Mejor Post I NeuroCarnaval

Dentro del auge que está experimentando la divulgación científica en los medios de comunicación, los tradicionales y los propios de los nuevos tiempos, la Neurociencia es sin duda una de las grandes beneficiadas en cuanto a la atención recibida. No es de extrañar, es un área en la que a diario se obtienen enormes descubrimientos, con una tecnología que parece de ciencia ficción, todavía con un enorme horizonte de posibilidades y con grandes promesas dé resultados aplicables en enfermedades como el alzhéimer o la esquizofrenia. Incluso promesas de mejora en el funcionamiento normal de un cerebro sano. ¿Quién puede resistir la tentación de leer cómo aumentar su capacidad de memoria, su concentración...?

Por si todo esto fuera poco, la neurociencia hace gala de un lenguaje fácil de entender. Partiendo de que todos sabemos lo que es una neurona, estas se comunican, codifican señales, se mueren. Unas son las responsables de ver, otras de oír o controlar el movimiento de los músculos. Todos conceptos y palabras cotidianas que se pueden transmitir generando en el lector la sensación de que lo entiende. Nada que ver con constantes de campo, leptones y quarks, fuerzas nucleares o ecuaciones imposibles.

Sin ir más lejos comparen estos dos titulares obtenidos del mismo medio: “Los científicos del CERN observan dos nuevas partículas bariónicas” frente a “descubren cómo afecta a tu cerebro tu canción favorita”. Siento decirles que los que decidiesen leer el segundo titular, que presumo serían la mayoría, se encontrarían con que la conclusión del estudio es que, cuando escuchan su canción favorita, funcionan en su cerebro los circuitos implicados en recordar momentos anteriores de su vida. ¡Por algo es su canción favorita! Posiblemente  los bariones no llegasen a entender qué son.

Dónde sí sirven las Neurociencias

Volviendo al principio, en las últimas décadas la neurociencia ha avanzado más que en toda su historia previa. Las técnicas de biología molecular, de imagen, o de neuromodulación no invasiva, han evolucionado de manera increíble, incluso para los neurocientíficos, permitiendo estudiar el sistema nervioso como no era posible imaginar hace unos años. Podemos ver qué zonas del cerebro de una persona sana se activan cuando escucha su canción favorita, tiene un orgasmo o recibe una recompensa monetaria. Cuándo miente o cuándo dice la verdad. Podemos, de momento en animales de experimentación, introducir virus dentro de las neuronas que las hagan sensibles a la luz, y luego controlar su activación con un interruptor. Podemos hacer transparentes cerebros enteros y luego teñir aquello que nos interese, o registrar la actividad de cientos de neuronas simultáneamente.

Entendemos qué ocurre en nuestro cerebro durante el sueño, cuáles son las sustancias responsables de nuestro estado de ánimo, qué circuitos neuronales están implicados en la adicción, qué neuronas son las responsables de reconocer dónde estamos y cómo llegar a casa... Estos logros en ciencia básica, premiados con los dos últimos premios Nobel en Fisiología y Medicina, hacen que los laboratorios de neurociencia sean lo más parecido a una fiesta, en la que cada uno de los investigadores está descubriendo algo nuevo, inimaginable hace no mucho, y que posiblemente tenga una aplicación práctica en no demasiado tiempo. 

Ya se introducen electrodos de estimulación en pacientes de párkinson para eliminar los síntomas de la enfermedad:

[Observar el cambio cuando el paciente apaga el electrodo en el minuto 2' 10]. 

[otro paciente con párkinson, observar qué ocurre cuando el paciente apaga el estimulador en el segundo 50].

También se utilizan técnicas de modulación no invasiva como la estimulación eléctrica o la estimulación magnética para tratar la depresión, las interfaces hombre máquina son ya un hecho en el tratamiento de las lesiones medulares, la ceguera, o la sordera. Esta excitación dentro de los laboratorios es enorme y ha transcendido a la sociedad.

Dónde NO sirven las Neurociencias

Pero, “en el pecado lleva la penitencia”, que dice el refrán. La Neurociencia  es de los campos en los que son más frecuentes, según nuestra opinión, algunos de los errores habituales en la divulgación científica, como son: la utilización de titulares cuando menos exagerados, y la publicación de cuestiones relacionadas con artículos científicos recientes sin proporcionar un marco básico adecuado para entender esa publicación, lo cual en general puede inducir a error. Teniendo en cuenta que no se puede meter a todos los divulgadores en el mismo saco, y que incluso en algunos casos podría justificarse ese toque sensacionalista con el fin de atraer público al blog o al programa de radio, siempre que después los conceptos y las ideas que se transmiten sean las correctas. Al fin y al cabo no deja de ser un recurso periodístico.

