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La Dra Lucía Hipólito (primera del grupo de la derecha, con bata) con algunos de los miembros de su laboratorio en el pasado congreso de estudiantes de la Facultad de Farmacia en la Universitat de València (UV). Lucía Hipólito es doctora en Farmacia, especializada en Neurociencia por la UV. Durante su doctorado, realizó sendas estancias de investigación en la University of Cambridge y la University of Medicine and Dentistry of New Jersey. A continuación, trabajó como investigadora en la Columbia University de Nueva York. De todas estas investigaciones, ha publicado más de 20 artículos en revistas internacionales, un número nada despreciable para una investigadora tan joven. Tras varios años de aventura, con muchas experiencias y dos hijos con pasaporte americano a cuestas, acaba de regresar a su alma mater como profesora del departamento de Tecnología Farmacéutica.

Carmen. Cuando pensamos en un farmacéutico, siempre nos viene a la cabeza el profesional de bata blanca que prepara fórmulas magistrales y nos aconseja sobre qué medicamento tomar para el resfriado tras un mostrador, pero tú decidiste especializarte en Neurociencia, ¿por qué?

Lucía. Me encantaba lo compleja que era (Sonríe)

C. Realizaste una tesis doctoral en neurobiología del alcoholismo. Cuéntanos un poco los resultados que obtuviste.

L. Mi tesis tenía como objetivo investigar los efectos de los metabolitos del alcohol a nivel cerebral. Cuando ingerimos alcohol, nuestras células sintetizan a partir de él otros compuestos químicos como el acetaldehído y el salsolinol. Y resulta que en gran medida son esos los compuestos responsables de que nos volvamos adictos. Por ejemplo, nosotros descubrimos que el salsolinol es un agonista1 de los receptores de opiáceos en el cerebro. Como lo opiáceos forman parte del sistema cerebral del placer, el salsolinol derivado del etanol es capaz provocar efectos placenteros. Nuestra idea es que impedir la producción de salsolinol podría ayudar en la prevención del alcoholismo. Tenemos una herramienta terapéutica, pero desafortunadamente carecemos de financiación para continuar con estas investigaciones básicas y poder desarrollar la aplicación.

C. Durante tu doctorado realizaste dos estancias de investigación. En New Jersey completaste tus estudios sobre el salsolinol, pero en Cambridge te dedicaste a algo un tanto distinto.

L. Sí, en Cambridge tuve la oportunidad de trabajar en un ambicioso proyecto en colaboración con muchos científicos y laboratorios distintos, el proyecto IMAGEN. Básicamente, este proyecto buscaba desarrollar un modelo animal, en concreto en rata, que nos permitiese investigar la base biológica de la adicción. La creencia popular es que la adicción es un comportamiento voluntario, que el que se vuelve adicto es porque quiere. Pero sabemos que esto no es así: la adicción es un trastorno psiquiátrico, y la prueba es que sólo alrededor de un 12 % de las personas que usan drogas acaban desarrollando una adicción. Esto sugiere que deben existir factores genéticos que confieran vulnerabilidad a ciertas personas, o protección a otras. En el estudio que participé buscábamos diferencias genéticas a nivel del sistema dopaminérgico, y encontramos que había causas genéticas compartidas entre el carácter impulsivo y la susceptibilidad a desarrollar una adicción.

C. Tras tu doctorado en el campo de la adicción, ¿qué te impulsó a virar hacia el de la neurobiología del dolor?

L: La adicción y el dolor tienen un punto en común muy importante, en ambos se encuentra implicado el sistema de los opioides endógenos (es decir, los neurotransmisores opioides que se encuentran en nuestro sistema nervioso de manera intrínseca). Mi principal interés era determinar si había una correlación entre la adicción a opioides y el dolor crónico.

C. Todavía estás completando ese trabajo, pero acabas de publicar un artículo relacionado con el tratamiento del dolor crónico en la prestigiosa revista Pain. Cuéntanos un poco cuáles son las principales conclusiones de tus investigaciones.

L. Para entender el trabajo primero debemos entender cómo procesa el dolor nuestro sistema nervioso. Las señales dolorosas desde la piel o los órganos internos llegan a la médula espinal a través de los terminales sensibles, que hacen sinapsis en neuronas que van enviando la dolorosa información hacia arriba, hacia el cerebro. Cuando éste recibe la señal dolorosa, reacciona enviando una señal analgésica de vuelta para calmar el dolor, activando el sistema de opiáceos endógenos. En el dolor crónico, las neuronas de la nocicepción (el sentido que percibe el dolor) son hiperexcitables, y la señal analgésica cerebral no consigue contrarrestar el dolor. Una estrategia farmacológica para evitar esta señal dolorosa continua consistiría en bloquear los receptores del glutamato, el neurotransmisor que utilizan las neuronas nociceptivas. Esto se puede hacer con fármacos como la ketamina. La ketamina funciona muy bien como analgésico, pero tiene una problema: a las dosis efectivas, los efectos secundarios son notables, e incluyen náuseas, sedación e incluso trastornos de la personalidad2. Sin embargo, nosotros sabíamos que estos receptores concretos de glutamato, llamados NMDA, se encuentran regulados a su vez por otras proteínas en la membrana de la neurona, los llamados canales SK. Hemos demostrado que utilizando fármacos que interaccionan con los canales SK a dosis subefectivas, y combinándolos con dosis subefectivas de fármacos tipo ketamina (es decir, dosis que no provocan ningún efecto observable si se administran por separado), conseguimos un efecto analgésico potente, pero esta vez sin los efectos secundarios indeseados.

