¿Cuántas palabras conoces en castellano que terminen con la letra "m"? Aunque en un principio parece que no habrá muchas, si uno no hace trampas buscándolas en internet, se sorprende al encontrar que hay varias de uso tan cotidiano como "currículum", "módem" o "zoom". Pero hoy quisiera centrarme en otra menos frecuente: gólem.

Llego a gólem a través de una lectura improvisada durante el confinamiento. Se trata de "Los poetas que no fueron". Lo firma Jean Murdock (que es Carmen) y lo ilustra José María Casanovas (que fue Trueno) en la editorial Thule hace ya diez años. Se trata de un juego con el lector: una serie de personajes y conceptos clásicos procedentes de películas o libros, firman un poema autorreferencial. Uno de esos personajes es Pinocho.

Todo el mundo conoce la historia de Pinocho, ese muñeco de madera al que le crecía la nariz cuando mentía. Sin embargo, esta historia infantil con tintes moralinos (que en sus orígenes era cruel y macabra, a lo Struwwelpeter alemán, pero que Disney dulcificó), guarda un halo existencialista que suele pasar inadvertido. La historia de Pinocho es la historia de una creación inmaterial que cobra vida humana, algo que ha perseguido (¡y persigue!) incansablemente la humanidad desde tiempos remotos junto a otros desiderátums como la piedra filosofal. Ya en la Antigua Grecia se cuenta que Pigmalión, un escultor chipriota, no encontrando la mujer ideal con la que casarse, confeccionó en mármol una estatua de una mujer perfecta a la que dio por nombre Galatea y solicitó a Afrodita que le diese vida. Afrodita, compadecida, lo haría, y esto se inmortalizó en el cuadro de Jean-Léon Gérôme.

Pigmalión y Galatea, del pintor Jean-Léon Gérôme, realizado en 1890.

La criatura del Dr. Frankenstein, ese monstruo hecho a base de trozos de cadáveres que despierta en un laboratorio, no es más que otro tipo de Pinocho, como también lo fueron los RUR de Čapek (que dieron origen a la palabra "robot") o los robots clónicos de Philip K. Dick y los más recientes Eric, Fedor o Sophia (que, por cierto, ya tiene ciudadanía saudí). El halo de vida de Pinocho es el mismo halo de vida que vemos en los clones (por ejemplo los de Ishiguro, que ya intuyó de alguna manera Paracelso con sus homúnculos creados por alquimia "a través del esperma putrefacto de un hombre") o en el Adán bíblico y la Pandora helénica, que cambiaron la madera por el barro para hacerse humanos tras un toque divino. Todos estos personajes comparten algo en común: son gólems.

Creo que no he comentado anteriormente mi pasión por lo pop-ups. Uno de los favoritos de mi colección es esta increíble adaptación de Frankenstein en SM, dirigido editorialmente por Elsa Aguilar en 2009

Gólem (además de un cine con buena cartelera) es un término que hace referencia a una criatura incompleta, formada por materia inerme, que es capaz de cobrar vida. Se trata de la búsqueda humana por excelencia, la de saber crear un semejante que no nazca de útero sobrepasando así todos los conocimientos acumulados sobre biología. Para buscar su origen, debemos retrotraernos a la literatura talmúdica, es decir a la tradición judía. Allí encontramos la historia de un gólem que, también a base de barro, habría sido creado en numerosas ocasiones para salvar al pueblo judío de las diferentes amenazas que iba encontrando a lo largo de las épocas, si bien en muchas ocasiones estar dotado de vida no era sinónimo de estar dotado de pacifismo o inteligencia. Así se cuentan historias de ataques violentos o de acciones burdas y poco sensatas por parte de los gólems. Pero lo interesante es saber cómo explican los hebreos la manera de dotarles de vida. Según la tradición, en su frente habría que escribir una palabra. Y en un mundo que aún no conocía la electricidad (o solo era capaz de encontrarla en los truenos y en los peces y usarla para combatir dolores de cabeza), ¿qué palabra podría ser aquella que tuviera tanta fuerza como un golpe de electrones para despertar al primer hombre creado por el hombre? Si tuvieras que escoger esa palabra, ¿cuál sería?

Los hebreos lo tuvieron claro: ¡la verdad! ¿Qué otra cosa si no la Verdad podría despertar a un nuevo hombre? La palabra que ha seducido a cientos de generaciones de filósofos y que ha iluminado el conocimiento universal. Creo que ninguno de nosotros podría estar más de acuerdo con una elección tan conveniente. Así, muy bien traído por Casanovas, en Los poetas que no fueron, Pinocho aparece tatuado en la frente con la palabra אמת (de pronunciación "Emet", la verdad). Pero, ¿y si el gólem demuestra esa violencia o esa torpeza de la que se hablaba antes? ¿Cómo se podría terminar con él, en ausencia de interruptor? El término hebreo escogido se vuelve aún más adecuado: si se borra la primera letra de la palabra, la letra alef, quedará entonces solo מת (de pronunciación "Met"), que significa "muerte". No sé a vosotros, pero a mí no se me ocurre una historia lingüística mejor (si bien habrá que recordar que los hebreos tienen escritura de derecha a izquierda para borrar la letra adecuada y no dejar al gólem catatónico).

Esta ilustración, ejecutada por José María Casanovas, aparece en el libro "Los poetas que no fueron", de la editorial Thule. En ella, el autor une de forma coherente la historia italiana de la marioneta de madera que cobra vida con la tradición judía sobre cómo dar vida a los gólems al situar la palabra hebrea "Verdad" en la frente de Pinocho.

