Las cárceles (parte 1)

14/04/2019 2 comentarios
Menear

¿Cuántos presos hay en España? ¿Llevan uniformes? ¿Cómo son por dentro las cárceles? ¿Pueden tener TV en la celda?

Estas son algunas de las preguntas que me hace la gente cuando les cuento que yo colaboro en distintos centros penitenciarios españoles. Hoy quiero despejar alguna de estas dudas. Bienvenidos a la cárcel.

Lo primero, es cuidar nuestro vocabulario. ¿Cómo llamamos a esos recintos? Hay varios términos populares: cárcel, prisión, chirona. Yo prefiero "centro penitenciario". ¿Y a las personas que hay dentro? Presos, reos, encarcelados. Yo prefiero "internos" (aunque mi favorita es "personas"). Por su parte, las condenas que implican encarcelamiento se denominan "penas privativas de libertad", y aquellas que consisten en realizar programas terapéuticos, cursos o trabajos manteniendo la libertad se denominan "medidas alternativas". No se trata de emplear eufemismos, sino de usar un vocabulario inocuo, es decir, que sea respetuoso y realista al mismo tiempo que carente de agresividad y exclusión. Es cierto que luego dentro de los centros hay toda una jerga propia, casi como una lengua cooficial más de nuestro país, donde podremos escuchar palabras como "chabolo" (celda), "chinarse" (autolisis), "gayola" (masturbación). Si te interesa aprender este vocabulario específico, hay varias webs que recogen glosarios.

Lo segundo, es tener en cuenta que el concepto de centro penitenciario tal y como lo entendemos hoy, es decir, como un lugar donde habitan personas que han cometido delitos, se remonta tan solo al siglo XVIII, ya que anteriormente los centros penitenciarios eran solo lugares de tránsito, donde permanecían las personas a la espera del castigo que se les hubiese asignado. Personajes muy relevantes en la concepción de cómo debía ser un centro penitenciario y la vida de sus personas dentro fueron Concepción Arenal (una española muy recomendable para leer. El visitador del preso, por ejemplo, es una de mis lecturas favoritas) y John Howard. A partir de sus reflexiones comenzaron a reformarse los centros penitenciarios hasta nuestros días. Esta historia es digna de contar con más detenimiento, por lo que ahora de momento salto a la época actual.

¿Cómo se regulan los centros penitenciarios?

En España existen los centros penitenciarios civiles y el ESPEMI (establecimiento penitenciario militar).

El centro penitenciario militar acoge a personal de las Fuerzas Armadas y Guardia Civil (al ser un cuerpo militarizado) que han cometido delitos. Se encuentra en Alcalá-Meco, se rige por la Ley Procesal Militar y su reglamento militar desarrolla más específicamente lo dictado en la ley. El ESPEMI alberga aproximadamente a 90 internos.

Los centros penitenciarios civiles, los rige la Ley Orgánica General Penitenciaria (la que conocemos como LOGP), que dicta los principios básicos del funcionamiento de los centros penitenciarios (por ejemplo, cómo deben vivir dentro los internos; qué tratamientos pueden recibir...), y su reglamento, que es el que desarrolla más específicamente cómo se debe llevar a cabo todo lo que dicta la ley. Este año la LOGP cumple 40 años, una ley que ha sobrevivido muy bien las décadas, ha inspirado leyes europeas y latinoamericanas y apenas ha necesitado reformas (quizás las que necesite a partir de ahora tengan que ver con nuevos paradigmas de la ciencia penitenciaria, como medidas de justicia restaurativa, o deberían darse antes y poner más el énfasis en las condenas que escogen los jueces, aumentando las medidas alternativas sobre las privativas de libertad). Los centros penitenciarios albergan aproximadamente a 59.200 personas (datos de marzo de 2019), de los cuales un 92% son hombres. De este total, solo el 27% es población extranjera (es decir, la mayoría de los internos son españoles, al contrario de lo que en ocasiones se piensa).

