esforzaba por convertirme en concertista clásica de piano pude experimentar en mí misma este tipo de recompensa estética. En mi segunda vida como investigadora, primero me centré en los fundamentos de la percepción musical, particularmente del tono y después abordé cuestiones relacionadas con las emociones, especialmente en músicos, con la convicción de que la teoría dominante en la historia de la psicología y neurociencia de una aproximación analítica y no emocional de los músicos a la música no podía ser cierta. En este sentido, el estudio de las emociones musicales dentro del marco de la estética podría ser más apropiado para explicar las experiencias de recompensa que los músicos experimentan cuando tocan o escuchan música, y que suelen ser la razón por la que deciden convertirse en músicos antes que nada (como me ocurrió a mí). Estudiar la experiencia estética en su totalidad implica no restringir el estudio a la percepción o la emoción sino extenderla también al disfrute, la recompensa y la evaluación. Bajo este marco neuroestético, es posible identificar si las repetidas respuestas de recompensa a la música pueden tener un impacto en el cerebro del músico. Este conocimiento tiene el potencial también de poder ayudarnos a entender las experiencias estéticas a la música en la población general y, posiblemente, fomentar políticas que apoyen a las artes, la cultura y la música como fuentes de muchos efectos beneficiosos para la felicidad y bienestar humanos (lo que se conoce como eudemonia).

P: En 2015, publicaste junto con tus colegas un artículo en la revista Frontiers of Human Neuroscience titulado: "Regulación emocional adaptativa y maladaptativa a través de la música: un estudio conductual y de neuroimagen en hombres y mujeres". ¿Hay pruebas de que los hombres y las mujeres usen diferentes estrategias de escuchar música para regular sus emociones? ¿Podrías explicarnos un poco lo que implica la disociación en la actividad de la corteza media prefrontal (mPFC, de las siglas en inglés) y si opinas que esto podría ser debido a diferencias de género o más bien a diferencias individuales en general?

R: De hecho, este artículo fue la primera prueba de una diferencia cualitativa en cómo mujeres y hombres usan la música en su vida diaria y cómo este uso puede tener un impacto a largo plazo en su salud mental. La música es una forma de autocuidado emocional. Sin embargo, nos dimos cuenta de que entre las diferentes estrategias de escucha, había una que no ayudaba: Descarga -usar la música para expresar emociones negativas-, ya que correlacionaba con altos niveles de ansiedad y neuroticismo en todos los participantes, pero sobre todo en hombres. Además, los datos de neuroimagen revelaron que aquellos hombres que usaban más la estrategia de descarga mostraban una actividad reducida en la mPFC durante una tarea que implicaba escuchar música con carga emocional. Este resultado recuerda a lo que ocurre durante la rumiación, que se sabe que es una estrategia maladaptativa caracterizada por pensamientos negativos compulsivos y está asociada con depresión. Cabe destacar que la hipoactivadad en mPFC ha sido asociada con depresión incluyendo casos subclínicos y en remisión. En cambio, en las mujeres, que preferían una estrategia de distracción (de pensamientos negativos), la mPFC estaba más activa durante la escucha de música, lo que apoya una interpretación de la distracción como una estrategia saludable para regular nuestro estado de ánimo con la música en la vida diaria.

P: Se ha visto que la música induce la liberación de dopamina en el sistema de recompensa, en concreto el estriado. ¿Crees que las personas podrían volverse adictas a la música?

R: Podríamos llamar adicción a la dependencia que tienen algunos individuos de la música. Recuerdo que cuando era una pianista clásica en activo, no podía imaginarme a mí misma lejos del instrumento, incluso planeaba mis vacaciones de forma que no parara de tocar más que unos pocos días seguidos. Para períodos más largos, incluso alquilaba un piano. Esto es algo común entre los músicos profesionales hasta donde sé. Sin embargo, esta forma de adicción probablemente no está relacionada con la adicción farmacológica a sustancias. Que yo sepa no hay síntomas de abstinencia asociados con la falta de música. Sin embargo, este tema merece ser investigado. Una vez intenté iniciar una investigación relacionada pero me resultó difícil convencer a los músicos de permanecer sin música por el bien del experimento sin que esto les causara demasiadas incomodidades...

