Consejos creativos a un joven investigador

11/06/2014 1 comentario
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Las Reglas y Consejos de Cajal ofrecen algunas pautas para favorecer la creatividad del científico. La investigación psicológica reciente parece apoyar las intuiciones del Nobel, cuyo comportamiento innovador también sería explicable desde algunos modelos sobre creatividad.

Santiago Ramón y Cajal decía que las neuronas son "células de formas delicadas y elegantes, las misteriosas mariposas del alma" (1). Él las persiguió tenazmente, observando minuciosamente a través de su microscopio y dibujándolas al detalle con su lápiz. Y como pone de manifiesto su metáfora, también hablaba de ellas de una forma hermosa, casi poética. En cierto modo, esta combinación de arte y ciencia nos puede resultar extraña hoy, cuando se asume que la representación del conocimiento ha de ser precisa, objetiva, exacta, y que el investigador ha de tener un currículum hiper-especializado en su campo. Cajal, como otros grandes investigadores, transitó entre la ciencia y el arte sin establecer una frontera clara entre ellos. El laboratorio, un híbrido de botica y atelier, es el epicentro de su vida, pero su curiosidad se expande en direcciones aparentemente tan dispares como la fotografía, el dibujo, la hipnosis, el "vicio tenaz e inveterado" del ajedrez, las charlas de café, la escritura, sus lecturas filosóficas, la docencia y, cómo no, la investigación histológica.

Robert Thom. Ramón y Cajal: chartering the nervous system

Hace unos días, en una viñeta cómica, un personaje que representaba a un profesor de universidad señalaba cuatro puntos que la ciencia y el arte tienen en común: buscan la verdad, valoran la originalidad y la creatividad, hacen que el mundo sea mejor...y en ambos casos, es extremadamente difícil encontrar financiación. Nuestro premio Nobel también hubiera suscrito esto último. No hay que olvidar que él mismo autofinanció muchas de sus investigaciones, construyendo un laboratorio low-cost en su propia casa. Pero posiblemente, la conexión que existe entre investigación y arte tiene que ver sobre todo con la creatividad. Cajal, en cierto modo, parece consciente de esto, y en sus Reglas y Consejos sobre Investigación Científica señala algunos peligros que acechan al joven investigador, que vienen a ser, en definitiva, actitudes que pueden acabar con su potencial para innovar (2).

 

Las advertencias de Cajal al joven científico

La primera amenaza para la creatividad que menciona es la "admiración excesiva a la obra de los grandes iniciadores", que incapacita para desarrollar proyectos originales. Ser investigador implica ser un poco iconoclasta, algo que suele traer de cabeza a los directores de tesis, pero sin lo cual no habría innovación. El espíritu crítico, la duda, el cuestionamiento, y hasta cierto punto, el rechazo a lo establecido son rasgos de las personas creativas que también son deseables en el científico (3). Aunque, como el propio Cajal recuerda, "la crítica científica se justifica solamente entregando, a cambio de un error, una verdad" (2).

En otras ocasiones, el peligro no es tanto idolatrar a un gurú de la profesión, sino quedar seducido por un tema de estudio provisto de cierto aura, que simplemente está de moda, o que puede dar "resultados". Contrariamente, la ciencia es -en cierto sentido- una empresa desinteresada. Muchas veces la motivación del investigador es puramente hedonista: le gusta lo que hace, sin más. El excéntrico Richard Feynman, físico teórico y también dibujante -de hecho sus conocidos diagramas le valieron el Nobel- decía que la investigación "es como el sexo... seguro que puede tener algunos resultados prácticos, pero no lo hacemos por eso". Cajal, que era un personaje más serio, también advirtió del "culto exclusivo a la llamada ciencia práctica" (2). La sociedad asume que la actividad del investigador debe tener un impacto inmediato en la calidad de vida o la economía de la población, pero este énfasis no es típico de "las gentes del oficio" de la ciencia. Por otra parte, la distinción entre investigación teórica y aplicada, nos dice, es falsa; ambas -la ciencia del laboratorio y la de fábrica- están interconectadas. La investigación aparentemente inútil suele ser la más imaginativa e innovadora, y quizá también, la más útil de todas a largo plazo.

