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Hace tres meses, nadie sabía que existía el coronavirus. Hoy el número de muertes por la enfermedad del coronavirus 2019 (COVID-19) asciende a 3.600 en España sin haber alcanzado su pico de infectados, y superando a las de China. En un post anterior en este blog, publicado el 14 de marzo, se mostraban los datos que afirmaban que el coronavirus-2 del síndrome respiratorio agudo grave (SARS-CoV-2) podría ser peor que una simple gripe estacional. En otro post publicado el 16 de marzo, se explicaba que el 86% las infecciones eran indocumentadas, y se resaltaba la importancia de realizar la prueba del coronavirus en pacientes sin síntomas, según un trabajo publicado en la revista Science. Con esta recopilación de datos a día de hoy, se puede afirmar que existe un rápido contagio de la COVID-19, incluso si el paciente transmisor padece una sintomatología leve o es asintomático, y esta es una de las razones por las que se considera un serio problema controlar esta pandemia.

Todavía hay demasiadas preguntas sin resolver, el coronavirus sobrevuela los países como una capa negra que esconde muchas incógnitas dejando a la comunidad científica sin respuestas, pero más alerta y activa que nunca. La COVID-19 puede tener consecuencias graves en grupos no "vulnerables" y está causando muertes entre gente joven, sin problemas de salud previos a la infección, tal y como los medios de comunicación informan de forma continua.

El personal sanitario, los transportistas o las personas que atienden al público en supermercados, por poner un ejemplo, se exponen a un alto riesgo de contraer la COVID-19 y que esta les afecte gravemente si las medidas de protección y prevención no son lo suficientemente robustas. Esto es algo que preocupa e inquieta enormemente a la sociedad. Por ello no debemos escatimar precauciones, como mantener casi 2 metros de distancia, intentar coincidir con el menor número de gente posible, o usar guantes o mascarillas, cada vez que salimos a la calle tal y como recomienda la Organización Mundial de la Salud (WHO).

Desde hace unos días, oímos hablar del término carga viral en pacientes infectados. Este concepto se usa para cuantificar el grado de infección del virus, a partir de la estimación de la cantidad de partículas víricas en los fluidos corporales, por ejemplo, en la sangre o saliva. Por ahora, sabemos que la carga viral del coronavirus se relaciona con la gravedad de la COVID-19, tal y como se publicó en The Lancet, el 19 de marzo. El estudio muestra niveles de carga viral hasta 60 veces más altos en pacientes con síntomas más graves en comparación con aquellas personas infectadas sin síntomas. Asimismo, este trabajo recomienda la necesidad de un tratamiento antiviral lo antes posible tras la detección de la infección para reducir las probabilidades de que se agrave la enfermedad días después. En otras enfermedades víricas como la hepatitis B o C o incluso el VIH, es determinante conocer la carga viral para estimar la evolución de la enfermedad. ¿ocurre lo mismo con el coronavirus? Aunque preliminares, los datos recientemente publicados, sugieren que sí.

En concreto, la investigación publicada en The Lancet y dirigida por el profesor Yuen Kwok-Yung nos da algunas pistas sobre la importancia de la carga viral. Entre el 22 de enero de 2020 y el 12 de febrero de 2020, se determinó la carga viral del SARS-CoV-2 en muestras de saliva nasofaríngea posterior (garganta profunda) de 23 pacientes con COVID-19 y de 60 años de edad promedio. Además, también se recogieron muestras de sangre para cuantificar la presencia de anticuerpos en suero en dos hospitales de Hong Kong. La carga viral se determinó mediante PCR cuantitativa con transcriptasa inversa (RT-qPCR). Los niveles de anticuerpos contra la nucleoproteína interna (NP) del SARS-CoV-2 y el dominio de unión al receptor de la proteína del pico de superficie (RBD) se midieron mediante el inmunoensayo enzimático (ELISA). La secuenciación del genoma completo se realizó para identificar posibles mutaciones que surgen durante la infección. Según los resultados, los niveles medios de SARS-CoV-2 en las muestras nasales fue de 5.2 log10 copias de ARN/ml en pacientes sintomáticos y 4.7 log10 copias de ARN/ml en pacientes asintomáticos. A diferencia del síndrome respiratorio agudo grave, los pacientes con COVID-19 presentaron los niveles de carga viral más altos en los inicios de la infección, y posteriormente disminuyeron con el tiempo, lo que podría explicar la naturaleza de la rápida propagación de la enfermedad. Incluso en un paciente, se detectó ARN viral 25 días después del inicio de los síntomas. Los niveles séricos de IgG anti-SARS-CoV-2-NP o anti-SARS-CoV-2-RBD se correlacionaron con el título de neutralización del virus y no se detectaron mutaciones genéticas en las muestras. La carga viral máxima se correlacionó positivamente con la edad, pero no se observó asociación entre la detección prolongada de ARN viral (≥20 días después del inicio de los síntomas) y la gravedad de la enfermedad. Este hallazgo sugiere que la carga viral de SARS-CoV-2 podría usarse como un marcador útil para evaluar la gravedad y el pronóstico de la enfermedad. Similar al virus del SARS durante la epidemia en los años 2002 y 2003, los pacientes con la COVID-19 grave tienden a tener una alta carga viral y un largo período de eliminación del virus.