P: ¿En qué estás trabajando en este momento?

R: Desde que empecé a trabajar en el centro de Música en el Cerebro (MIB) en Aarhus (Dinamarca), he estado involucrada en varios estudios de neurociencia mientras trabajaba a la vez en una gran base de datos que recabé en Helsinki con mi equipo de allí. En esos estudios, nos preguntábamos acerca de los mecanismos neurales responsables de la audición en general y de la música en particular. Además, estudio cómo los sonidos, como el ruido y la música, pueden afectar al bienestar en nuestra esperanza de vida y cómo este efecto varía entre individuos en función de la biografía o la biología. Por ejemplo, en un estudio de neuroimagen estoy mirando cómo los genes que determinan los niveles basales de factores neurotróficos modulan la forma en que nuestro cerebro cambia con el entrenamiento musical. En otro estudio, estoy trabajando en determinar los factores objetivos (acústicos) y subjetivos (relacionados con la persona) que predicen los juicios de belleza de la música y sus correlatos neurales. También podría mencionar una serie de estudios centrados en la identificación de los mecanismos cerebrales de la sensibilidad al ruido, principalmente la aversión individual a sonidos no deseados. Por últimos, los esfuerzos más recientes de mi equipo tienen como finalidad determinar los efectos del entrenamiento musical en niños con una conducta impulsiva.

P: ¿Cuáles son las implicaciones clínicas de tu investigación?

R: Muchas porque la música a través de su capacidad de inducir emociones estéticas constituye un instrumento reconocido en medicina complementaria y alternativa. Se están publicando varias revisiones, por ejemplo, los efectos de la regulación del estado de ánimo en una intervención musical en los síntomas de depresión y agitación en pacientes con demencia, en pacientes con cáncer bajo tratamiento y el efecto analgésico en dolor agudo y crónico. Estos hallazgos, no obstante, deberían ser tratados con precaución, ya que parecen tener un tamaño del efecto pequeño y están caracterizados por una gran variabilidad interindividual. En mi opinión, es de importancia capital identificar las intervenciones basadas en el arte que mejor se adaptan al paciente en función de su personalidad, biografía e incluso repertorio genético.

P: ¿Cómo crees que evolucionará el campo de las emociones inducidas por la música en los próximos años?

R: Esperaría que en el futuro los estudios estén centrados en métodos de neurociencia de redes y más inspirados en neuroestética y neuroeconomía. También tengo la esperanza de que, después de nuestro primer intento de examinar la relación entre el polimorfismo de los genes dopaminérgicos y el ánimo inducido por la música (Quarto et al. 2017 Neuroscience), la investigación seguirá y determinará los orígenes biológicos de las variaciones individuales en las respuestas estéticas a la música.

P: Como investigadora principal en el centro MIB, ¿cuál es tu consejo a las futuras generaciones de mujeres que aspiran a liderar su propio equipo de investigación?

R: Mi consejo es seguir la propia pasión, ya sea por la investigación, la familia o ambos. Para algunas mujeres, formar una familia puede ralentizar su carrera e incluso detenerla. Esto no debe ser considerado como un fracaso. Si la motivación y la pasión por la investigación existen, creo que se sentirán inspiradas a tomar las decisiones correctas. A veces, juegos oportunistas (como estudiantes casándose con profesores influyentes de bastante mayor edad) pueden parecer una forma más conveniente de proceder en la carrera pero a largo plazo conducen a la decepción y la desilusión. Es muy importante aliarse con investigadores senior pero hacer esto deber responder a nuestro propio ímpetu por resolver una cuestión científica más que a seleccionar a un científico y luego tener una cuestión asignada. Solo entonces, cuando asalten las dudas, los años hayan pasado y la motivación inicial se haya desvanecido, será posible mirar atrás con orgullo y sin vergüenza a las razones que te llevaron a donde estás y recargar las pilas para continuar el viaje.

