* Las entradas "Esto me hace pensar..." describen cómo pienso cuando observo hechos a mi alrededor. Son entradas diferentes porque no solo intento divulgar conocimiento sino también enseñar cómo relaciono los sucesos que vivo *

Como ya he dicho en una entrada anterior, mi madre tiene afasia global. En resumen, esto le impide expresarse bien (cuando habla usa una jerga que no es inteligible ni se mantiene en el tiempo) y entender bien (entiende bastante, pero tiene problemas para comprender todo lo que lee o escucha).

Pues bien, hoy mi madre está realizando un ejercicio donde debe señalar si las frases que se le plantean son absurdas o no. Así, lee: "La mesa bebe agua". Aunque debe señalar que es falso, porque la mesa es un objeto inanimado que no puede realizar la acción de beber, ella en cambio contesta que es verdadero. Y se equivoca igualmente con la frase "El pez escribe". Lo curioso de todo es que, pese a estos errores, encuentra muy bien los errores gramaticales en la frase "El pez nadan" o "Los niños cantaba".

Esto me hace pensar en que tal vez ha recuperado bien la gramática pero no la semántica. Es decir, encuentra bien las faltas de consonancia entre sujeto y verbo (gramática), pero no encuentra los errores sobre quiénes pueden hacer qué (semántica). Entonces, recuerdo haber explicado yo misma en clase que la curva N400 aparece en nuestros cerebros cuando el contenido de la frase nos parece extraño al compararlo con el conocimiento que tenemos del mundo (en verdad, aparece también ante otros estímulos que nos parecen incongruentes o inesperados, por ejemplo, ante olores, sonidos ambientales o dibujos). Es decir, el cerebro al funcionar emite varias ondas, y una de ellas, la N400, es una onda de alerta semántica, que vista desde fuera nos confirma que el cerebro ha recibido una información que no le cuadra en cuanto a significado. Por ejemplo, en un cerebro que funciona bien, la N400 debería dispararse al leer la frase "Unté la tostada con unos calcetines", porque los calcetines no son el objeto esperado para nosotros en ese contexto, sino en todo caso la mantequilla, la mermelada o un cuchillo.

De hecho, la N400 es tan curiosa que puede descubrir si una persona tiene prejuicios. Por ejemplo, en los idiomas donde el masculino y el femenino no se diferencian (por ejemplo, en inglés leemos "the pilot" y no sabemos si el hablante se refiere a un hombre o a una mujer, a diferencia de en castellano, donde se desvela al usar "el" o "la" piloto), si a una persona se le dispara la N400 al leer "The pilot wore a beautiful skirt" (El/La piloto vestía una bonita falda) podría implicar que el lector asume que el piloto de la frase debe ser un hombre, que tradicionalmente no viste falda, en vez de una mujer, y por ello la frase le resulta extraña. Asimismo, la N400 también nos puede indicar cuánto sabe una persona sobre un tema, porque seguramente quien sepa de matemáticas disparará una N400 al leer "El cuadrado de la hipotenusa es igual a la resta de los catetos", porque el teorema de Pitágoras nos dice que los catetos deben sumarse, y no restarse (para más información, consulta más abajo los comentarios a este post).

Generalmente, cuando una frase no nos cuadra (es decir, cuando se nos activa la señal de alarma N400), lo que hacemos es volver la vista atrás para releer la frase en busca del error. Por eso los investigadores de este campo necesitan dos aparatos. Uno es el EEG (electroencefalograma), que permite detectar esa N400 en regiones centroparietales (es decir, en la parte alta y central de la cabeza). Otro es un eye-tracker, es decir, una máquina capaz de detectar los movimientos oculares a través de una cámara situada enfrente de nuestro ojo. En concreto, si el sujeto vuelve la vista atrás en la frase porque no la ha entendido, este aparatito detectaría esos movimientos de los ojos, que se denominan sacádicos. 