Santiago Ramón y Cajal, 1899. Neurona Purkinje. Los consejos de Cajal tratan de remediar el desánimo del investigador y su a veces maltrecha autoestima. Una idea que puede mermar la creatividad es pensar que los temas de investigación están agotados o que, en el mejor de los casos, nuestro estudio trata sobre algún aspecto menor y sin importancia. La advertencia de Cajal es clara en este sentido -"Juzgamos pequeño lo que vemos de lejos o no sabemos ver" (2). No parece un mal consejo viniendo de alguien que se dedicó al estudio de las neuronas, unas células cuyo tamaño se mide en micras, pero que como él mismo decía, posiblemente encierren "el secreto de la vida mental".

En otras ocasiones, el investigador no duda tanto de su objeto de estudio como de sí mismo. Cree que "no vale" para esto de la ciencia, porque no es lo suficientemente rápido, genial y brillante como para hacer un gran descubrimiento en su campo. Sin embargo, Cajal nos dice que esta empresa también es obra de "entendimientos regulares, (...) de esos otros dotados de temperamento artístico (...) de los meramente curiosos, flemáticos, (...) capaces de consagrar largas horas al examen del más insignificante fenómeno natural" (2).Por cierto, la investigación reciente parece confirmar estas intuiciones sobre el papel la autoestima, encontrando que las personas creativas suelen caracterizarse por altos niveles de auto-confianza, además de por cierto grado de dominancia (4).

 

Cajal como ejemplo de investigador creativo

La receta de Cajal para el progreso en la investigación científica es una síntesis de creatividad y tesón, disfrute y esfuerzo. En su autobiografía nos revela parte del secreto que le llevó a ganar el Nobel... "Mi tarea comenzaba a las nueve de la mañana y solía prolongarse hasta cerca de media noche. Y lo más curioso es que el trabajo me causaba placer. Era una embriaguez deliciosa, un encanto irresistible" (2).

En este sentido, el propio Cajal se ajusta muy bien a los modelos que la psicología ha desarrollado para explicar la creatividad. Son numerosos los estudios que han encontrado que los estados de ánimo positivos se asocian a una mayor flexibilidad cognitiva, que la gente feliz es más innovadora,  y que los estados hipomaníacos -como en el que quizá se encontrase Cajal en la época a que se refiere su frase- favorecen la creatividad (5, 6). Los niveles altos de activación emocional, como ocurre cuando uno está alegre, se relacionan con la curiosidad y el deseo de exploración, cualidades que están en la base de la investigación científica (7). Como dato, en el tiempo en que Cajal siguió el plan de trabajo anterior llegó a publicar en un solo año 14 monografías... sin contar las numerosas traducciones que hizo (1).

Pero la investigación también, en algunos momentos, puede ser ardua y lejos de provocar las sensaciones placenteras antes mencionadas, convertirse en una tarea estresante, algo que se realiza bajo presión, y con alto grado de incertidumbre. ¿Puede aparecer la creatividad en una situación así? Lo cierto es que sí. Algunas emociones negativas facilitan la emisión de respuestas originales, porque nos inducen a persistir tenazmente en la tarea y a dar vueltas y vueltas a nuestras ideas, como ocurre en el estado de intranquilidad que experimentamos al resolver una cuestión (8). Y también en esto, los consejos de Cajal parecen ser consistentes con la investigación psicológica actual (9):

"Para llevar a feliz término una indagación científica, (...) debemos fijar fuertemente en nuestro espíritu los términos del problema, a fin de provocar enérgicas corrientes del pensamiento, es decir, asociaciones cada vez más complejas y precisas (...) No basta la atención expectante, ahincada, es preciso llegar a la preocupación".

