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El coronavirus nos ha tenido encerrados y expuestos a una ingente y variada cantidad de información en internet y los media domésticamente accesibles: periódicos, radio, TV, plataformas de video, altavoces inalámbricos y un sinfín de URLs para todos los gustos y necesidades. Nos ha ofrecido también una valiosa oportunidad para volver a aquellos libros olvidados en nuestra biblioteca particular, los que un día compramos o nos regalaron y nunca habíamos tenido oportunidad, o deseo, de leer, y los que teníamos varados en esa autoprometida lectura que nunca llega. El virus nos ha tenido más pegados que nunca, no solo al miedo, sino también a la información. Nunca quizá la habíamos valorado tanto, pues ha sido una inseparable compañera durante el confinamiento.

En mayor o menor grado, la información que recibimos afecta a nuestras vidas, sea a la salud somática o mental, a la economía, la educación, el ocio o el bienestar, en general. Por eso es especialmente importante seleccionar la que nos conviene. ¿Cómo lo hacemos? ¿Cómo seleccionamos la información que queremos conocer? Obviamente es algo que depende mucho de cada persona y su condición particular, pero, refiriéndonos especialmente a adultos de ambos sexos, es posible extraer algunas causas comunes y frecuentes.

El principio que impera es el de utilidad. Buscamos y seleccionamos aquella información que necesitamos para el trabajo, estudios, compras, médicos, reparaciones domésticas etc. Aquí pueden incluirse también cosas que han sido especialmente buscadas durante el confinamiento, como recetas de cocina. Curiosamente, uno de los productos domésticos cuya solicitud más se ha incrementado en este tiempo han sido las máquinas de hacer pan, la harina, las levaduras. Pero la utilidad no siempre es útil. Hay datos estadísticos que muestran que solo la mitad de las personas entrevistadas desearían conocer su probabilidad de tener una determinada enfermedad, incluso cuando ese conocimiento pudiera activar estrategias de prevención. Ciertamente, no se vive bien con una espada de Damocles sobre la cabeza.

Pero hay mucha información que no nos resulta útil y también la buscamos y seleccionamos. El principio de curiosidad está también muy instaurado en la mente humana, posiblemente como resultado de la selección natural, pues todo lo que nos hace más cultos puede aumentar nuestra capacidad de adaptación a las circunstancias, especialmente a las adversas. Cuando la información que recibimos la consideramos, no ya valiosa, sino, simplemente interesante, se activa en nuestro cerebro el sistema mesolímbico dopaminérgico, originando sensaciones placenteras. La novedad, el nuevo conocimiento, siempre activa la síntesis de dopamina en el cerebro, el neurotransmisor que aumenta nuestra motivación para saber más y aprender mejor.

El tercer factor que nos lleva a seleccionar la información que queremos conocer es el prejuicio de confirmación, pues siempre estamos mucho más interesados en recibir la información que confirma nuestras expectativas, deseos e ideología que en la que los debilita o contradice. Nos sentimos mal cuando nos demuestran que nos equivocamos y esa emoción negativa nos dificulta el reconocer errores y cambiar.

Desgraciadamente, muchas personas y los medios de toda clase y condición contribuyen con sus atrincheramientos a reforzar nuestro prejuicio de confirmación y a evitar que busquemos los necesarios consensos.

Por último, no es menos cierto que la vanidad también nos empuja muchas veces a seleccionar cierto tipo de información, especialmente aquella que, aunque personalmente no nos interese, nos proporciona una cuota de sabiduría, específica o general, a desplegar ante situaciones o audiencias en las que deseamos lucir nuestro vistoso plumaje.

Ignacio Morgado Bernal
Ignacio Morgado Bernal

Catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencia y la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Sobre este blog

Este blog trata de cómo el cerebro crea y gobierna los procesos mentales que hacen posible el conocimiento y la inteligencia en animales y humanos. Quién soy, qué es la consciencia, cómo percibimos el mundo, por qué olvidamos, emoción versus razón, autoconsciencia en animales, son ejemplos de los temas que trataremos en el mismo.

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