Si bien se desconoce más del 90 por ciento del funcionamiento del cerebro humano, una cosa parece clara, al menos desde la perspectiva de la neurociencia:  la dualidad mente y cerebro se ha superado.

 

“Mente sin cerebro no existe", afirmó Francisco Rubia, catedrático de fisiología de la Universidad Complutense de Madrid durante su conferencia Las bases neurológicas de la imitación y la empatía impartida  hace una semana en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB).  A ello sumó un tercer y relevante elemento: el entorno. “Todas las facultades mentales necesitan un entorno para desarrollarse". De hecho,  el autor de libros como El cerebro nos engaña recordó que el encéfalo se encuentra en un cambio constante.

 

Francisco Rubia en un momento de su conferencia Bases neurológicas de la imitación y la empatía .
 / CCCB Miquel Taverna, 2012


 

Empatía e imitación

 

En relación a la empatía, además de la función de las neuronas espejo y de regiones cerebrales como la corteza prefrontal (ésta no madura hasta los 20 y 30 años, especificó)  y el área de Broca, el conferenciante destacó 4 factores característicos de la capacidad de ponerse en piel ajena:

 

1. la presencia en nosotros mismos de un estado afectivo;

2. un isomorfismo entre ese estado propio y el de otra persona;

3. la provocación del propio estado afectivo por la observación o imaginación del estado del otro;

4. el conocimiento de que el estado afectivo de la otra persona es la causa del nuestro.

 

En este sentido, apuntó que los psicópatas carecen de empatía (*), es decir, no se implican emocionalmente en lo que le sucede a sus víctimas, aunque sí pueden entender los estados mentales de los otros, incluidos los estados afectivos. En definitiva, son más mentales que emocionales. De hecho, se ha descubierto que la mentalización y la empatía tienen una base neurobiológica distinta. Según concluyó Rubia: "Todavía sabemos muy poco del cerebro, no creo que lleguemos al 10 por ciento".



  
Wikipedia Commons/ Universal Studios


(") En la ficción, caso de la película El doctor Frankenstein (1931), inspirada en la novela de la escritora Mary Shelley (1797-1851), mente y cerebro ya aparecen como indisolubles. El  doctor Henry Von Frankenstein aprovecha el cerebro de un criminal para llevar a cabo su experimento: construir, a partir de trozos de cadáveres, un nuevo ser humano. El encéfalo del anterior propietario dotará a la reconstruida criatura (interpretada por Boris Karloff, en la imagen) de instintos crueles.


Artículos relacionados:

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Yvonne Buchholz
Yvonne Buchholz

Redactora de Mente y cerebro.

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"...y en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende" — Pedro Calderón de la Barca ("La vida es sueño")

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