¿Por qué cuesta tanto dejar de fumar?

25/07/2018 3 comentarios
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La dependencia a la nicotina del tabaco es tan fuerte que muchas personas que se han pasado media vida fumando se pasan la otra media tratando de dejarlo.

[iStock/ ValeriMak]

"Que dejar de fumar es difícil, yo lo he dejado por lo menos cien veces", dicen algunos. Esta disparatada expresión es reflejo contundente de la gran dificultad que encuentran los fumadores para acabar con su adicción. La dependencia a la nicotina del tabaco es tan fuerte que muchas personas que se han pasado media vida fumando se pasan la otra media tratando de dejarlo. Los mejores procedimientos terapéuticos, como los chicles o los parches de nicotina, ciertos medicamentos que la imitan o reducen su efecto y determinados procedimientos psicológicos, aunque casi siempre consiguen algún resultado, suelen fracasar en la mayoría de fumadores cuando se trata de dejar el tabaco de manera definitiva. Las recaídas en la adicción cuando ya se creía superada o en camino de hacerlo son muy frecuentes.

El fumador empedernido encuentra en el tabaco alivio a su nerviosismo y malestar, especialmente en tiempos de preocupación, pero ni siquiera la amenaza potencial de contraer un cáncer de pulmón, frecuente en fumadores, consigue que muchos abandonen la droga. Hay personas que la han dejado por miedo a recaer en una enfermedad pulmonar, como el neumotórax, y también mujeres que lo han hecho al quedarse embarazadas y no querer comprometer la salud de su hijo en gestación, pero no siempre ocurre.

Actualmente hay muy pocos que consideren el consumo regular de tabaco como una adicción sin importancia. Sin embargo, hubo un tiempo en que se habló de ello como algo meramente psicológico y, por tanto, liviano y menos grave que las más poderosas adicciones ocasionadas por el alcohol o la heroína. Ese planteamiento hizo mucho daño al esconder los peligros de la nicotina y permitir que mucha gente, especialmente los jóvenes, cayesen en la adicción al tabaco, instigada también en aquellos tiempos por costumbres sociales, modelos mediáticos y estilos de vida. Hoy tenemos muy claro que no hay adicciones psicológicas, que todas, la del tabaco y la nicotina incluidas, son fisiológicas, es decir, que afectan negativamente tanto al cuerpo en general como al cerebro en particular.

La nicotina es un veneno frecuentemente utilizado en agricultura como componente de ciertos insecticidas. En su forma más natural es una sustancia líquida muy peligrosa. Se ha dicho, y podría ser cierto, que la nicotina contenida en un solo cigarrillo, es decir, entre 1 y 2 miligramos, podría matar a una persona si una vez purificada se le inyectase directamente en vena. Cuando la hemos utilizado en experimentos de nuestro laboratorio de la Universidad Autónoma de Barcelona recuerdo que era un líquido oscuro contenido en un tubo pequeño que se protegía a su vez en sucesivos envoltorios rígidos, a modo de muñecas rusas, precisamente para evitar que un accidente rompiera el tubo y la nicotina derramada pudiera alcanzar la piel de alguna persona. Químicamente es un alcaloide que se encuentra en alta concentración en la planta del tabaco. Al fumarlo, la nicotina tarda poco en llegar al cerebro donde actúa como una poderosa droga estimulante capaz de producir placer, aumentar la atención y potenciar la memoria. En el resto del organismo produce principalmente taquicardia e hipertensión, pero todos sus efectos dependen siempre de la dosis, es decir, de la cantidad ingerida.

De las cerca de tres mil sustancias químicas que contiene el tabaco sólo la nicotina produce una fuerte adicción. El fumador adicto, cuando deja de consumir tabaco afrenta una fuerte irritabilidad, malestar y nerviosismo junto a otros componentes del llamado síndrome de abstinencia, o, más vulgarmente, el mono. No es, por tanto, fácil que los fumadores dejen el tabaco aunque estén muy motivados para ello. Las prohibiciones y circunstancias sociales, como el que los demás tampoco fumen, ciertamente ayudan, pero no son suficientes para superar el grave problema de salud corporal y mental que origina el abandono repentino del consumo de tabaco.

La ciencia no deja de buscar soluciones para los adictos. Los trabajos más recientes controlan el tiempo que la nicotina tarda en abandonar el cuerpo de cada persona cuando deja de fumar, pues de eso puede depender el que funcione mejor uno u otro tratamiento. Se ha observado que los que metabolizan y eliminan antes la nicotina, y por ello presentan también antes el síndrome de abstinencia, obtienen buenos resultados tratándose con vareniclina, un fármaco sustitutivo que reduce los efectos placenteros de la nicotina evitando que si la persona vuelve a fumar obtenga el mismo placer que antes. Sin embargo, cuando el fumador metaboliza la nicotina más lentamente lo recomendado es el parche.

Un tratamiento más reciente, creado por investigadores israelíes, ha consistido en aprovechar la ventaja de poder aprender algunas cosas mientras dormimos. De ese modo, a sesenta y seis fumadores adictos se les puso a dormir y, mientras lo hacían, se expandió en su entorno el olor a humo del tabaco y, a continuación, otro olor desagradable. Es de suponer que por aprendizaje inconsciente ambos olores quedaron asociados, logrando así que a lo largo de las semanas siguientes los sujetos fueran disminuyendo progresivamente el consumo de cigarrillos. Lo más sorprendente de todo es que ese tratamiento sólo funcionó cuando se aplicó, como decimos, mientras las personas dormían, no así cuando estaban despiertas. Aunque no parece una solución definitiva, pues no suprime totalmente la adicción, ese tratamiento quizá podría tener más efecto si se combinara con otras terapias. Habrá que seguir investigando para saberlo. Mientra tanto, lo que podemos constatar sobre la poderosa adicción a la nicotina debe inducir a la comprensión y a cierta condescendencia con el comportamiento del adicto y, sobre todo, al fomento de una educación que evite que los más jóvenes empiecen a fumar y caigan en una adicción tan difícil de superar.

Para saber más: Morgado, I (2015). La fábrica de las ilusiones: Conocernos más para ser mejores. Barcelona: Ariel.