Existe una relación entre el maestro Pío Tudela, profesor emérito de Psicología experimental en la Universidad de Granada, y algunas características de la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Ustedes mismos podrán ir descubriendo esta relación a medida que avanzan en la lectura de este texto, que en realidad, es mi excusa para hacer un pequeño homenaje a un maestro que ha dedicado y dedica sus esfuerzos intelectuales a tratar de comprender las cuestiones más enigmáticas en la relación entre mente y cerebro.

La replicante Pris soñando una oveja eléctrica. Ilustración de A. IbáñezLa palabra maestro, en lugar de profesor, es más apropiada para Pío porque además de su habilidad para transmitir conocimiento, es un modelo que alimenta la inquietud intelectual, que los psicólogos denominamos motivación intrínseca. Una característica fundamental del estilo de enseñanza de Pío es plantear con transparencia las preguntas importantes que la ciencia debería contestar en este momento sobre cómo aparecen los fenómenos cognitivos a partir de la fisiología del cerebro. Con ello, nos está invitando a adentrarnos por caminos de conocimiento aún no transitados.

Por ejemplo, una vez, durante un curso de doctorado, nos trajo un maravilloso artículo escrito por Marcel Mesulam y aparecido en la revista Brain en 1998. Tenía el sugerente título: From sensation to cognition (Desde la sensación al pensamiento). En las 40 páginas de este artículo se hacía una descripción pormenorizada de cómo se procesan los estímulos en el cerebro y cómo son posteriormente integrados para generar una percepción concreta. Era un intento muy serio de revisar el conocimiento que había en ese momento sobre la relación entre mente y cerebro. Aquel artículo que hubiera llenado de dudas a cualquier docente a la hora de usarlo como material en un curso de posgrado, a Pío le servía para una larga discusión y el planteamiento de muchas preguntas centrales. A través de su lectura, se contemplaba el abismo de lo que NO se conoce y de las preguntas que habría que hacer para obtener ese conocimiento. Este aprendizaje ahora lo considero esencial: ¿Qué es necesario saber? ¿A qué nivel quiero explicarlo? ¿Qué métodos me llevarán a las respuestas? No es lo mismo decir que la corteza occipital manda información a la corteza temporal y parietal, que describir el mecanismo exacto que explica este flujo de información. Dicho de otro modo, no es lo mismo decir que los objetos caen que describir las leyes que rigen su caída. Si no hemos visto caer los objetos, ¿cómo formularemos una ley de la gravitación? El artículo de Mesulam simplemente mostraba que los objetos efectivamente caen, es decir, describía fenómenos mentales a partir de una descripción muy simple de la fisiología del cerebro. Pío nos mostró que la Neurociencia cognitiva estaba naciendo y con ella infinitas preguntas nuevas que hacer y responder.

De un maestro se aprende en cualquier situación. Recuerdo que una vez en clase de Neurociencia cognitiva, Pío nos hizo considerar la posibilidad de que una máquina pudiese llevar a cabo los mismos procesos cognitivos que un ser humano. Posteriormente preguntó: "¿cómo deberíamos tratar a esta máquina?" En ese momento, un alumno levantó la mano y respondió: "Pues habría que destruirla". Ante aquella respuesta repentina, todos nos quedamos atónitos cuando Pío, mostrándose realmente enojado exclamó algo como: "¿no os dais cuenta de que si algo piensa y siente como un ser humano ha de tratarse también como un ser humano? Si algo siente ya es alguien" Era una conclusión evidente, y muchos nos sentimos avergonzados por la respuesta de nuestro compañero. Sin embargo, a lo largo de los años me he dado cuenta de que la reacción del alumno es más normal de lo que parece. Piensen en un ejemplo: ¿Qué ocurriría si se demostrara sin ninguna duda ni error posible que internet es consciente del mundo y de sí misma? Estoy seguro de que mucha gente trataría de ofrecer soluciones para suprimir esta consciencia, en lugar de tratar de relacionarse o dialogar con ella. Si internet fuera alguien, ¿suprimir su consciencia permanentemente no sería un asesinato? Esta no es una pregunta trivial si consideramos que el escritor y divulgador Isaac Asimov introdujo el término roboticidio en una de sus novelas en un afán de los personajes por diferenciar este acto del asesinato.

Pío nos mostró que humano o replicante, la importancia no reside en la estructura que sustenta una función sino la función misma.

Aunque uno de los más veteranos, Pío también es uno de los pensadores más modernos que he conocido. Sus lecciones nos han animado a muchos a tratar de investigar en neurociencias desde la psicología experimental básica.

Antonio J. Ibáñez Molina
Antonio J. Ibáñez Molina

Doctor en Psicología Experimental y Neurociencias del Comportamiento en la Universidad de Granada. Actualmente investiga y da clase en la Universidad de Jaén. Ante todo, un gran aficionado a la ciencia.

Sobre este blog

El cerebro es una red de células interconectadas que dan lugar a una mente consciente. Revisaremos nuevos estudios y teorías que tratan de explicar cómo en el cerebro cabe el universo.

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