Esta pandemia mundial es desde luego un desafío para el ámbito médico y de investigación. No obstante, las medidas que se están tomando para combatirlo, y en especial el estado de alarma, hacen que piense por una parte en sectores de la población en los que tal vez no pensamos diariamente pero que ahora pueden tener protagonismo por su especial vulnerabilidad y que también me plantee preguntas sobre el funcionamiento general de nuestra sociedad. ¿Cuáles son los aspectos colaterales del virus?

SECTORES DE POBLACIÓN CON PROTAGONISMO ACTUAL POR SU VULNERABILIDAD

1. Las personas sin hogar
Una de las medidas del estado de alarma es la restricción de movilidad, lo que ha hecho que se viralice el hastag #Quedateencasa. Ahora bien, ¿nos hemos parado a pensar en cómo afecta esta medida a las personas que habitualmente vemos durmiendo entre cartones en la calle, es decir, que no tienen casa, y que por ello ya han pasado a formar parte del escenario urbano (si la arquitectura hostil no se lo impide)? ¿En qué casa pueden recluirse y de qué manera pueden evitar contagiar y ser contagiados? En España son unos 35.000, solo en Madrid capital hay unos 650.  El Estado ha pensado en ellos (el Ejército se dispone a entregarles material de supervivencia), y también hay estrategias regionales. Ahora bien, ¿qué fecha de caducidad tiene esta bonhomía, y de qué forma puede hacernos volver a la rutina ordinaria sin cierto cinismo? ¿Cómo se puede establecer un límite para decidir durante qué temporada dotar de servicios básicos a estas personas, pero no durante otras? En España al menos contamos con un potente tercer sector que intenta día a día acercarse a ellos. ¿Pero no sería este momento para pensar en estas personas y afrontarlo como un reto social?

2. Las familias sin acceso a Internet o sin portátiles
Otra de las medidas del estado de alarma es hacer docencia no presencial. Seguramente pensemos en Skype, o en plataformas online. Pero para hacer este tipo de docencia, los alumnos necesitan contar con un portátil y con conexión a Internet. Y esto, que a los lectores puede parecer tan descontado, y que seguramente sea lo que os permita estar leyendo ahora estas letras, no es lo habitual en todos los hogares españoles. En España, más de la mitad de la población, un 55,3%, tiene alguna dificultad para llegar a fin de mes, lo cual se agrava en determinados sectores, donde se ve que un 5,5% de la población no puede disponer de ordenador porque ni siquiera puede calentar su casa en temporadas invernales (un 9,1%). ¿Nos damos cuenta, a través de esta medida, de que asumir que la docencia sea haga online, significa asumir que todas las familias pueden llegar a fin de mes y permitirse un ordenador y una cuota mensual de Internet? ¿No estamos olvidando que un sector importante no puede? ¿Y cómo un profesor puede entonces llegar a esos alumnos, sin generar una brecha diferencial con los demás?

3. Los presos y sus familias
Una de las medidas de Instituciones Penitenciarias consiste en cancelar las visitas de familiares (y no obstante aumentar las llamadas, para evitar situaciones de incomunicación). Se entiende esta medida, evidentemente dirigida a contener la expansión del virus. Ahora bien, tratándose de un confinamiento dentro de un confinamiento estatal, ¿están recibiendo la suficiente ayuda psicológica, esa que tanto se distribuye por Whatsapp estos días para quienes nos quedamos en la comodidad de nuestras casas, referente a cómo sobrevivir una cuarentena, y a los síntomas que pueden experimentarse tras estar recluido varios días? En las cárceles españolas la ratio de psicólogos e internos es aproximadamente de 2 por cada 250 de internos. Ya ha habido múltiples quejas sobre el poco tiempo de que disponen para ser atendidos, lo cual no equivale a una dejadez por parte del funcionariado sino a un volumen de trabajo, especialmente administrativo, que impide atenderles de forma pausada y detallada. Las principales actividades acaban siendo aquellas que el tercer sector proporciona, un tercer sector que en este estado de alarma no puede entrar tampoco en las cárceles. ¿Cómo estarán los internos? ¿Dispondrán de medios para evitar contagios? ¿En qué ocuparán sus horas? ¿Y sus familiares, cómo vivirán la imposibilidad de darles apoyo y ánimo en momentos como el que vivimos?

4. Las personas solas
El estado de alarma restringe nuestros movimientos salvo determinadas circunstancias especiales durante al menos 15 días. Desde distintas fuentes se nos anima a emplear este tiempo para recuperar el ocio en familia o encontrar maneras de divertirnos con nuestros allegados. ¿Pero todos en España se recluyen estos días en casa con gente? En nuestro país, según la encuesta del INE, casi 5 millones de españoles están solos. Esto significa que este confinamiento ven la tele solos y hacen, si pueden sus compras solos. Me pregunto si no se estarán incrementando el número de llamadas al Teléfono de la Esperanza estos días, un buen recurso para quienes se sienten con poca compañía.

A estos cinco millones hay que sumar otros 2 millones de parejas monoparentales, que si además son autónomos o pequeños empresarios, seguramente estén sufriendo el revés económico de forma más acusada, pero que especialmente tendrán problemas si sus hijos son menores y acaban ellos mismos cayendo enfermos.

 

Un mundo global exige pensar en global. Imagen obtenida en Pixabay, libre de derechos.

PREGUNTAS SOBRE EL FUNCIONAMIENTO DE NUESTRA SOCIEDAD

Y seguro que me dejo algunos sectores, pero quería incidir sobre una parte de ellos que me han parecido especialmente sensibles. Ahora bien, el estado de alarma no solo me hace pensar en colectivos desfavorecidos, sino también en ámbitos de nuestra sociedad que podrían beneficiarse de una reflexión al respecto de las consecuencias de las restricciones o de la propia pandemia.

