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Este estudio apareció ayer publicado en la American Journal of Gastroenterology, la revista oficial del Colegio Americano de Gastroenterología: (Pan L, et al., Clinical characteristics of COVID-19 patients with digestive symptoms in Hubei, China: a descriptive, cross-sectional, multicenter study, The American Journal of Gastroenterology).

Los resultados fueron obtenidos de enfermos de Wuhan, en China. 204 pacientes con COVID- 19 se presentaron en tres hospitales en la provincia de Hubei entre el 18 de enero y el 28 de febrero de 2020.

Este estudio transversal nos muestra que la mitad de los pacientes se quejaron de problemas digestivos. Estos nuevos datos son superiores a los datos previos presentados en el informe de la Organización Mundial de la Salud. La mayoría de los pacientes de la COVID-19 presentaban síntomas y signos respiratorios típicos como muestra la figura de abajo.

Sin embargo, muchos pacientes infectados por el coronavirus se quejaban de síntomas digestivos, como la diarrea. Los investigadores de esta publicación sugieren que este factor debería considerarse a la hora de sospechar si los enfermos están infectados, en lugar de esperar a que aparezcan los síntomas respiratorios. Esto representaría un diagnóstico más temprano, a no ser que se realicen las pruebas del coronavirus también a personas asintomáticas, hecho que según nos muestran los datos epidemiológicos realizados en Corea del Sur podría ser una de mas mejores soluciones para aplacar la transmisión del coronavirus.

<em>Gráfico modificado de <a href="https://journals.lww.com/ajg/Documents/COVID_Digestive_Symptoms_AJG_Preproof.pdf">Pan et al., 2020</a>.</em>

Los autores de este trabajo afirmaron que los pacientes con COVID-19, aquellos con síntomas digestivos presentaron un tiempo más prolongado desde el inicio hasta el ingreso hospitalario y un peor resultado clínico, en comparación con los enfermos que no sufren estos síntomas. Asimismo, los pacientes con síntomas digestivos tuvieron un tiempo promedio de 9 días desde el inicio de los síntomas hasta el ingreso, mientras que los pacientes con síntomas respiratorios tuvieron un tiempo de ingreso de 7.3 días. Esto puede indicar que aquellos que presentan síntomas digestivos esperaron más para ser diagnosticados en el hospital, ya que no sospechaban que tenían COVID-19 en ausencia de síntomas respiratorios, como tós seca o falta de aire.

Los autores también afirman que los pacientes con síntomas digestivos presentaron otras manifestaciones clínicas asociadas como anorexia, diarrea, vómitos, o dolor abdominal. En particular, en esta publicación sorprende que a medida que aumentó la gravedad de la enfermedad, los síntomas digestivos se hicieron más pronunciados, pero sobre todo el alto porcentaje, un 83%, de los pacientes ingresados con síntomas de anorexia. Definitivamente la COVID-19 en estos pacientes estaba directamente asociada a un problema gastrointestinal.

El Dr. Brennan Spiegel, coeditor de The American Journal of Gastroenterology, ha afirmado que "En este estudio, los pacientes con COVID-19 y síntomas digestivos tienen un peor resultado clínico y un mayor riesgo de mortalidad en comparación con aquellos sin síntomas digestivos. Ello señala la importancia de incluir síntomas como diarrea para sospechar de una COVID-19 temprana en el curso de la enfermedad antes de que los síntomas respiratorios se desarrollen".

No obstante, la Sociedad de Gastroenterología afirma lo siguiente en cuanto a las perspectivas clínicas de los enfermos de COVID-19: "La incidencia de los síntomas gastrointestinales, como náuseas y/o diarrea, es incierta, con algunos informes por debajo del 3% y el reciente estudio el 50% . Ha habido algunos informes de diarrea aislada que precede a la tós y la fiebre".

¿Cómo es posible esta disparidad en los datos? Quizás necesitemos nuevos estudios para saber realmente si los problemas intestinales están asociados a la COVID-19.

Las causas de que el SARS-CoV-2 puedan dañar el sistema digestivo pueden ser por vía directa o indirecta a través de la respuesta inflamatoria causada por la infección. Sin embargo, este no ha sido el único estudio. En un trabajo previo publicado el 22 de febrero, se estudiaron 73 pacientes hospitalizados, y algunos de ellos mostraban síntomas iniciales leves gastrointestinales, como diarrea, náuseas, vómitos y dolor abdominal, que precedieron a la fiebre característica, y problemas respiratorios como tos seca.

La carga viral del coronavirus presente en las heces apareció en el 54% de los pacientes infectados. La identificación del ARN del coronavirus en las heces también puede llevar a los investigadores a plantearse nuevas preguntas, ¿existe una transmisión del coronavirus fecal-oral? Lo que estos investigadores encontraron es presencia del coronavirus en las heces, pero no hay evidencia de que su carga viral fuese infecciosa, por lo tanto, no podemos afirmarlo por ahora.

Aunque se sabe que los virus pueden producir daños intestinales, no sabemos si el SARS-CoV-2 lo hace. También conocemos que la flora intestinal bacteriana juega un papel muy importante en el organismo. En concreto, puede afectar directamente al sistema inmunitario, y puede regular funciones neurológicas como la depresión o la ansiedad.

La alteración del sistema inmunitario causa cambios en la flora intestinal, y quedaría por demostrar si el coronavirus también induce cambios en las bacterias que modulan muchas de estas funciones del eje cerebro-microbiota intestinal. Seguramente los resultados de estos estudios saldrán a la luz en breve, y nos permitan saber cual es el papel de la flora intestinal en la COVID-19.

Otra posibilidad es que estos pacientes habían estado sometidos a altos niveles de estrés y ansiedad debido a crisis social causada por el coronavirus, y que su flora intestinal se haya alterado y los problemas intestinales asociados previamente a presentarse el resto de la sintomatología asociada a la COVID-19. Pero tampoco tenemos datos de esto. 

La COVID-19 esconde demasiadas incógnitas para una la comunidad científica que estaba desarmada. La explosión de nuevas investigaciones científicas nos están ayudando a entender cómo funciona este virus y cómo aplacarlo.

Cuando conozcamos los mecanismos de entrada del coronavirus en el tracto intestinal, y sobre todo cuando comprendamos mejor sus efectos, podremos diseñar nuevos tratamientos terapéuticos basados en la modificación de la flora intestinal que puedan apaliar o revertir los efectos de la COVID-19.

 

Sonia Villapol
Sonia Villapol

Neurocientífica y Profesora en el Departamento de Neurocirugía, Centro de Neuroregeneración del Instituto de Investigación Methodist en Houston, y Profesora de Neurociencias de la Universidad de Weill Cornell (New York). Bióloga molecular por la Universidad de Santiago de Compostela y doctora en Neurociencias por la Universidad Autónoma de Barcelona. Anteriormente ha sido Profesora de Neurociencias en la Universidad de Georgetown en Washington D.C., y ha trabajado en laboratorios del INSERM y CNRS en París (Francia) y en el NIH (EE.UU.). 

Sobre este blog

Las neuronas enferman, se dañan o se alteran, y nuestro reto es mantenerlas vivas y sanas para que el cerebro funcione correctamente. En este blog exploraremos las últimas investigaciones científicas que se centran en el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas o lesiones cerebrales.

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