Aquí vemos a una persona con un gorro (el EEG, para medir la N400) y una cámara web que graba su ojo (eyetracker, para medir los movimientos sacádicos). Imagen obtenida de esta web: https://www.sr-research.com/eye-tracking-blog/eye-tracking-and-eeg/

Por tanto, si mi madre ha seleccionado la opción "correcta" para la frase "La mesa bebe agua", es probable que su cerebro no despierte la N400 de forma adecuada, y esto, me digo, debería ser algo habitual en pacientes con afasia que presentan problemas de comprensión. Una buena manera de conocer el grado de afectación de la capacidad de comprensión lectora de una persona, continúo pensando, podría ser explorando la presencia o no presencia de la N400 ante frases de semántica incorrecta. 

Al buscar literatura, encuentro que esto mismo ya lo pensaron en el año 1999 Kitade y sus colegas y que en el año 2011 Barwood y sus colegas estimularon la región del cerebro que hace saltar la N400 a un grupo de pacientes con afasia y se comprobó que mejoraron su capacidad de comprensión. ¡Bien! Mi hilo de pensamiento lo compartieron otros investigadores, expertos en este tema, ¡qué ilusión, he debido razonar adecuadamente! El tema, no obstante, es debatido ampliamente, y descubro que otra onda, la P600, parece también implicada en estos procesos, y no solo cuando hay datos sintácticos que fallan, sino también semánticos (lo que se pensaba que era patrimonio exclusivo de la N400).

Para terminar, al pensar en la afasia, en la comprensión y en el cerebro, paso a preguntarme si otros animales que dispongan de un lenguaje parecido al nuestro (al menos en cuanto a capacidad de categorizar, o de repetir palabras, o de usar sonidos para transmitir mensajes), también sufren daños cerebrales adquiridos que conllevan afasias. Tal vez explorando sus cerebros, me digo, podamos encontrar alguna manera de protección o prevención de nuestras preciadas áreas del lenguaje. Los dos primeros animales en los que pienso son loros (el famoso Álex que estudió Pepperberg, o su sucesor, Griffin, capaces de categorizar objetos, expresar palabras en inglés y hacer preguntas/dar respuestas). También pienso en varios primates no humanos, como los monos vervet, que disponen de al menos tres tipos de llamadas de alarma para tres depredadores distintos (es decir, disponen de tres "palabras"). Y, cómo no, pienso en delfines (quienes se asignan nombres propios y se llaman entre ellos a través de sonidos) y, por qué no, en perros, que acometen la difícil tarea de comunicarse diariamente con alguien que no es de su especie.

Me voy alejando del pensamiento de medir en todos ellos la N400, que me da a mí que se dispara en situaciones de lenguaje complejo, para pasar a pensar en cómo será la dinámica de sus cerebros: ¿tendrán una red de distribución de sangre diferente? ¿Será su estructura anatómica? ¿Tal vez algún químico protector? Quizá los pájaros, de comunicación eminentemente oral, como nosotros, podrían darnos más pistas. O los delfines, donde se han demostrado unas capacidades asombrosas de comprensión, llegando incluso a omitir fallos que producía el humano para encontrar sentido a las frases que les daban.

No tengo tiempo ahora para estudiar este tema, pero me parece apasionante. ¿Alguien se anima?

Nereida Bueno Guerra
Nereida Bueno Guerra

Me cuesta definirme, profesionalmente hablando, porque no me siento representada por una sola materia. De formación soy psicóloga y criminóloga, pero vivo la ciencia de manera interdisciplinar. Eso me ha llevado a trabajar en cárceles y en las sabanas de Tanzania, en aulas y hospitales. Actualmente me adscribo al departamento de Psicología de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde soy la coordinadora académica del área de Criminología.

Sobre este blog

Siempre me han caído mal dos ranas viejas que intentan desanimar e imponer una creencia al protagonista del poema «Los encuentros de un caracol aventurero», de Lorca. Os invito a luchar contra esas dos ranas en cada entrada, para que a través del beso divulgativo de la ciencia las transformemos en seres críticos, científicos y curiosos. Para ello hablaremos de todo, pero con especial atención a la psicología, criminología, la evolución y el lenguaje.

Ver todos los artículos (9)