P: El destape reciente de la mala conducta sexual del productor de cine Harvey Weinstein desencadenó el movimiento #MeToo en las redes sociales para denunciar el asedio sexual y desarrollar códigos éticos de conducta e igualdad en el trabajo. Como investigadora principal y mujer, ¿te has encontrado en alguna situación en la que te hayas sentido discriminada por razón de género a lo largo de tu carrera, por ejemplo en lo concerniente a entrevistas de trabajo, pertenencia a juntas, aceptación de artículos revisados por pares, etc.?

R: No puedo decir la hora y el día en que este tipo de discriminación ha ocurrido pero he notado que en algunas ocasiones el género se ha interpuesto en las relaciones con mis colegas. A menudo, mi género se ha recordado de manera positiva, mediante el comportamiento galante de compañeros que se ofrecían a llevar mi cochecito, con cumplidos amables hacia mí y otras colegas mujeres y similares. En otros casos, los cumplidos hacia mí o hacia otras resultaban demasiado invasivos e inapropiados en un contexto profesional y lo he tenido que remarcar a las personas que decían esas palabras inapropiadas. Debería añadir que la cultura desempeña un papel importante en determinar lo que es aceptable en la conducta hacia el género femenino, incluso en un contexto profesional. Normalmente, me he sentido muy bien respetada como mujer en Finlandia y recuerdo quizá solo un colega hombre que se atrevió a decir algo poco delicado hacia mí y otra colega mujer. Pero realmente en el trabajo me parece que en Finlandia los hombres han aprendido a respetar la profesionalidad de otra persona del género opuesto. En Italia, y en cierta medida incluso en Dinamarca, todavía queda trabajo por hacer. Sin embargo, soy optimista al ver que estamos yendo en la buena dirección, especialmente en Dinamarca, donde la racionalidad de la población facilita corregir ciertas impropiedades cuando alguien las señala.

Para finalizar, me gustaría hablar de algo que me parece que no está bien mencionado en el debate actual, que es el hecho de que la discriminación de género muchas veces se produce de mujeres hacia otras mujeres. Las peores acusaciones por razón de género que he tenido hasta este momento de mi vida, han venido de mujeres, independientemente del país o cultura de origen. En algunos casos, a algunas mujeres parece irritarles mucho otras mujeres profesionales con hijos y se vuelven realmente agresivas e insultantes en las relaciones personales e incluso peor, pueden tomar acciones en detrimento de tu carrera. En mi vida, he seguido mis pasiones y curiosidad. Tener una familia está muy separado de mi profesión y no debería marcarla o interferir con ella (aunque debo admitir que me he vuelto más eficiente en mi trabajo cuando me he visto obligada a gestionar el tiempo). No siento que los niños deban ser una ventaja ni una desventaja. En la vida, una simplemente puede ser que los tenga, invierta algún tiempo en criarlos pero también recurriendo a mucha ayuda de familiares (cuando sea posible) y la comunidad. En cierto sentido, los niños son un bien de la sociedad entera y todo el mundo debería sentirse responsable de criarlos adecuadamente contribuyendo a hacer de la sociedad un lugar dignificado y habitable. Así que las palabras y acciones negativas de ciertas personas hacia las mujeres con familia están totalmente fuera de lugar, además de ser injustas.

P: Estoy segura de que recuerdas las declaraciones misóginas del premio Nobel Tim Hunt en la Conferencia Mundial de Periodistas Científicos en Seúl el 8 de junio de 2015: "Déjame decirte una cosa sobre mis problemas con las chicas... tres cosas pueden ocurrir cuando están en el lab...Te enamoras de ellas, ellas se enamoran de ti y cuando las criticas, lloran." ¿Podrías dar un ejemplo de algún quizá más sutil pero aun así inapropiado comentario que hayas recibido en el mundo académico que demuestre este tipo de prejuicios?

