Chisteras, paraguas, cajas, cartas, aros, cuerdas, pañuelos de colores.... Un sinfín de objetos, que mezclados con dosis de humor y emoción logran crear un mundo de ilusiones. Mas, con todo ello no es suficiente, resta un ingrediente imprescindible. ¿Adivinan cuál es?

 

 

 

 



“Sin la mente de un público no existe el arte de la magia.”

 

 

 

 De izquierda a derecha, Miguel Ángel Egea, Stephen Macknik y Susana Martinez-Conde durante la conferencia "Neurociencia y Magia". 




La frase corresponde a Miguel Ángel Egea, mago que desde hace unos tres años coopera con los neurocientíficos en su búsqueda tras las explicaciones de cómo la magia aprovecha los fallos perceptivos del cerebro para desarrollar los trucos. Una pesquisa que contribuye a que los expertos en neurociencia ahonden en el funcionamiento del cerebro.

 

Sentir la magia

“El mago no necesita engañar, permite que nos engañemos a nosotros mismos”, afirmó por su parte Stephen Macknik, doctor en psicobiología por la Universidad de Harvard y director del laboratorio de neurofisiología del comportamiento del Instituto Barrow de Phoenix, durante la conferencia "Neurociencia y Magia" que se celebró el pasado martes en CosmoCaixa de Barcelona con motivo del Año de la neurociencia 2012. Junto a Macknik y Egea intervino en la charla Susana Martinez-Conde, directora del laboratorio de neurociencia visual del Instituto Barrow de Phoenix y neurocientífica experta en investigar las bases neuronales de la percepción visual y sensorial. Un trío que trabaja mano a mano para averiguar los secretos de un espectacular tándem: la magia y la  neurociencia. Ambas disciplinas beben la una de la otra. Sin por ello olvidar otra pieza clave, la psicología de las emociones.

 

Fue Egea quien hizo hincapié en ese punto. Según señaló, las emociones desempeñan una relevante función para que el mago logre que el público sienta la magia. Si el mago consigue esa complicidad con el espectador, mediante empatía, simpatía y humor, es poco probable que el auditorio tenga como objetivo encontrar la “trampa” de la ilusión. En cambio, un público cerrado tiende a ello.


Martinez-Conde dio cuatro pinceladas de los términos científicos que se utilizan en neurociencia para referirse a ciertas prácticas del arte de la magia. Entre ellos:

 

Ilusión óptica: ilusión que se aprecia en la realidad por efectos físicos (un lápiz que parece torcerse al introducirlo en un vaso de agua).

 

Ilusion visual: se produce en el cerebro, la relación con el mundo real es diferente que en el primer caso, ya que la ilusión no coincide con el contenido real.

 

Misdirección: el mago desvía la atención del espectador (a través de su mirada o palabra) para que no perciba el método  (“truco”).

 

Misdirección abierta: el mago redirige la mirada del público a otro lado para que no vea el método.

 

Misdirección encubierta: más maquiavélica que la anterior, en ella el mago desvía la atención del espectador sin que este cambie la posición de la mirada (el espectador mira sin ver).

 

Para terminar, cual abracadabra, la definición de Martinez-Conde para MAGIA:

 

La magia nos permite

ver algo que no existe,

dejar de ver algo que sí existe,

ver algo diferente a lo que existe.

  

[artículos relacionados: “Magia y cerebro”, por S. Martínez-Conde y S. Macknik, en Investigación y Ciencia n.º 390]

 

 

Yvonne Buchholz
Yvonne Buchholz

Redactora de Mente y cerebro.

Sobre este blog

"...y en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende" — Pedro Calderón de la Barca ("La vida es sueño")

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