[iStock-Cekovska]A diferencia de otros sentidos, como la visión o el tacto, donde los estímulos pueden ser estáticos, el tiempo es una variable fundamental en la audición. Eso significa que los estímulos sonoros presentan variaciones temporales en sus características (amplitud, frecuencia, periodicidades varias, timbre). Esas variaciones modulan el estímulo sonoro y sirven para codificar la información que llevan.

El cerebro humano, como el de muchos animales, es capaz de percibir la información contenida en sonidos modulados en escalas de tiempo que van desde unos cuantos milisegundos a decenas y cientos de ellos. Un sonido complejo puede incluir cambios inclusivos que se repiten a frecuencias diferentes. Las modulaciones de baja frecuencia son importantes para la percepción del habla y las melodías musicales mientras que las de alta frecuencia lo son para tonos bruscos y de alarma. De ese modo, podemos decir que los sonidos complejos del lenguaje y la música también tienen tono, pues presentan cambios periódicos y regulares en sus características cuya percepción por el cerebro auditivo resulta necesaria para comprender el habla o apreciar la música. Los neurocientíficos nos sorprendemos de que el nervio auditivo (octavo par craneal) pueda llevar tanta riqueza de información temporal desde el oído hasta el cerebro.

La música es siempre algo especial en el mundo del sonido. En ella cada nota se percibe como un tono particular, con independencia de su intensidad, timbre u otros atributos. Dos o más tonos simultáneos forman intervalos armónicos y acordes, y dos o más tonos sucesivos originan intervalos melódicos y melodías completas. La combinación en proporciones equilibradas de las distintas frecuencias que integran las ondas sonoras produce sonidos armónicos que nuestro cerebro percibe como bellos e incluso placenteros. Los sonidos armónicos se caracterizan por modulaciones periódicas de la amplitud de las ondas sonoras que reflejan la vibración de las cuerdas vocales o de los instrumentos musicales o fuentes sonoras que los producen. Son elementos esenciales del habla y la música en los humanos y también en la comunicación entre animales. Pero el reconocimiento de la armonía no es algo que aprendemos, sino una capacidad intrínseca del cerebro humano, es decir, una capacidad heredada en buena medida.

Todas las personas nacemos con alguna capacidad para detectar la armonía o consonancia de los sonidos, aunque no todas, sino solamente algunas privilegiadas, como Amadeus Mozart, Johan Sebastian Bach y Pyotr Ilyich Tchaikovsky entre los clásicos, o Stevie Wonder, Frank Sinatra, Jimi Hendrix o  Freddie Mercury, entre los contemporáneos, nacen con la capacidad de distinguir fácil y tempranamente las periodicidades o frecuencias sonoras, el llamado tono u oído absoluto, algo que se da no más de una de cada 1000 a 10.000 personas. Al oído absoluto se le ha llamado también oído perfecto, y se le ha definido como una capacidad humana para identificar la frecuencia de un estímulo auditivo aislado sin la ayuda de un estímulo auditivo referencial. Más prosaicamente podríamos decir que es ser capaces de leer fácilmente los sonidos.  El común de los mortales reconocemos mucho más fácilmente los ritmos que los tonos, salvo en el caso de que tengamos educación musical. También hay quien padece amusia, una incapacidad para percibir los tonos y los ritmos. Por su dificultad para distinguir unos ritmos de otros, al Che Guevara le llamaban "el chico mambo/tango". Nacer con oído absoluto es un gran regalo de la naturaleza.

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Ignacio Morgado Bernal
Ignacio Morgado Bernal

Catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencia y la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Sobre este blog

Este blog trata de cómo el cerebro crea y gobierna los procesos mentales que hacen posible el conocimiento y la inteligencia en animales y humanos. Quién soy, qué es la consciencia, cómo percibimos el mundo, por qué olvidamos, emoción versus razón, autoconsciencia en animales, son ejemplos de los temas que trataremos en el mismo.

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