R: Como he dicho antes, la mayor parte de mi vida profesional he trabajado en un país donde semejantes comentarios por parte de hombres son muy raros. Sin embargo, en otros lugares, como Italia, me ha ocurrido tan a menudo escuchar comentarios similares que es difícil recordar un caso en concreto. Pero sí que recuerdo un caso de una colaboración con un manuscrito donde un profesor más mayor me estaba tratando como su joven estudiante inexperta dándome órdenes continuamente y encomendándome tareas por debajo de mi formación (e.g. comprobar sus referencias cuando él era el autor principal) a pesar de ser una investigadora senior por aquel entonces y de hecho más experta en el tema que él. En otros casos, personal masculino de la administración me ha pedido realizar tareas administrativas en absoluto relacionadas con mi perfil de trabajo como profesora, lo que me hace sospechar comportamiento sexista en este caso, por no mencionar la machoexplicación, que se ha dado recientemente con algunas de mis estudiantes. Y he escuchado comentarios sobre colegas mujeres relacionados con su tendencia a quedarse embarazadas, lo que encuentro totalmente inapropiado. Diré claramente lo que pienso: quedarse embarazada supone solo unos meses de la carrera profesional y en general no afecta a la calidad del trabajo. Por supuesto, si no hay motivación para hacer la investigación, cualquier suceso de fuerza mayor puede revelar esto, pero lo mismo es para los hombres que para las mujeres. Es más fácil apuntar con el dedo a las mujeres y especialmente a las estudiantes de doctorado, pero baste este ejemplo: seleccionamos a un estudiante de doctorado (hombre) que había sido muy bien cualificado recientemente aunque en un campo de estudio relacionado de forma que no parecía ahondar directamente en nuestro tema de investigación. El embarazo de su mujer fue el detonante que le hizo rechazar nuestra oferta. Cuando tuvo que elegir, decidió buscar otra cosa. Una motivación más fuerte le habría hecho convencernos de que teníamos que esperar unos meses hasta poder contratarle, pero no fue el caso.

P: El informe de la Comisión Europea She Figures 2017 muestra que las mujeres todavía están infrarrepresentadas en las posiciones académicas más altas, ¿cuáles son las razones que en tu opinión están favoreciendo esta brecha de género y cuáles podría ser las medidas/políticas para contrarrestar este desequilibrio? ¿Estás a favor de las cuotas de género en ciencia?

R: Hay varias razones y sería difícil nombrarlas todas aquí. Además, como he mencionado anteriormente, la cultura y las diferencias nacionales tienen su función. Sin embargo, en muchos casos hay algunos aspectos de la carrera académica que no son tan atractivos así que las mujeres pueden ser incluso más listas al tomar otras decisiones. Estoy siendo un poco irónica aquí, pero no del todo. Así que, de alguna manera, no fomentaría una intervención de arriba-abajo como las cuotas de género sino más bien cambiaría la cultura de abajo-arriba, haciendo el género sea un agente menos visible en las conversación.

P: Como mentora, ¿qué podrías hacer para que las jóvenes científicas en tu equipo se sintieran empoderadas?

R: Como mentora, intento cultivar el talento natural, descubrir la fortaleza individual de cada estudiante y hacerles conscientes de eso. También trabajo con mis estudiantes sobre sus limitaciones ya que un estudiante que es demasiado seguro y piensa que ya lo sabe todo es alguien poco abierto al aprendizaje de cosas nuevas. Y esto lo hago sean hombres o mujeres. Esa es mi manera de empoderar a los científicos. También les explico lo importante que es gestionar las propias capacidades. Aunque es muy útil visitar un laboratorio líder o aliarse con un profesor famoso, esto no debería ser la medida del éxito. Somos nosotras quienes debemos evitar que los demás chismorreen sobre nuestras relaciones con otros profesores famosos (mucho mayores). Deberíamos tener la suficiente confianza para saber que podemos llegar a lo más alto sin ninguna ayuda externa que sea ajena a nuestras habilidades intelectuales. Al fin y al cabo, lo que es importante para mí es que lo que he conseguido y también lo que no se debe a lo que he elegido y a lo que soy capaz de hacer con mis propias habilidades y talentos.