El Modelo de las Dos Vías de la Creatividad, desarrollado por De Dreu et al., propone una síntesis interesante para explicar el papel que juegan las emociones positivas y negativas en la creatividad (8). En primer término, para que alguien sea creativo es necesario que se encuentre en un estado de activación. Esto hace que se liberen dopamina y noradrenalina, dos neurotransmisores que afectan a nuestra motivación y a la forma en que llevamos a cabo el procesamiento cognitivo de la información; y que fundamentalmente, aumentan la capacidad de nuestra memoria de trabajo, necesaria para dar respuestas creativas (8).

Modelo de las dos vías de la creatividad (Elaborado a partir de De Dreu et al.,2008)

Las emociones pueden activarnos -como en el caso de la alegría o el estrés- o desactivarnos -como ocurre con la tristeza-. Las primeras favorecen la creatividad, pero las segundas acaban por bloquearla. Según el modelo, las emociones positivas activadoras inducen una mayor flexibilidad en el procesamiento cognitivo de la información, mientras que las emociones negativas activadoras aumentan nuestra persistencia y perseverancia cognitiva al realizar una tarea. La creatividad podría alcanzarse a través de cualquiera de estos procesos o, incluso, mediante una combinación de ambos (8).

Las intuiciones de Cajal sobre el proceso de investigación científica, con su combinación de innovación y trabajo minucioso, parecen ajustarse bien a los hallazgos recientes sobre la forma en que surge el pensamiento creativo. Tal vez, en una empresa tan racional como la ciencia, el secreto de la creatividad está en algo irracional: la sensación de que las mariposas del alma revolotean también en el estómago, en esa rara mezcla de ilusión, disfrute, y moderada ansiedad que experimenta el investigador al hacer su trabajo.

 

Referencias

1. Ramón y Cajal, S. (1917; 1923). Recuerdos de mi vida (Cap. VII). Edición del Centro Virtual Cervantes, disponible en http://cvc.cervantes.es/ciencia/cajal/cajal_recuerdos/recuerdos/default.htm

2. Ramón y Cajal, S. (1897; 1920) Preocupaciones enervadoras del principiante. En Reglas y Consejos sobre Investigación Científica (cap. 2). Edición del Centro Virtual Cervantes, disponible en http://cvc.cervantes.es/ciencia/cajal/cajal_reglas/capitulo_02.htm

3. Feist, G.J. (2010). The Function of Personality in Creativity: The Nature and Nurture of the Creative Personality. En: Sternberg, R. J., & Kaufman, J. C. (Eds.). The Cambridge handbook of creativity (pp.113-130). Cambridge: Cambridge University Press.

4. Feist, G. J. (1998). A meta-analysis of personality in scientific and artistic creativity. Personality and Social Psychology Review, 2, 290–309.

5. Schuldberg, D. (1990). Schizotypal and hypomanic traits, creativity, and psychological health. Creativity Research Journal, 3, 218–230.

6. Shapiro, P. J., & Weisberg, R. W. (1999). Creativity and bipolar diathesis: Common behavioral and cognitive components. Cognition and Emotion,13, 741–762.

7. Kashdan, T. B., Rose, P., & Fincham, F. D. (2004). Curiosity and exploration: Facilitating positive subjective experiences and personal growth opportunities. Journal of personality assessment, 82(3), 291-305.

8. De Dreu, C., Baas, M., & Nijstad, B. (2008). Hedonic tone and activation level in the mood-creativity link: Toward a dual pathway to creativity model. Journal of Personality and Social Psychology, 94 (5), 739-756.

9. Ramón y Cajal, S. (1897; 1920). Cualidades de orden moral que debe poseer el investigador. En Reglas y Consejos sobre Investigación Científica (cap. 3). Edición del Centro Virtual Cervantes, disponible en http://cvc.cervantes.es/ciencia/cajal/cajal_reglas/capitulo_03.htm