Los circuitos neuronales que conectan el cerebro con el cuerpo se encuentran cruzados, o sea, el lado derecho del cuerpo se controla mediante el hemisferio izquierdo y el izquierdo con el derecho (excepto en sistemas muy antiguos evolutivamente como el olfativo; de las razones de esta organización, que podrían incluir la minimización de errores en el cableado, hablaremos otro día). Teniendo esto en cuenta, algunas influyentes teorías sobre la especialización en el uso de las manos apuntaban a que ésta apareció como subproducto de la lateralización cerebral: las personas escribirían en su mayoría con la mano derecha, o se comunicarían mediante gestos preferentemente con esta mano porque hablan y comprenden el lenguaje con el hemisferio cerebral izquierdo*. (Ejem, sí, tienen razón: esto únicamente traslada el problema a por qué hablamos con el hemisferio izquierdo).

Con cierta manía antropocéntrica, algunos científicos defienden que la lateralización cerebral, acompañada de la especialización hemisférica del lenguaje (y de ciertos comportamientos psicóticos) pertenecen a un mismo evento evolutivo que dio lugar a la especiación de los humanos. Estas características dependerían, pues, de los mismos genes. Lagunas de estas hipótesis: a) no tenemos, ni por asomo, una idea clara de cuales son las bases genéticas de la lateralización y b) los humanos no somos los únicos animales lateralizados.

En efecto, existen animales diestros y animales zurdos. Pero, ¿se trata de una analogía, es decir, caminos evolutivos diferentes que han convergido en la misma característica, como proponen los defensores de la hipótesis de la especiación de los homínidos debida a la aparición del lenguaje? ¿O es una homología, o sea, las especies han seguido el mismo camino evolutivo? Probablemente la lateralización en animales no humanos y en humanos tenga raíces comunes, si bien su significado funcional podría haber cambiado un tanto en nosotros.

Los ojos colocados a los lados del cráneo y cuerpos callosos (el circuito neural que une y comunica entre sí ambos hemisferios) muy poco desarrollados, dando lugar a hemisferios casi independientes, podrían haber contribuido a la aparición de la lateralización. Las aves constituyen un excelente modelo de estudio, ya que la mayoría cumplen con ambas condiciones. Como no tienen manos, se han investigado sus respuestas mediante sencillos e ingeniosos experimentos. No se reconocen en un espejo, así que se puede utilizar uno para hacer creer a una codorniz que se encuentra ante un individuo desconocido sin exponerla al peligro de una pelea. En esta situación, las codornices observan al intruso con el ojo derecho, mientras que si se les presenta a un individuo familiar, lo mirará con el izquierdo. Si nosotros poseemos la zona del lenguaje en el hemisferio izquierdo, la situación es idéntica en aves canoras, y se sabe que la lateralización del canto, equiparable a nuestro lenguaje, es paralela a una asimetría motora, ya que el control de sus músculos bucales se ejerce por el hemisferio izquierdo.

Pero no solo de aves viven los investigadores. Los ejemplos pueden encontrarse en muchas especies, y se han estudiado profusamente en universidades tan distantes como las de Nueva Inglaterra en Australia, Auckland en Nueva Zelanda o Trento en Italia: peces y primates también utilizan el hemisferio derecho para reconocer a los individuos familiares; sapos, lagartijas y babuinos controlan sus comportamientos agresivos con este hemisferio, que recordemos parece ocuparse del comportamiento emocional; en sapos, ratas y macacos, entre otros, el hemisferio izquierdo está especializado en la producción y percepción de las vocalizaciones utilizadas para comunicarse entre sí.

De los estudios en animales se concluye que la especialización podría ser ventajosa por el ahorro de espacio que supone en el cerebro, gracias a la distribución de las tareas entre los hemisferios, y por la mayor rapidez computacional que confiere esta organización. Además, en reptiles y aves, con hemisferios pobremente conectados entre sí, la utilización de un ojo u otro para identificar un estímulo, es decir, de un hemisferio u otro, conseguiría emitir las respuestas adecuadas frente a éste más rápidamente, evitando contradicciones.

En efecto, los animales lateralizados suelen ser más eficaces que los no lateralizados, explicando que la lateralización se haya seleccionado en individuos aislados. Pero la mayor eficacia de un individuo no explica la lateralización a nivel poblacional, que se considera como tal cuando más del 50% de los sujetos de una población la presentan con una dirección específica. En este caso, se da una condición bastante curiosa: todas las especies lateralizadas a nivel de población son gregarias, si bien esto no se cumple a la inversa, es decir, existen poblaciones gregarias que no están lateralizadas. ¿Cuál podría ser la ventaja de las primeras? Encontramos varias. Por ejemplo, cuando vives en comunidad, si escapas hacia el mismo lado que tus vecinos, escondiéndote en la masa, encuentras protección. Se sabe que los algunos peces presentan una marcada tendencia a escapar casi siempre hacia la derecha. Es más, en individuos fósiles se han encontrado marcas que podrían ser de dentelladas que apuntan a esta misma dirección de escape.

La lateralización poblacional pudo evolucionar también con el comportamiento social. Cuando las sinergias son importantes en la población, los porcentajes de individuos con la misma dirección en la lateralidad son mucho más altos. Tenemos nuestro propio ejemplo, pero también pueden encontrarse en otros animales. Los macacos diestros sufren menos ataques y más interacciones amistosas de acicalamiento, lo que les hace más abundantes; en poblaciones de pollos, las jerarquías son más sólidas cuando la mayoría se encuentran lateralizados hacia la misma dirección.

Eso sí, por qué cerca del 90% de los humanos son diestros y el 90% de los loros, zurdos...seguimos sin saberlo. 

Referencias

Bisazza A, Rogers LJ, Vallortigara G. The origins of cerebral asymmetry: a review of evidence of behavioural and brain lateralization in fishes, reptiles and amphibians. Neurosci Biobehav Rev. 1998 May;22(3):411-26. 

Corballis MC. Of mice and men - and lopsided birds. Cortex. 2008 Jan;44(1):3-7.

Corballis MC. The evolution and genetics of cerebral asymmetry. Philos Trans R Soc Lond B Biol Sci. 2009 Apr 12;364(1519):867-79.

*Actualización, Julio de 2014: Recientemente, han aparecido nuevas evidencias en contra de esta hipótesis.

Carmen Agustín Pavón
Carmen Agustín Pavón

Profesora ayudante doctora de la Universitat de València. Me doctoré en Neurociencias por la misma universidad, con una estancia breve en la Università di Roma La Sapienza. Trabajé como investigadora en la University of Cambridge, Centre de Regulació Genòmica de Barcelona e Imperial College London, y como profesora en la Universitat Jaume I de Castelló. Además, soy zurda, aprendiz de todo y maestra de nada.

Sobre este blog

"Que la actividad desarrollada de manera tan imperfecta haya sido y sea todavía para mí fuente inagotable de alegría, me hace percatarme de que la imperfección al llevar a cabo la tarea que nos hemos fijado o que nos ha sido asignada, se ajusta más a la naturaleza humana tan imperfecta que no la perfección."

Rita Levi-Montalcini, Elogio de la imperfección

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