P: Y para concluir, ¿hay alguna mujer en neurociencia que te haya servido de modelo?

R: En mi propio campo de neurociencia de la música, sin duda Isabelle Peretz. Ella se ha dejado llevar por sus propias pasiones, trasladándose de Bélgica a Canadá y a Australia y de vuelta a Canadá, sin comprometer su dedicación a la investigación. Ha sido innovadora y ha servido de inspiración a toda una generación de psicólogos y neurocientíficos, incluyéndome a mí. Todavía recuerdo cuando vi su charla en una conferencia que me hizo estudiar las funciones auditivas en el cerebro. Otro modelo que me ha inspirado mucho ha sido Rita Levi-Montalcini, italiana ganadora del premio Nobel, otra mujer fuerte que salió de su zona de confort a explorar el mundo y seguir su pasión. Tuve el privilegio de encontrármela en una conferencia cuando casi tenía cien años. Era una mujer muy menuda pero con esa chispa interna de carisma que podía ser reconocida incluso a distancia.

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In English:


Q: Hello Elvira, first of all, thank you for your time. It looks like the University of Helsinki brings you a great deal of memories. Could you tell me briefly about your path career?

A: My career began in the mid-90s with three degrees, all obtained in Italy with full marks: a Diploma in Piano Performance (Conservatory of Bari, 1993), a Master's degree in Philosophy (including studies in Epistemology, Logic, Psychology and Human Sciences; University of Bari, 1996), and a postgraduate degree in Special Education (Centro Socio-Pedagogico Toscano, Pistoia, 1998). In those years, I had the chance to participate at conferences in Europe and to meet researchers such as Isabelle Peretz, Mari Tervaniemi and Karl H. Pribram that inspired me to do postgraduate studies in Cognitive Neuroscience. For pursuing this dream, I searched for individual grants to study abroad and obtained one from the University of Palermo and another from the Italian Foreign Affair Ministry. In mid 1998 those grants obtained allowed me to start my adventure at the University of Helsinki in Finland, with which I still maintain strong links at the present time. After years of studies (in Neuroscience, Experimental Psychology and Brain Research Methods) and work (as scientific consultant of neurophysiology) at universities and hospitals in Finland, Canada and Italy, in January 2007 I finally obtained a PhD degree in Psychology at the University of Helsinki (major: Cognitive Neuroscience; minor: Brain Research Methods). Soon after, in 2007-2009 I worked as postdoctoral researcher within the European Research Commission project "Tuning the Brain for Music" (BrainTuning). From 2009 to 2013, I helped to found the Finnish Centre of Excellence in Interdisciplinary Music Research, supported by the Academy of Finland, and I directed its Aesthetic module. After that, I worked at the Department of Biomedical Engineering and Computational Science, Aalto University, Espoo, Finland, and at the Helsinki Collegium for Advanced Studies, University of Helsinki, before moving to Denmark in June 2015. In Denmark, I became Professor in Neuroscience and also there I help to found the Danish National Research Foundation's centre of excellence "Music in the Brain" (MIB), in which I lead the "Learning" team. My main interests cover neuroplasticity, neuroaesthetics, and individual differences in audition investigated with multimodal and innovative methodologies.

A: What got you interested in the study of music-induced emotions and neuroaesthetics in the first place?

