En muchas tradiciones asiáticas, el mundo está plagado de dioses: toda forma de vida es sagrada. Por eso, me cuentan mis colegas japoneses1 y coreanos, en los centros de investigación de sus países hay un día al año en el que no se sacrifica ningún animal de experimentación, y se realizan ofrendas en su honor.

En Europa no tenemos tradiciones tan espirituales2. Lo que sí tenemos es una legislación que debe conocer y cumplir cualquier investigador que desee llevar a cabo un proyecto en biología fundamental –para investigar cuestiones básicas de biología sin las cuales sería imposible avanzar en disciplinas como la medicina- o biomedicina –con el objetivo de desarrollar y validar nuevas terapias que puedan ser utilizadas para mejorar la salud y la esperanza de vida de los pacientes (no sólo los pacientes humanos, también existe investigación para mejorar la ciencia veterinaria)- utilizando animales de experimentación. La legislación, en vigor a nivel europeo, impone una serie de pasos a seguir que implican una formación exhaustiva y la redacción de un proyecto específico como complemento del proyecto científico, que cubra los aspectos éticos de éste, y que es sometido a una evaluación continua por parte de los comités de ética que posee cada centro de investigación. Veamos como funciona el proceso paso a paso.

En primer lugar, tanto los investigadores principales como todo el personal que vaya a estar en contacto con los animales debe completar un curso, impartido por veterinarios y especialistas en animales de laboratorio, que cubre aspectos como el correcto manejo, métodos de analgesia y anestesia, como observar e identificar correctamente los signos de sufrimiento en las distintas especies animales y como ponerles remedio, etc. (En Reino Unido, además, hay formación específica acerca de la historia de los movimientos animalistas, su ideología, e incluso como protegerse de ellos, ya que en el pasado, organizaciones como la BUAV podían llegar al acoso y la agresión a los investigadores). Una vez completado este curso, los investigadores han de aprobar un examen relacionado, cuyos resultados se envían a la Consejería que toque (por ejemplo, en Cataluña depende de la Generalitat), que en unas semanas coteja los resultados y da el visto bueno a que el investigador comience su trabajo.

Es entonces cuando los investigadores redactan un proyecto en el que se deben seguir a rajatabla las "3 Rs": Reemplazo, Reducción y Refinamiento. Reemplazo porque no se puede llevar a cabo ninguna investigación en animales que pueda ser realizada mediante métodos alternativos, por ejemplo, utilizando cultivos celulares o experimentos in silico. Reducción, porque el investigador tiene la obligación de utilizar siempre el mínimo número de animales que permita sacar conclusiones estadísticamente significativas, y para lo cual está obligado a presentar qué métodos estadísticos va a utilizar con este fin. Refinamiento, porque el investigador está obligado a utilizar la especie animal más adecuada para sus fines, y los métodos más avanzados disponibles en su campo, que provoquen el menor sufrimiento o incomodidad a los animales, y que permitan obtener los resultados más fiables. El Centro Nacional para las 3R en Reino Unido recoge proyectos específicos con los que los investigadores trabajan para hacer posibles estos tres objetivos. Como se puede observar aquí, el número de proyectos estudiando métodos que permitan el total reemplazo de los animales vertebrados por otros métodos de investigación es igual al destinado a los otros dos objetivos juntos. Este dato muestra que el esfuerzo dedicado por los propios investigadores en esta dirección, al contrario de lo que piensan algunos, es grande.

 

Eligiendo la especie adecuada para estudios en Neurociencias. Aunque ratas y ratones (y otros roedores en menor medida) son los más utilizados, otros animales pueden sustituirles según los objetivos de la investigación. Así, invertebrados como las moscas pueden proporcionar valiosos modelos para investigar los mecanismos de enfermedades neurológicas a nivel genético y molecular. El uso de reptiles y aves es menor, y cuando se utilizan generalmente es para entender la evolución del cerebro. Animales mayores, como ovejas o pequeños primates sólo se suelen utilizar, y en números muy reducidos, en Neurociencia traslacional, es decir, en estudios pre-clínicos de tratamientos que serán utilizados inmediatamente después en pacientes humanos como tratamientos experimentales. La investigación biomédica con simios (chimpancés, bonobos, gorilas) está prohibida en Europa. 

