Según una revisión publicada en 2011, el sesgo es especialmente acusado en Neurociencia y en Farmacología, disciplinas en las cuales los autores de dicho estudio se encontraron 5 artículos utilizando exclusivamente machos por cada uno que utilizaba hembras1.

Tradicionalmente, se ha supuesto que trabajar con animales de sexo femenino era menos fiable y más costoso, debido a la variabilidad en sus respuestas fisiológicas y comportamentales acorde a sus ciclos hormonales*. Un reciente metaestudio acaba de desterrar esta posición2, al demostrar que los machos de roedor son tanto o más variables que las hembras. Es por tanto responsabilidad de los científicos que trabajan con animales el diseñar cuidadosamente sus estudios, teniendo en cuenta la variabilidad interindividual, mejorando los métodos experimentales y aplicando cuidadosamente los análisis estadísticos que permitan una interpretación fiable de los datos.

También se ha tendido a pensar que los resultados obtenidos en machos son extrapolables a hembras, pero no a la inversa, algo absolutamente sin fundamento, si tenemos en cuenta la presencia de dimorfismo sexual a todos los niveles, desde el genético al comportamental**. Dimorfismo que no sólo afecta a los estudios con animales, sino también a los estudios que utilizan cultivos celulares, de los que raramente se tiene en cuenta el sexo3.

 

Fuente de la imagen: Nature.

Pero esta situación, al menos en lo que concierne a los estudios patrocinados por el Instituto Nacional de Salud (NIH) de los Estados Unidos, está a punto de cambiar. A partir de octubre, el NIH pedirá a los investigadores que aspiren a financiar sus proyectos mediante los fondos de dicho organismo que prevean utilizar en sus investigaciones animales y/o células de ambos sexos, de manera que los estudios desarrollados permitan investigar las posibles diferencias entre sexos en la susceptibilidad al desarrollo de las enfermedades -por qué, por ejemplo, la esquizofrenia afecta a más hombres que a mujeres, o la depresión a más a mujeres que a hombres- y en la eficacia de los tratamientos experimentales4. Esta medida sigue a la política que se estableció tan tarde como en 1993 para los estudios clínicos con pacientes, en los que hasta entonces también los varones eran la gran mayoría, y previsiblemente ayudará a que profundicemos en nuestra comprensión de la enfermedad y los mecanismos por los cuales algunos individuos son más proclives a sufrirla que otros, a veces en función de su sexo.

Referencias

1. Beery AK, Zucker I. Sex bias in neuroscience and biomedical research. 2011. Neuroscience and Biobehavioral Reviews; 35(3):565-72.

2. Prendergast BJ, et al, 2014. Female mice liberated for inclusion in neuroscience and biomedical research. Neuroscience and Biobehavioural Reviews; 40:1-5.

3. Pollitzer, E. 2013. Biology: Cell sex matters. Nature; 500, 23–24

4. Clayton, J.A. & Collins, F.S. 2014. Policy: NIH to balance sex in cell and animal studies

Notas

Agradezco a la Dra. Lucía Hipólito, investigadora de la Columbia University de New York, la idea de esta nota.

*Tengo experiencia en este problema. Realicé mi tesis doctoral íntegramente con ratones de sexo femenino, investigando la neuroquímica y neuroanatomía subyacente a la atracción por feromonas sexuales en estos animales. Invariablemente, siempre que he presentado mi trabajo en congresos, la primera pregunta era la misma "¿Por qué no trabajáis en machos? Seguro que la respuesta de las hembras frente a las feromonas depende de su estado hormonal...". Y mi respuesta siempre fue la misma: en un trabajo previo (mi primer trabajo de laboratorio, en el que mi nombre sólo aparece en los agradecimientos) habíamos demostrado que, mientras la receptividad de las hembras de ratón (es decir, si permiten la cópula o no) depende de su fase del ciclo estral, la atracción que sienten por las feromonas masculinas se mantiene constante a lo largo del mismo. Es más, durante años hemos repetido los experimentos en hembras vírgenes obteniendo resultados consistentes independientemente de la fase del ciclo estral. Aún más, las hembras de ratón agrupadas sincronizan su ciclo, y en ausencia de interacción con los macho, no entran en celo. Casi nunca fui capaz de convencer a mi audiencia de que nuestros procedimientos eran adecuados. Referencia: Moncho-Bogani J, et al. Attraction to male pheromones and sexual behaviour show different regulatory mechanisms in female mice. Physiol Behav. 2004 May;81(3):427-34.

**Me viene a la cabeza si influirá en esta preconcepción el hecho de que, lingüísticamente, lo masculino sea lo general -que el término "hombre" incluya a la humanidad entera.

Carmen Agustín Pavón
Carmen Agustín Pavón

Profesora ayudante doctora de la Universitat de València. Me doctoré en Neurociencias por la misma universidad, con una estancia breve en la Università di Roma La Sapienza. Trabajé como investigadora en la University of Cambridge, Centre de Regulació Genòmica de Barcelona e Imperial College London, y como profesora en la Universitat Jaume I de Castelló. Además, soy zurda, aprendiz de todo y maestra de nada.

Sobre este blog

"Que la actividad desarrollada de manera tan imperfecta haya sido y sea todavía para mí fuente inagotable de alegría, me hace percatarme de que la imperfección al llevar a cabo la tarea que nos hemos fijado o que nos ha sido asignada, se ajusta más a la naturaleza humana tan imperfecta que no la perfección."

Rita Levi-Montalcini, Elogio de la imperfección

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