Q: As it is often the case, my research interest in musical emotions originates from personal experience. I am deeply touched by music and I vividly remember the strong experience I had as a girl of six when listening from the TV the "rondo alla turca" by W.A. Mozart. It impressed and fascinated me so much that I took the decision to learn to play it on the piano. In my case, perhaps similarly to other musicians-to-be, the simple act of listening did not feel enough; I had to recreate myself those emotions with my own body and mind. Playing allows to shape the emotions to which you can relate, in which to identify, that can become fully yours. It also gives you some power on the listener. The same in other performing arts: the artist's reward is the emotional response from the audience, in a constant expressive communication and interaction between each other. Later on, in the years when I was still striving to become a classical concert pianist I could experience on myself this kind of aesthetic reward. In my second life as researcher, I first focused on the neural foundations of music perception, and particularly pitch and then I moved to address questions related to emotions especially in musicians, under the conviction that the dominant story in psychology and neuroscience about analytic, non-emotional approach of musicians to music cannot be fully true. In this sense, studying music emotions within an aesthetic framework might be more effective in understanding the rewarding experiences that musicians have when playing and listening to music, which are often the reasons why they decided to became musicians in the first place (as it happened to me). Studying the aesthetic experience as a whole means not restricting the study to perception or emotion but reaching out also enjoyment, reward and evaluation. Under this neuroaeshtetic framework, it is also possible to identify if the repeated rewarding responses to music can even have an impact on the musicians' brain. This knowledge has potentials also to understand the aesthetic experiences of music in the normal population, and, possibly, encouraging policy-makers to support arts, culture and music as sources of many beneficial effects on human happiness and wellbeing (what can be referred to as eudemonia).

Q: In 2015 you published a paper in Frontiers of Human Neuroscience entitled: "Maladaptive and adaptive emotion regulation through music: a behavioural and neuroimaging study of males and females". Do women and men use different music listening strategies to regulate their emotions? Could you comment a little on the dissociation between mPFC activity and whether you think this could depend on gender differences or rather be due to individual differences more generally?

A: The paper was indeed the first to evidence a qualitative difference in how females and men use music in their daily life and how this usage might have a long-term impact on their mental health. Music is a form of emotional self-care. However, we noticed that among the music-listening strategies, there was one which did not help: Discharge—using music to express negative emotions— since it correlated with higher levels of anxiety and neuroticism in all of the participants, but especially men. Moreover, the neuroimaging data revealed that those men who use more the Discharge strategy showed decreased mPFC activity during a task involving listening to emotional music. This result resembles what happens with rumination, which is known to be maladaptive since it is a strategy characterized by compulsive negative thoughts and linked to depression. Importantly, hypoactivity in mPFC has been associated with depression including in subclinical and remitted cases. In females preferring the Diversion strategy (distraction from negative thoughts) instead, mPFC was more active during music listening, hence supporting an interpretation of Diversion as a healthy strategy for using music for mood regulation in daily life.

Q: It has been shown that music elicits dopamine release in the striatum, do you think people can become addicted to music?

A: We can call the dependence some people have for music a sort of addiction. I remember when I was an active classical pianist I could not imagine myself away from the instrument, and even planned my vacations so that I did not stop playing for more than few days in a row. For longer periods, I arranged to rent a piano. This is something common among professional musicians, as far as I can tell. However, this form of addiction is most likely not the same way as pharmacological, substance addiction. As far as I know there are no withdrawal symptoms associated with deprivation from music. However, the topic would deserve investigation. I once tried to initiate a related research but did not well solve the issue of how to convince musicians to stay without music for the sake of the experiment, without causing too much discomfort to them...

Q: What are you working on right now?

A: Since I have started working at the centre of Music in the Brain (MIB) in Aarhus (Denmark) I have been involved in several neuroscience studies while still working on a large dataset that I collected in Helsinki with my team there. In these studies, I address questions related to the neural mechanisms responsible of audition in general and music in particular. Moreover, I study how sounds, such as noise and music, affect our wellbeing in the lifespan and how this effect varies among individuals based on personal biography or biology. For instance, in one neuroimaging study I am looking at how genes determining the baseline levels of neurotrophic factors modulate the way our brain changes after music training. In another study, I strive to determine the objective (acoustic) and subjective (person-related) factors predicting beauty judgments of music and their neural correlates. I can also mention a series of studies focusing on identifying the brain mechanisms of noise sensitivity, namely the individual aversion to unwanted sounds. Furthermore, very recent efforts of my team aim to determine the effects of music training on children's impulsive behaviour.