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Fuente de la imagen de la médula espinal aquí

C. Suena muy interesante, aunque de momento sólo habéis demostrado este mecanismo en ratas. ¿Esperáis poder continuar vuestras investigaciones para poder aplicar este tratamiento en ensayos en pacientes?

L. Creo que es una estrategia más que factible a partir de la cual podríamos desarrollar una aplicación terapéutica, pero para ello deberíamos finalizar los ensayos en animales y a continuación iniciar ensayos clínicos en pacientes. Desafortunadamente, no disponemos de suficiente financiación para ninguna de las dos cosas.

C. Actualmente has iniciado en Valencia una línea independiente para investigar otras cuestiones sobre el dolor crónico. Háblanos un poco de cuáles son los objetivos de tu proyecto.

L: Como mi primera formación fue en el campo del alcohol, me gustaría continuar por ese camino e investigar cuáles son los mecanismos comunes entre el alcoholismo y el dolor crónico. Se sabe que tanto las personas adictas al alcohol como a los opiáceos (como la heroína) en programas de rehabilitación suelen padecer dolor crónico. Es una situación insoportable, ya que no se les pueden administrar fármacos opioides, que son los analgésicos más potentes, o corren el peligro de experimentar una recaída. De hecho, si estos pacientes recaen, frecuentemente explican que no tuvieron otra alternativa para paliar su dolor. Me gustaría comprobar que neurobiológicamente el dolor es un factor de riesgo para la recaída al alcohol, y averiguar qué zonas cerebrales están implicadas en estos procesos.

C. Y como dices, sólo te falta la financiación, pues de momento, la situación de la financiación para ciencia en las universidades españolas es extremadamente precaria, más para una recién retornada como tú. ¿Cómo has vivido y qué ha supuesto para ti la experiencia de emigrar por trabajo? ¿Te fuiste, como dicen algunos políticos, por espíritu aventurero?

L. No, si me hubiese podido quedar me hubiese quedado, la investigación era interesante y realmente lo viví como un coitus interruptus (Ríe). Dicho esto, no me arrepiento en absoluto de haber emigrado, creo que es algo que todo científico debería hacer en algún momento de su carrera, porque te hace crecer muchísimo. El que se queda en España rara vez se enfrenta a un sistema científico realmente competitivo y a veces incluso feroz, como el que me he encontrado sobre todo en Estados Unidos. La experiencia te permite desarrollar habilidades que no desarrollarías si te quedaras, te permite ampliar miras y aprender otras maneras de hacer ciencia. Y, por supuesto, te permite disponer con relativa facilidad de recursos adecuados, a veces impensables en la universidad española.

C. Siguiendo con lo personal, sé que durante tu periodo en Nueva York fuiste madre ¿Qué supone para un científico/a tener hijos?

L. Bueno, es que tal como está formulado el sistema, no es que para los científicos sea difícil compaginar su carrera con el cuidado de sus hijos, es que un científico no debería tener vida en absoluto. El científico, sobre todo en Estados Unidos, es parte del laboratorio de la misma manera que lo es un aparato o un animal experimental. Durante tres años en Nueva York, he trabajado todos los días, y cuando digo todos, me refiero de lunes a lunes (excepto los quince días de baja por maternidad). Siendo así, aunque mi marido y yo hemos tenido que hacer malabarismos para poder salir adelante, tanto él como mis hijos han supuesto un anclaje al mundo real que me ha permitido no perder la razón.

C. Supongo que volver a España debe haber sido bueno desde el punto de vista personal, pero vista la mala situación, con un sistema de ciencia prácticamente desangrado, ¿qué te ha supuesto profesionalmente el volver?

L. Bueno, casi todo el mundo que conozco desea vivir allá donde pertenece, vivir en un país extraño suele generar una ansiedad, no llegas a ser feliz. Incluso lo vemos en las ratas de laboratorio: ¡en ambientes nuevos expresan comportamiento de miedo! En cierto sentido, prefiero el enfoque colaborativo de la ciencia española, a la feroz competencia a la americana, pero desde luego soy consciente de que estoy renunciando a muchas de las cosas que podría haber conseguido fuera.

C. ¿Qué has aprendido en los distintos países en los que has trabajado? ¿Qué importarías a tu país después de tus experiencias en el extranjero?