En este proyecto ha de figurar de forma clara el número máximo de animales y el límite de sufrimiento al que está permitido someterlos (por ejemplo, la producción de modelos animales modificados genéticamente para investigar enfermedades humanas se considera en sí un procedimiento severo, y se somete a los controles más estrictos). Además, el proyecto incluye una búsqueda bibliográfica actualizada, para asegurar que los experimentos propuestos no son redundantes.

Este proyecto se envía al comité de ética (formado por veterinarios, expertos en bienestar animal e investigadores) para su evaluación, que normalmente propone modificaciones y mejoras que el investigador debe incluir, hasta que todos sus miembros están de acuerdo en que el proyecto cumple con los objetivos de la legislación europea vigente (normalmente en este proceso se invierten semanas e incluso meses de trabajo, y varios borradores y versiones, hasta que se acepta la versión definitiva). Nuevamente, este proyecto ha de ser validado por la Consejería (o el Ministerio de Interior, en Reino Unido) antes de que se pueda tocar un solo animal. En Cataluña, estos proyectos se revisan anualmente, y el comité de ética suele proponer modificaciones si han surgido nuevas técnicas, o si nuevos resultados invalidan que se siga investigando en la línea propuesta. En Reino Unido son válidos por cinco años.

Nunca se puede rebasar el número máximo de animales especificado, ni someter a los animales a técnicas que no se recojan en el proyecto. Si un investigador no sigue las reglas (y por ejemplo en Reino Unido hay visitas imprevistas de inspectores del Ministerio a las instalaciones que trabajan con animales casi cada semana), se le retira la licencia y se impide que siga desarrollando su trabajo. Esta es sólo una de las razones por las que el investigador es el primer interesado en cumplir con las reglas que promueven el bienestar animal.

Otras razones son, por ejemplo, que el sufrimiento de los animales afecta directamente a sus respuestas comportamentales, a cómo responden a los tratamientos, etc. invalidando los resultados, y haciendo que los investigadores pierdan el tiempo y el dinero de sus investigaciones. Otra, no menos importante, es que pese a lo que puedan pensar algunas personas, los investigadores –al menos aquéllos que conozco- son seres humanos con principios éticos a los que no les gusta infligir sufrimiento gratuito.

La legislación europea (y británica) de la que acabo de hablar cubre a todos los animales vertebrados y sus formas embrionarias, así como al invertebrado Octupus vulgaris. Esta distinción sorprende a mi colega indio, ya que, siendo hindu, para él las moscas con las que trabaja merecerían la misma protección que mis ratones. Como mis colegas japoneses y coreanos, no olvida agradecer a sus Drosophila melanogaster la posibilidad que le brindan de comprender un poco mejor el funcionamiento de la vida.

Más información y referencias

Regulación Europea: Directive 2010/63/EU of the European Parliament and of the Council

Regulación Británica: Animal (Scientific Procedures) Act 1986

National Centre for Replacement, Refinement & Reduction of Animals in Research

Federación de Asociaciones de Ciencia del Animal de Laboratorio: Europa y España 

Notas

1. Un colega japonés me enseña que antes de comer, independientemente de si vamos a comer verduras o la carne de un animal, debemos pedir permiso a la vida que nos va a alimentar para hacer uso de ella (Itadakimasu); después de comer hay que agradecerle el alimento que nos ha proporcionado (Gochiso-sama)

2. Menudo disgusto me dio una monja católica cuando, de niña, me espetó que los perros no tenían alma.

Carmen Agustín Pavón
Carmen Agustín Pavón

Profesora Contratada Doctora de la Universitat de València. Me doctoré en Neurociencias por la misma universidad, con una estancia breve en la Università di Roma La Sapienza. Trabajé como investigadora en la University of Cambridge, Centre de Regulació Genòmica de Barcelona e Imperial College London, y como profesora en la Universitat Jaume I de Castelló. Además, soy zurda, aprendiz de todo y maestra de nada.

Sobre este blog

"Que la actividad desarrollada de manera tan imperfecta haya sido y sea todavía para mí fuente inagotable de alegría, me hace percatarme de que la imperfección al llevar a cabo la tarea que nos hemos fijado o que nos ha sido asignada, se ajusta más a la naturaleza humana tan imperfecta que no la perfección."

Rita Levi-Montalcini, Elogio de la imperfección

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