Q: What are the clinical implications of your research?

A: Many because music through its power to induce positive aesthetic emotions represents a recognized tool in complementary and alternative medicine. Several systematic reviews are coming out, for instance, on the mood-regulatory effects of music intervention on symptoms of depression and agitation in dementia patients, on cancer patients undertaking treatment and the analgesic effect on acute and chronic pain. One should however treat these findings with caution as they seem to be of small effect size and characterize by large inter-individual variability. In my opinion, it is pivotal to identify the art-oriented intervention that best suits to the patient based on her personality, biography and even genetic repertoire.

Q: How do you see the field of music-induced emotions evolving in the next years?

A: I would expect that future studies will concentrate on network neuroscience methods and be inspired more from neuroaesthetics and neuroeconomics. Hopefully, after our first attempt at examining the relation between dopaminergic gene polymorphism and music-induced mood (Quarto et al. 2017 Neuroscience), research will follow and determine the biological origins of individual variations in aesthetic responses to music.

Q: As Principal Investigator at the Centre for Music in the Brain in Aarhus, what would be your advice to future women aspiring to lead their own research team?

A: My advice is to follow your own passion, whether it is for research, for family or for both. For some women, having a family can slow down career and sometimes even halt it. That is not to be considered as a failure. If motivation and passion for research exists, I believe that they will inspire in taking the right decisions. Sometimes, opportunistic games (such as students marrying influential professors much older in age) might seem more convenient to proceed in career but in the long-term they can lead to disappointment and disillusion. It is very important to ally to inspiring senior scientists but doing that should be a consequence of our own drive for solving a scientific question rather than first selecting a scientist and then having a question assigned. Then, when doubts assault, the years have passed by and the initial motivation has faded away, it will be possible to look back with pride and no shame at the reasons that brought you where you are and recharge to continue the journey.

Q: The recent disclosure of sexual misconduct by the film producer Harvey Weinstein brought about the #MeToo movement in social networks to denounce sexual harassment and to develop ethical code of conduct and equality in the workplace. As Principal Investigator and women, have you ever encountered a situation in which you felt discriminated on the grounds of gender along your path career for example in terms of job interviews, board membership, acceptance of peer-reviewed papers, etc.?

A: I cannot say the time and day when this sort of discrimination has happened but I do have noticed that in some occasions the gender has come in between the relations with colleagues. Often my gender has been reminded in a positive way, by gallant behaviour of male peers such as offering to take my trolley, kind compliments to me and other female colleagues and similar. In other cases, the compliments to me or others have felt too invasive and inappropriate in a professional context and I have had to remark this to the persons saying those inappropriate words. I should say that culture has an important role in determining what is acceptable in behaviour towards female gender, even in professional context. Normally, I have felt very well respected as woman in Finland and I remember perhaps only one male colleague who ventured to say something indelicate towards me and another female colleague. But really at work it seems to me that in Finland men have learned to respect the professionality of another person of opposite gender. In Italy and, to a certain extent, even in Denmark, work needs to be done. However, I am positive that we are going in the right direction, especially in Denmark, where the rationality of the population makes it smooth to correct certain impropriety when somebody points it out. Finally, I would like to talk about something that seems to me not well mentioned in the current debate, that is, the fact that gender discrimination very often happens by women against other women. The worse gender-related accusations I have had thus far in my life have come from women, irrespectively of their country and culture of origin. In some cases, some women seem to be very irritated by professional women with children and become really aggressive and insulting in the personal relations, and, even worse, they can make actions to detriment the career. In my life, I have followed my passions and curiosity. Having a family is very separate from my profession and should not mark it nor interfere with it (although I must admit I have become perhaps more efficient in my work when I was forced to do time management). I don't feel children should be an asset nor a drawback. In life, one can simply happen to have them, spending some of time to raise them but also using lots of help from the relatives (when possible) and community. In some ways, children are an asset of the whole society and everybody should feel responsible for raising them properly, by contributing to making the society a liveable and dignified place. So, the negative words and actions from certain people towards women with family are absolutely misplaced, as well as unfair.