L. He aprendido a ser independiente y competitiva. Creo que la competitividad, que nunca había experimentado en España, se puede importar de modo positivo. Del modelo británico sí que importaría muchísimas cosas: el orden, los horarios racionales, las facilidades de conciliación familiar que son inexistentes en Estados Unidos, pero también es España con nuestro caos horario. Tú lo sabes, comparados con los británicos, aquí vivimos en el caos (Reímos). De Estados Unidos importaría la conciencia general sobre la gran importancia de la I+D, continuamente despreciada en España. Allí saben que la inversión en I+D es la única manera de generar riqueza, algo que aquí se ignora continuamente, incluso hemos oído declaraciones diciendo que invertir en ciencia no es competitivo. También importaría el sistema de evaluación de los proyectos. Mientras que en España, cuando no te dan un proyecto se limitan a mandarte unas líneas de rechazo (cuando no deciden que lo dejan fuera sin ni siquiera evaluarlo, por un absurdo defecto de forma de los encorsetados formularios, como ha ocurrido recientemente). En EE.UU. te mandan propuestas para mejorarlo y poder reenviar una nueva propuesta. Se tiene un contacto físico con el personal que maneja la concesión de los proyectos, con lo que puedes pedir explicaciones para mejorarlo. Además, en España, los pocos recursos que tenemos, se aprovechan mal.

C. Es verdad, nos dan un poco de dinero para aparataje, construyen bonitos edificios que quedan vacíos...

L. Sí, y para personal nada. Lo que más me entristece es que si las mentes no valiesen...pero la gente española vale mucho, y de nuestra valía se aprovechan los británicos, los americanos. Por eso también he aprendido a valorar a las personas de los países del sur. ¿Recuerdas que en Cambridge todos los investigadores de base éramos PIGS?

C. Cómo no me voy a acordar...  

L. Es el negocio perfecto: nos formamos como doctores en España, y cuando por fin somos científicos productivos no hay lugar para nosotros. Lugar que sí encontramos en Europa o EE.UU. Mientras el sistema de ciencia español sale adelante gracias a unos cuantos estudiantes de doctorado, becarios sin experiencia, en el británico hay muy pocos estudiantes y muchos investigadores postdoctorales extranjeros.

C. Seguro que todo eso que comentas no lo saben los que gestionan, que sugieren que para competir con Alemania debemos dejar de invertir en I+D porque no es competitivo a corto plazo...Qué pena que en lugar de decir burradas esa gente no se dedique a escucharnos y leer los consejos de Cajal sobre los deberes del Estado para la producción científica. Comoquiera que sea, tú has conseguido volver por tus propios méritos, que son muchos. Ojalá pronto puedas llevar a cabo todas esas investigaciones que te propones. ¡Muchas gracias por participar en mi blog!

Referencias

  • Hipólito L, et al (2015). In vivo activation of the SK channel in the spinal cord reduces the NMDA receptor antagonist dose needed to produce antinociception in an inflammatory pain model. Pain. 2015 Feb 13. [Epub ahead of print]
  • Xie G, Hipólito L, et al (2012) Salsolinol stimulates dopamine neurons in slices of posterior ventral tegmental area indirectly by activating μ-opioid receptors. J Pharmacol Exp Ther. Apr;341(1):43-50.
  • Hipólito L, et al. (2012) Revisiting the controversial role of salsolinol in the neurobiological effects of ethanol: old and new vistas. Neurosci Biobehav Rev. 2012 Jan;36(1):362-78.
  • Schumann G, et al, the IMAGEN consortium. (2010) The IMAGEN study: reinforcement-related behaviour in normal brain function and psychopathology. Mol Psychiatry. 2010 Dec;15(12):1128-39.
  • Hipólito L, et al. (2007) Brain metabolism of ethanol and alcoholism: an update. Curr Drug Metab. 8(7):716-27.

Notas

1. Un agonista es un fármaco que ejerce una acción similar a la de un neurotransmisor, por ejemplo, la anfetamina es un agonista de la dopamina.

2. La ketamina se emplea como anestésico para animales de granja y de laboratorio, pero también es una droga recreativa popular.

Carmen Agustín Pavón
Carmen Agustín Pavón

Profesora Contratada Doctora de la Universitat de València. Me doctoré en Neurociencias por la misma universidad, con una estancia breve en la Università di Roma La Sapienza. Trabajé como investigadora en la University of Cambridge, Centre de Regulació Genòmica de Barcelona e Imperial College London, y como profesora en la Universitat Jaume I de Castelló. Además, soy zurda, aprendiz de todo y maestra de nada.

Sobre este blog

"Que la actividad desarrollada de manera tan imperfecta haya sido y sea todavía para mí fuente inagotable de alegría, me hace percatarme de que la imperfección al llevar a cabo la tarea que nos hemos fijado o que nos ha sido asignada, se ajusta más a la naturaleza humana tan imperfecta que no la perfección."

Rita Levi-Montalcini, Elogio de la imperfección

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