Inspirando a estos legislativos se encuentra un artículo concreto de la Constitución, el 25.2, que suele aparecer en carteles a la entrada de los centros penitenciarios, como recordando a sus trabajadores el principio básico que deben seguir en su día a día:

"Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social"

El artículo es más largo, pero este apartado es el fundamental porque es el que nos cuenta para qué se conciben los centros penitenciarios: para reeducar y reinsertar. El artículo 1 de la LOGP añade además otra palabra importante:

"Las Instituciones penitenciarias reguladas en la presente Ley tienen como fin primordial la reeducación y la reinserción social de los sentenciados a penas y medidas penales privativas de libertad, así como la retención y custodia de detenidos, presos y penados"

Esto nos indica que la idea de castigo que tenemos en España es la de dotar a la persona de recursos académicos, psicológicos y sociales, pero también la de castigarles manteniéndoles sin libertad, permaneciendo dentro de un centro. Esto es así porque si entrara una persona con una condena, pongamos por ejemplo, de 7 años, y apenas a los meses ya demostrase reeducación y reinserción, habría que concederle la libertad porque habría cumplido con el objetivo de la pena, pero si se añade que los centros también están destinados a la custodia de los internos, se abre la puerta entonces a castigos meramente temporales: permanecer dentro, aunque estés reinsertado y reeducado, porque la condena así lo dictamina. Esto puede tener sentido: si queremos que las personas entiendan que sus acciones tienen consecuencias, deben permanecer sin libertad durante un tiempo, porque la libertad es el bien más preciado que tiene la persona, después de su vida.

Pero esta dualidad reinserción-permanencia en prisión puede servir de base para un debate más específico y reciente: la prisión permanente revisable. Si el adjetivo revisable está encaminado a permitir la libertad del individuo solo cuando demuestra su capacidad de reinserción (con la idea subyacente de que esto va a ser tan difícil para determinados delitos que la condena temporal se extenderá más allá de la impuesta en un principio), ¿no debería extenderse también al contrario, a condenas más leves, y permitir entonces la excarcelación de cualquier persona en cuanto demostrase su capacidad de reinserción? ¿Os imagináis un Código Penal discrecional, parecido a los hospitales, donde no hubiera un periodo temporal de ingreso predefinido, sino que el alta hospitalaria (carcelaria) se diera según el progreso del individuo, pudiendo entonces dos personas con el mismo delito salir en momentos diferentes según su avance individual? Esto no es posible por un principio del derecho llamado de "seguridad jurídica", que indica que las personas deben conocer exactamente la condena que se les aplica. Pero no me digáis que no da para un debate más allá de la sobremesa sobre para qué queremos que existan los centros penitenciarios y para qué creemos que deben servir las penas.

Aunque ya trataré el tema en otra entrada, de momento quiero decir que la manera de lograr la reeducación y reinserción es a través del PIT (programa individual de tratamiento), que establecen los psicólogos penitenciarios ajustándose a las características personales de cada interno, y de los programas específicos de tratamiento (unos programas con módulos y sesiones realizados meticulosamente por un comité de expertos, basados en evidencia científica, que están destinados a abordar las principales causas de que se cometan delitos específicos, es por ello que existen programas para determinados tipos de delitos o conductas, por ejemplo: PROSEVAL (delitos contra la seguridad vial); INTEGRA (para personas con dicapacidad intelectual); PCAS (delitos de agresión sexual)...). La aplicación de estos programas consigue reducir la reincidencia de manera muy exitosa. Por ejemplo, en el caso de los agresores sexuales, tras haber pasado por un programa específico de tratamiento, solo un 7% (algunos informes lo reducen al 3%) vuelve a cometer el mismo delito. Pero esta no suele ser la idea que nos transmiten los medios de comunicación, ¿verdad? 

¿Cómo son los centros penitenciarios por dentro?