Q: I am sure you remember the misogynistic declarations of Nobel Laureate Tim Hunt during the World Conference on Science Journalists in Seoul on 8 June 2015: "Let me tell you about my trouble with girls ... three things happen when they are in the lab ... You fall in love with them, they fall in love with you and when you criticise them, they cry." Could you give an example of any perhaps more subtle but still inappropriate remark that you received in academia that demonstrate this sort of prejudices?

A: As I said earlier, I have worked most of my professional life in a country where similar remarks from men are very rare. However, in other places such as Italy it has happened so often to hear similar comments, that it is hard to remember a specific instance of them. But I do remember one case of a collaboration on a manuscript where an older professor was treating me like his young inexperienced student continuously giving me orders and lower tasks (e.g. check his references when he was main author), while I was already senior researcher back then and indeed more expert in the topic than him. In other cases, male administration staff has asked me to do some simple administration tasks that are totally unrelated to my job profile as professor, making me suspicious of sexism behaviour there, not to talk about mansplaining, which has happened recently to some of my students. And I've heard comments on female colleagues that were related to their tendency to become pregnant which I find totally inappropriate. To say clearly what I think: becoming pregnant takes only few months of a professional career and overall it does not affect the quality of work. Of course, if there is no motivation for doing research, any major life event might reveal that, but this is the same for both men and women. It is easier to point the finger to women, and especially to PhD students but let me give an example: we selected a (male) PhD student recently who was very qualified but had been working in a related field of studies so didn't seem particularly delved in our topic of research. His wife's pregnancy was the triggering event that made him decide to refuse our offer, after all. When he had to choose, he decided to look somewhere else. A stronger motivation would have made him to convince us to wait few months and still hire him, but that wasn't the case.

Q: The report from EC She Figures 2017 shows that women are still underrepresented in top academic positions, what are the reasons that in your opinion are favouring this gender gap and what would be the measures/ policies to counteract this imbalance? Are you in favour of gender quotas in science?

A: There are several reasons and it would be difficult to list them all here. Also, as I mentioned earlier, culture and national differences play a role. However, in many cases there are some aspects of the academic career that are not so attractive so women might even be clever to make other decisions. I'm a bit ironic here, but not completely. So, in a way, I wouldn't encourage a top-down intervention such as gender quotas but rather change the culture from bottom-up, making gender a less visible actor in the conversation.

Q: As a mentor, what could you do to empower young female scientists in your team?

A: As a mentor, I try to nurture talent, to discover the individual strength of each student and make them aware of that. I also work with my students on their limits as a student who's too confident and who thinks that he or she knows already everything is somebody who isn't open to learning anything new. That I do whether they are female or male. That's my way to empower scientists. I also explain how important is to manage with their own capabilities. As much as it is useful to visit a leading lab or ally to a famous professor, that should not be the measure of success. It is us who should avoid others' gossiping about relations with (much older) famous professors. We should be confident enough to know that we can make it to the top without any external help that is unrelated to our intellectual abilities. At the end of the day, what's important for me is to know that what I've achieved and also what I didn't, is because of what I chose and what I'm able to do with my own skills and talents.

Q: Is there any women in science that serve you as a role model?

A: In my own field of music neuroscience, without a doubt Isabelle Peretz. She has been driven by her own passions, moved from Belgium to Canada to Australia and back to Canada, with no compromises in her dedication to research. She has been innovative and inspiring for a whole generation of psychologists and neuroscientists, including me. I still remember when I saw her talk in a conference that made me decide to study auditory brain functions. Another very inspiring model is Rita Levi Montalcini, Italian winner of the Nobel prize, another strong woman who again went out of her comfort zone to explore the world and follow her passion with no compromises. I had the privilege to meet her at a conference when she was almost hundred years old. She was a very tiny woman but with that inner sparkle of charisma that could be recognized even at distance.

Noelia Martínez Molina (left) and Elvira Brattico (right) during the interview.