Lo que parece más difícil de justificar es el afán vendedor de algunos, científicos y no científicos, capaces de aprovechar este tirón de la neurociencia y ese conocimiento aceptado por todo el mundo de que somos el resultado de la actividad cerebral. Y se trata de dar explicación a casi todo bajo la lente única del funcionamiento del cerebro; así por ejemplo se cuenta que si ganamos o perdemos dinero se activan áreas diferentes de la corteza, lo mismo que si vemos algo agradable o desagradable, e incluso en determinados círculos emergen nuevos campos alrededor del cerebro, y se crea la “neuroeconomía”, el “neuromarketing”, el “neurodating” o la “neurotontería”. Y transmiten que simplemente porque un área del cerebro aparezca “iluminada” en un equipo de resonancia mientras vemos una foto ya entendemos todos los procesos mentales implicados.

Estos planteamientos recuerdan a la excitación y euforia científica y social que sucedió durante el desarrollo del proyecto genoma. El mensaje que se transmitía desde la ciencia y los medios a la sociedad era que encontraríamos “el gen” causante de todo, seríamos capaces de cambiarnos si preferíamos ser altos, rubios o de voz más profunda. Por no hablar de que seríamos capaces de curar o incluso prevenir casi cualquier patología. Luego nos fuimos dando cuenta de que lo de un gen una función era una simplificación absurda y que el crecepelo genético no iba a funcionar. Lo cual no quiere decir que el conocimiento generado por ese proyecto no haya sido enorme, y beneficioso para lo sociedad, sólo que las expectativas generadas, seguramente interesadas, eran irreales.

De la euforia al escepticismo

Si quieren venderles que la neurociencia explica el que ustedes cojan este o aquel producto del supermercado, muéstrense escépticos: eso es estadística, que nos indica que los productos que están en unas estanterías determinadas se venden más, aderezada de verborrea que nos da una explicación siempre “a posteriori”, lo cual hay que reconocer que facilita mucho las cosas, y adornada con unos pocos términos característicos de la neurociencia que le dan el toque definitivo de rigor. Si le añadimos un par de imágenes de cerebros coloreados, ¿quién dice que no?

Es muy simple decir que un comportamiento tan trivial como comprar este o aquel friegaplatos tiene lugar en una zona concreta del cerebro. El cerebro es un todo, con millones de conexiones a través de las cuales unas áreas corticales van a influenciar la respuesta de otras, donde factores como el sueño o el estrés van a influir de manera evidente, con lo cual el día que decidimos cambiar la marca de friegaplatos podría ser porque la noche anterior dormimos peor, tuvimos relaciones sexuales, o porque acabamos de rascar el coche al entrar en el supermercado. Pero no se preocupen, si le dan todas esas variables a un buen neurocientífico será capaz de relacionar el orgasmo, la falta de sueño y la frustración del incidente con el coche, con la dopamina en el córtex prefrontal y decirles (a posteriori, no lo olviden) por qué hoy no compró o sí compró el mismo friegaplatos.

Es cierto que la neurociencia profundiza en el estudio y conocimiento de los fenómenos y procesos que se dan en nuestro sistema nervioso (central y periférico). Y que poco a poco se conocen los mecanismos de procesos que explican algunos comportamientos de la vida diaria, o de patologías debidas al mal funcionamiento del sistema nervioso. Sin embargo, también en función de lo que se conoce acerca de la estructura, función y componentes del sistema nervioso, y su relación con factores ambientales, temporales, sociales, genéticos etc., se hace imposible explicarlo todo bajo la perspectiva única del sistema nervioso central

Casto Rivadulla es investigador del Grupo NeuroCom en la Universidade da Coruña.

Juan de los Reyes Aguilar es investigador en el Grupo de Neurofisiología Experimental del Hospital Nacional de Parapléjicos.

José Viosca Ros
José Viosca Ros

Neurocientífico y bioquímico. Su último libro "Creando el mundo: el fascinante viaje desde los sentidos hasta el cerebro (2018)" se publicará en EL PAÍS colecciones.  Su anterior libro "El cerebro: descifrar y potenciar nuestro órgano más complejo (2017)" fue publicado en National Geographic.

Sobre este blog

Lo sabido y por saber sobre la base biológica de la memoria y sus deslices, y cómo eso puede ayudar a combatir enfermedades.

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