Dado que está prohibido tomar instantáneas de los centros, no puedo compartir con vosotros la realidad de los centros que visito, pero veo imperativo divulgar la realidad de cómo son por dentro, para evitar fantasías, por lo que voy a hacer dos cosas. Una es recomendaros que veáis unos reportajes llevados a cabo en la televisión autonómica de Castilla y León, donde visitaron centros penitenciarios y se muestra el interior de los mismos. Otra es compartir algunas fotografías que tomé en mi visita a la cárcel de La Modelo (Barcelona) el pasado diciembre, ahora que ha sido abierta al público. Es cierto que se trata de un centro penitenciario antiguo, pero nos puede dar ciertas ideas sobre su estructura interna y su funcionamiento.

Para empezar, los centros penitenciarios en España son recintos, generalmente apartados de los núcleos urbanos, compuestos por varios edificios (módulos). Lo apartado que se encuentran los centros es un dato relevante porque dificultan muchísimo a los familiares sin recursos visitar a los internos en caso de no disponer de vehículo propio (hay muy pocas líneas de buses, en horarios muy estrictos).

Los módulos agrupan a personas de características parecidas (por ejemplo, jóvenes, o personas con capacidad para respetar ciertas normas y convivir pacíficamente -los denominados "módulos de respeto"). Los equipos técnicos, compuestos por psicólogos, trabajadores sociales, educadores y juristas son quienes valoran a qué módulo debe ir cada persona. Los módulos disponen de patios, o en ocasiones existe un patio central compartido por varios módulos. Generalmente sus paredes suelen ser adornadas por internos, que expresan sus sentimientos a través de las mismas. El caso de La Modelo es único porque se situaba en el barrio del Exiample-Esquerra de Barcelona, y los edificios de alrededor daban con sus balcones al patio.

Uno de los patios de La Modelo. Se pueden observar los dibujos realizados por los propios internos que la habitaron.

También existen los módulos de aislamiento, los más duros de un centro penitenciario, donde la persona permanece más de 20 horas en soledad dentro de su celda, algo que ha sido considerado como perjudicial para la salud psicológica. Precisamente por este posible riesgo psíquico para los internos en aislamiento, en España existe un consejo de profesionales denominado Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura, perteneciente a Defensor del Pueblo, que visita los centros y comprueba sus condiciones, aunque sus sugerencias no parecen estar surtiendo efecto, según sus propios informes.

Los internos viven en celdas (sus "chabolos", como hemos dicho antes). Aquí os dejo un vídeo y una fotografía de una celda individual. Como se puede ver, consta de ducha y aseo dentro de la misma. El material de las paredes es azulejo (ahora suele ser pared lisa) y el mobiliario está anclado al suelo (dependiendo del módulo, esto es así o se dispone de sillas de plástico). Generalmente viven de manera individual o con un compañero del mismo sexo (salvo en el módulo de convivenciales de Madrid VI-Aranjuez, donde puede cohabitar una pareja de internos si la mujer está embarazada o ha tenido a su hijo, hasta que este cumple 3 años), en cuyo caso la celda dispone de una litera. Los internos pueden disponer de televisión, fotografías, libros, ropa (con un volumen limitado, es decir, no visten con uniformes de rayas, ni naranjas, sino con ropa de calle) y tener algunos alimentos dentro que hayan adquirido en el economato (una pequeña tienda básica con horario restringido que existe dentro de los centros atendida por internos de confianza). Vídeo de una celda individual en La Modelo: 

Los internos pueden comunicarse con conocidos (familiares, amigos y abogados autorizados) a través de comunicaciones (visitas a través de un cristal, donde no pueden tocarse) y a través de vis a vis (un tiempo de visita en unas habitaciones específicas, donde pueden hacerse íntimos -con la pareja-, familiares -con padres/hermanos...- y de convivencia -con hijos). Las comunicaciones, que se pueden ver en la fotografía de abajo, se realizan con poca intimidad, dado que las cabinas están situadas una al lado de otra separadas por cristal.

Una cabina de comunicaciones. Solo se pueden transferir objetos si se entrevistan con abogados, en cuyo caso existe una ranura con apertura.