Y de todos los gólems posibles, hay uno especialmente relevante para los judíos. Se trata del gólem de Praga, que habría sido construido por el Rabbi Löw a partir de barro de las orillas del río Moldava, para proteger al barrio judío de los ataques antisemitas que se produjeron durante el siglo XVI bajo la creencia de que los judíos eran los responsables de la desaparición de un niño para usar su sangre en ciertos rituales. Una vez escribió la palabra Emet en su frente, se cuenta que el rabino le encomendó la tarea de buscar al niño perdido y que el gólem se habría presentado con él en brazos justo antes de que un juez condenara a los judíos como culpables, salvando así a la comunidad. En esta historia el gólem surge para un beneficio colectivo y no para un beneficio individual (como el que llevó a Pigmalión a construir su propia esposa). No obstante, investigaciones historiográficas posteriores han descartado la existencia de ese antisemitismo en la época o la atribución de cualidades místicas a Rabbi Löw, pero en el imaginario judío, y especialmente los textos de la Cábala (la escuela esotérica y mística judía por excelencia, del que Gershom Scholem es uno de sus máximos representantes) sigue existiendo con mucha fuerza.

Una vez explicada la historia del gólem del Praga, tal vez cobre más sentido que nunca compartir unos fragmentos del poema "El gólem", de Borges (tenemos la suerte de que lo recitara en vida), donde en cada uno de los versos, como si fuera un juego, se encuentran escondidas múltiples referencias históricas. Con la información de esta entrada, ¿eres capaz de encontrarlas?

"(...) Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales. (...)

Los artificios y el candor del hombre
no tienen fin. Sabemos que hubo un día
en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
en las vigilias de la judería.

No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia,
aún está verde y viva la memoria
de Judá León, que era rabino en Praga.

Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave, (...)

El simulacro alzó los soñolientos
párpados y vio formas y colores
que no entendió, perdidos en rumores
y ensayó temerosos movimientos.

Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.

(El cabalista que ofició de numen
a la vasta criatura apodó Golem;
estas verdades las refiere Scholem
en un docto lugar de su volumen.) (...)

Tal vez hubo un error en la grafía
o en la articulación del Sacro Nombre;
a pesar de tan alta hechicería,
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre. (...)

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
ya que a su paso el gato del rabino
se escondía. (Ese gato no está en Scholem
pero, a través del tiempo, lo adivino.) (…)

El rabí lo miraba con ternura
y con algún horror. '¿Cómo' (se dijo)
'pude engendrar este penoso hijo
y la inacción dejé, que es la cordura?'

'¿Por qué di en agregar a la infinita
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?'

En la hora de angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?"

Como se puede ver en el poema, las historias de los gólems siempre suelen terminar con un castigo o un arrepentimiento humano por haberse querido acercar a la omnipotencia divina, al poder creador. Por eso Prometeo termina a malas con los dioses, y la torre de Babel termina con la diversidad de lenguas. Resulta así curiosa por tozuda esta búsqueda humana constante por "jugar a ser Dios", que según algunos es la obligación del hombre, y esta consecuencia punitiva por parte de los seres divinos.

Sin embargo, he de confesar que de este poema mis versos favoritos son precisamente los iniciales, los que he cortado, porque en ellos se explica, en mi opinión, la esencia del lenguaje humano. Y como la historia del gólem es una historia de la esencia humana y de una pirueta lingüística exquisita para darle vida y terminar también con ella, quisiera finalizar esta entrada compartiéndolos:

"Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa,
en las letras de 'rosa' está la rosa
y todo el Nilo en la palabra 'Nilo'."

La arbitrariedad es una característica del lenguaje que me cuesta a veces explicar en clase para que se entienda de manera fácil. La arbitrariedad consiste en la elección aleatoria por parte de los humanos de un conjunto de letras que, unidas, dan lugar a una palabra y todos los hablantes de esa comunidad lingüística acuerdan que, en efecto, esa sucesión de letras, que bien podría ser otra, va a referirse siempre a una determinada cosa. Así, la palabra "Nilo", en nada se parece y en nada recuerda al río (a diferencia de ciertas grafías en chino, que intentan emular la cosa que representan), pero todos estamos de acuerdo en que esa letra, la N, y después esa otra, la I, y así sucesivamente, aluden al río egipcio. La elección podría haber sido diferente. Podríamos haber acordado que fuese "Pabo", o "Huque", pero no, escogimos Nilo. La elección es aleatoria (arbitraria), pero el significado es constante. Borges comienza así su poema porque da relevancia a que fuese la palabra "verdad" la que convirtiera el barro en un humano "de verdad", y sitúa así en el lenguaje la fuerza de la vida.

Se nos quedan por el camino cientos de historias de alquimias, o anécdotas de la etimología, que nos une con humanos pretéritos en sus elecciones lingüísticas arbitrarias pero actualmente vinculantes con otros significados.

Pero eso es otra historia. Ahora, de momento, una canción.

Nereida Bueno Guerra
Nereida Bueno Guerra

Me cuesta definirme, profesionalmente hablando, porque no me siento representada por una sola materia. De formación soy psicóloga y criminóloga, pero vivo la ciencia de manera interdisciplinar. Eso me ha llevado a trabajar en cárceles y en las sabanas de Tanzania, en aulas y hospitales. Actualmente me adscribo al departamento de Psicología de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde soy la coordinadora académica del área de Criminología. Mi mail: [email protected]

Sobre este blog

Siempre me han caído mal dos ranas viejas que intentan desanimar e imponer una creencia al protagonista del poema «Los encuentros de un caracol aventurero», de Lorca. Os invito a luchar contra esas dos ranas en cada entrada, para que a través del beso divulgativo de la ciencia las transformemos en seres críticos, científicos y curiosos. Para ello hablaremos de todo, pero con especial atención a la psicología, criminología, la evolución y el lenguaje.

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