Imagen del SARS-CoV-2. [Wikimedia Commons]

La COVID-19 es una enfermedad respiratoria pandémica causada por el coronavirus SARS-CoV-2 (Severe acute respiratory síndrome-CoV-2). A estas alturas podemos decir que la gran mayoría de enfermos presentan síntomas neurológicos de diversa gravedad que van desde pérdida del gusto y el olfato, dolor de cabeza, mareo y confusión temporal, alteraciones visuales y dolor neural hasta inflamación encefálica, hemorragia intraventricular, isquemia cerebral aguda, convulsiones y trastornos cardiovasculares, como trombos y embolias en los casos más graves. Los pacientes mayores de 70 años son, en general, los más afectados.

Según los médicos clínicos muchos de esos síntomas podrían ser efectos secundarios de la propia enfermedad y de la falta de oxigenación durante largos periodos de tiempo. Pero podrían ser también directos si el virus penetrara en el sistema nervioso central y todo indica que lo hace. Si, por ejemplo, alcanzara los centros vitales del tronco del encéfalo y alterara su funcionamiento, podría ser responsable de al menos parte de los síntomas respiratorios. Las inflamaciones encefálicas podrían ser también consecuencia de la propia acción del coronavirus en el cerebro. Ahora sabemos que el virus ha sido detectado en el líquido cefalorraquídeo y experimentos recientes en ratones han demostrado que la proteína de la espícula por la que el virus se une a las células donde se multiplica atraviesa fácilmente la barrera hematoencefálica y entra en el espacio del parénquima cerebral. Determinar la vía de entrada al cerebro es muy importante para poder impedirlo. Por ello, diversos equipos de clínicos y neurocientíficos lo investigan concienzudamente.

En este sentido, acaba de publicarse el trabajo de un formidable equipo de investigadores alemanes, básicos y clínicos, encabezados por Jenny Meinhardt, doctora del prestigioso hospital Charité de Berlin. En él se demuestra la presencia de partículas intactas, así como ARN del SARS-CoV-2 en la mucosa olfatoria y áreas del cerebro donde proyectan las neuronas olfatorias, de enfermos de COVID-19. Ello sugiere la posibilidad de que los axones de esas neuronas pudieran llevar el virus al interior del cerebro. De ese modo han demostrado la capacidad del coronavirus para invadir y permanecer en el tejido nervioso. Su conclusión es que el virus entra en el cerebro cruzando la mucosa olfatoria y las finas terminaciones nerviosas que en ella se distribuyen. A partir de allí, el virus puede penetrar (posiblemente por transporte a través de los axones neuronales) en otras estructuras nerviosas como el bulbo olfatorio y llegar incluso a los centros respiratorios y cardiovasculares del bulbo raquídeo.


Referencia: Meinhardt et al, 2021, Nature Neuroscience, 24, 168-175.

Ignacio Morgado Bernal
Ignacio Morgado Bernal

Catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencia y la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Sobre este blog

Este blog trata de cómo el cerebro crea y gobierna los procesos mentales que hacen posible el conocimiento y la inteligencia en animales y humanos. Quién soy, qué es la consciencia, cómo percibimos el mundo, por qué olvidamos, emoción versus razón, autoconsciencia en animales, son ejemplos de los temas que trataremos en el mismo.

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