Faltan muchas más estancias por mostrar: el economato (la tienda del centro penitenciario, donde se paga con peculio, el dinero penitenciario que se mantiene dentro de una tarjeta similar a las de crédito, con un importe máximo de carga mensual de 100 euros); los destinos (lugares de trabajo remunerado dentro del centro, tales como Enfermería, Cocina...); el comedor (donde se tienen en cuenta dietas según ciertas religiones o condiciones médicas); las bibliotecas; el salón de actos, etc. Pero valgan estas fotografías como primera presentación sobre los centros. Como se puede comprobar, la arquitectura es austera, fría (los centros suelen ser muy fríos en invierno y muy calurosos en verano). Los ritmos son lentos, dado que en ciertos lugares, para pasar de un sitio a otro primero es necesario esperar a que se cierre la puerta trasera y solo entonces se abrirá la puerta delantera.

Pero estas fotos representan solo una mínima imagen de los centros españoles (cada uno con sus diferencias, dependiendo de los años de construcción). También resulta interesante comprobar qué ocurre en el medio europeo en este sentido. Por ejemplo, un concepto penitenciario muy diferente al nuestro es el que se tiene en Finlandia. Allí existe la prisión de Bastoy, una prisión que ocupa una isla entera de 2km cuadrados, donde los internos viven en chalets debiendo autorregularse ellos mismos (comida, bebida, arreglos, limpieza...). La idea es dotar a los internos de un entorno muy parecido a su futura vida en libertad para que adquieran capacidades realistas. Más abajo podéis ver un vídeo. Vídeo de la Isla de Bastoy:

Otro concepto de centro penitenciario es la prisión de Leoben, en Austria. Este centro dispone de un diseño vanguardista, muy diferente al imaginario colectivo de las prisiones. Las paredes pintadas, la limpieza, los muebles modernos y la disponibilidad de medios como spa o zonas de recreo es muy criticada por algunos, que consideran que se conceden más medios a los que han infringido la ley que a los que no, y muy alabada por otros, que consideran que se humaniza la encarcelación despojándola de la idea retributiva de castigo para aplicarle la idea de castigo útil y adaptado al futuro en libertad. He aquí un artículo en inglés precioso que compara ambas perspectivas, os dejo un fragmento:

"Parece extraño decirlo, pero no obstante, es cierto: castigamos a las personas con arquitectura. El edificio es el método. Colocamos a los criminales en una habitación cerrada, dentro de una estructura cerrada, y los dejamos allí por un período de tiempo específico.
[Algunos dicen] Eso es más grande que mi apartamento. (Los neoyorquinos, en particular, tienden a optar por este argumento). O tal vez debería mudarme a Austria y robar un par de bancos. Es un reflejo, y perfectamente comprensible, aunque también es ignorante y falso, tan sensato como mirar una nueva ala de un hospital y decir: Caramba, me gustaría tener cáncer. Para ser más precisos, la gente libre dice estas cosas. Los presos no lo hacen. Tampoco, en su mayor parte, los guardias, los guardianes o los administradores; ni tampoco los estudiosos legales o expertos en correcciones; tampoco lo hace Josef Hohensinn, quien diseñó la prisión de Leoben. Todos dicen algo más: nadie, por cínico que sea, quiere ir a prisión, por cómoda que pueda ser."

Y es cierto. Nadie desea la privación de libertad, por muy agradable que fuera el entorno donde nos encarcelaran. Los efectos de la prisionización pueden ser letales, como ya adivinaba el poema "La pantera" de Rilke:

"Su mirada, cansada de ver pasar
las rejas, ya no retiene nada más.
Cree que el mundo está hecho
de miles de rejas y, más allá, la nada (...)"

Soy consciente de que falta mucho por contar sobre los centros penitenciarios, como por ejemplo, los antecedentes históricos de los centros penitenciarios; cómo es un día a día dentro de los mismos; qué es la reincidencia y cómo se mide; argumentos a favor y en contra de la prisión permanente revisable; los permisos de salida... 

Pero ya hablaremos de todo eso. Ahora, de momento, una canción.

Saludos mil, Nereida.