1. Ámbito laboral: Teletrabajo y robotización
Una de las medidas que nos requieren es intentar fomentar el teletrabajo al máximo posible. Esto es posible en varios sectores (por ejemplo, la enseñanza), pero muy difícil en otros (por ejemplo, la hostelería o la construcción). Esto me lleva a preguntarme dos cuestiones. La primera es hasta qué punto descubrimos ahora, desde casa, que nuestro trabajo sí puede adaptarse al teletrabajo, de manera que pasada la pandemia podríamos plantearnos incorporarlo, lo cual seguramente facilitaría la conciliación familiar. En Dinamarca teletrabaja un 37% de la población, que solo disminuye al 33% en Suecia. Un estudio de Estados Unidos reflejaba además que aquellos con más exposición al público (y por tanto más riesgo de contagio) son los que menos cobran, abriendo así todavía más una brecha entre trabajadores.

Quizá las políticas de empleo deberían dar paso a un debate que permita ver si el absentismo laboral y las bajas podrían reducirse si los horarios fuesen flexibles, se incrementase la tecnología y se trabajase por objetivos más que por horas de presencia. Asimismo, este debate podría traer consigo otro, que sea el darnos cuenta de qué sectores serán más afectados por la robotización. ¿Puede que muchos de esos puestos de trabajo que hoy no pueden teletrabajar, sean los puestos que no serán invadidos por máquinas en el futuro (no siempre: en algunos restaurantes de Madrid ya atienden robots las comandas)? Ya lo sean o no, ¿no convendría pensar en qué medida los robots ahora nos estarían ayudando, pero también en qué medida cambiarán los puestos del futuro, para ir adaptándonos en sintonía con la tecnología futura? 

2. Ámbito sanitario: registro único
Uno de los principales problemas que se está encontrando para combatir el coronavirus es no contar con cifras conjuntas. Las competencias autonómicas dan lugar a múltiples sistemas sanitarios que no recogen historias unificadas (de manera que tener un percance sanitario en vacaciones conlleva ser atendido en un hospital donde no se conocen nuestros antecedentes), que no cuentan con protocolos homogéneos, y que solo ahora, una vez que se han puesto bajo un mando único, funcionan a la par. ¿Podríamos intentar debatir en qué medida un registro único de pacientes, con sistemas informáticos potentes y competentes podría ayudar a paliar la actual crisis y a facilitar el futuro funcionamiento regular de la administración sanitaria, haciendo realidad así una medida que se lleva pidiendo desde hace mucho tiempo, y que necesitaría además de una reflexión añadida sobre protección de datos? 

Por otra parte, son varios los vídeos de personal sanitario que agradece encontrar salas de urgencias vacías. ¿Nos puede hacer reflexionar esto sobre el indebido uso que le damos a urgencias en periodos de bonanza y tranquilidad, y cómo esto puede impactar sobre el consumo innecesario de recursos sanitarios y hospitalarios?

3. Ámbito criminal: cambio en las metodologías delictivas
Me pregunto si las restricciones de movilidad cambiarán la estadística de delitos de este cuatrimestre. ¿Descenderá en general el número de delitos, o se potenciarán quizá algunos (telemáticos) y descenderán otros? ¿Nos podría ayudar esta situación de restricción, que potencia el uso de las tecnologías, en empezar a pensar en futuros sistemas de prevención, especialmente contra la cibercriminalidad?

4. Ámbito medioambiental: cambio de rutinas, cambio de contaminación
Este periodo de restricción de movimientos también podrá verse en el cielo, en el sentido de en una potencial disminución de gases emitidos a la atmósfera. Los índices de calidad del aire de febrero de 2020 en Madrid fueron malos o muy malos el 38% de los días (es decir, 11 días de los 29 que traía febrero). ¿Podremos ver si la restricción de nuestros movimientos aumentan la calidad del aire de Madrid en marzo, y esto nos podrá hacer pensar cuántos de nuestros movimientos individuales son necesarios, o cuántos podrían sustituirse por medios de transporte públicos?

Y quedan más, muchos más temas colaterales a la crisis que actualmente padecemos. Las viviendas-zulo en las que muchas personas deben recluirse estos días, o el sistema económico que tenemos y que traerá una recesión seguramente. O la empatía con quienes habitan ya de por sí en situaciones de confinamiento (las personas en las cárceles, los animales no humanos en los zoos). O la posibilidad de convertir en online los trámites que actualmente requieren presencialidad.

Pero eso es otra historia. Ahora, de momento, una canción

Nereida Bueno Guerra
Nereida Bueno Guerra

Me cuesta definirme, profesionalmente hablando, porque no me siento representada por una sola materia. De formación soy psicóloga y criminóloga, pero vivo la ciencia de manera interdisciplinar. Eso me ha llevado a trabajar en cárceles y en las sabanas de Tanzania, en aulas y hospitales. Actualmente me adscribo al departamento de Psicología de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde soy la coordinadora académica del área de Criminología. Mi mail: [email protected]

Sobre este blog

Siempre me han caído mal dos ranas viejas que intentan desanimar e imponer una creencia al protagonista del poema «Los encuentros de un caracol aventurero», de Lorca. Os invito a luchar contra esas dos ranas en cada entrada, para que a través del beso divulgativo de la ciencia las transformemos en seres críticos, científicos y curiosos. Para ello hablaremos de todo, pero con especial atención a la psicología, criminología, la evolución y el lenguaje.

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