¿Por qué es tan necesario un cribado viral masivo? Los pacientes con COVID-19 grave tienden a tener una carga viral alta y un largo período de eliminación del virus. Y esto último es nuevo e importante. Puesto que la carga viral en las muestras nasales de sujetos sintomáticos y asintomáticos no fue estadísticamente diferente, ello nos indica que el virus está difundiéndose rápidamente entre infectados sin síntomas. Así pues, el control riguroso de la infección y el uso temprano de potentes agentes antivirales, solos o en combinación, para individuos de alto riesgo resultaría esencial. El ensayo serológico puede complementar RT-qPCR para el diagnóstico que sería recomendado.

Entonces, ¿cómo podemos limitar la carga viral? El perfil de carga viral es importante para guiar el tratamiento antiviral. En el estudio realizado en Hong Kong se observó que en los pacientes cuya carga viral ya había alcanzado el punto álgido en el momento del ingreso al hospital, el riesgo de aparición de resistencia antiviral podría ser similar al del tratamiento con un solo fármaco antiviral. Por lo tanto, una combinación antiviral triple, administrada cuanto antes, podría mejorar significativamente el resultado clínico, a la vez que podría reducir la aparición de virus resistentes. Los autores recalcan la necesidad de investigar el tratamiento combinado con agentes dirigidos al virus y al huésped para mejorar el resultado clínico.

En otro post de este blog publicado el 22 de marzo, se enumeraban los medicamentos que pueden ser mejores candidatos. La COVID- 19 se está tratando en ensayos clínicos con interferón, hidroxicloroquina, azitromicina, lopinavir-ritonavir, favipiravir, remdesivir, ribavirina, plasma convaleciente, esteroides y tocilizumab, dependiendo del cuadro clínico, pero todo es experimental, mientras no tengamos estudios comparativos y concluyentes. La Administración de Alimentos y Medicamentos Americana (FDA) acaba de aprobar la primera prueba rápida para el nuevo coronavirus realizada por la compañía de biotecnología Cepheid, que arroja resultados en aproximadamente 45 minutos y no necesita ser procesada en un laboratorio. Estas y otras pruebas son altamente necesarias.

Ahora más que nunca, es importante tomar decisiones basadas en pruebas científicas, y la implementación de procedimientos para mantener protegidos a los profesionales de la salud, el colectivo más expuesto a los enfermos, es algo fundamental. En EE.UU. se acaba de incorporar en algunos hospitales un equipo muy simple. Se trata de una caja acrílica con un diseño sencillo pero efectivo que protege a los médicos de los aerosoles y gotas respiratorias del paciente y puede desinfectarse rápidamente. Este equipo puede ser útil en sistemas de salud que están sobrecargados o que experimentan escasez de mascarillas. El diseño se puede adaptar a las necesidades individuales del médico y fue diseñada por el Dr. Hsien-Yung Lai del Mennonite Christian Hospital en Hualian, Taiwán. Además de equipos de protección del personal con altas medidas de seguridad, incluyendo cubierta para la cabeza para evitar en todo lo posible el contacto aéreo o con las gotas víricas del coronavirus, tal y como recomienda el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) que han actualizado su guía para la evaluación de riesgos. 

Cada día nos llegan más datos para entender esta enfermedad, y también cómo se transmite. Los profesionales sanitarios con o sin síntomas, deberían estar protegidos y ser evaluados constantemente para determinar el grado de carga viral que se asocia a la COVID-19, y ser tratados en la medida de lo posible. La revista HealthCare Finance recogía en este artículo as mejores prácticas para los profesionales de la salud recomendadas por la CDC. Investigadores del Hospital Queen Mary en Hong Kong afirmaron en su artículo publicado en Infection Control & Hospital Epidemiology que ninguno de los trabajadores de la salud contrajeron COVID-19, y no se identificaron infecciones adquiridas en el hospital después de las primeras seis semanas del brote. Este estudio también puntualiza que una transmisión ambiental juega un papel menor en la propagación de COVID-19 que la transmisión de persona a persona. La Asociación Médica Americana (AMA) ha proporcionado recursos para combatir la COVID-19 para médicos, otros profesionales de la salud y el público, y proporcionará actualizaciones continuas. "Piense en el paciente con COVID-19 y el procedimiento que se está realizando", dijo Sara Berg, redactora de noticias senior de AMA. "Si un médico u otro profesional de la salud no usa el material de protección adecuado (sus ojos, nariz o boca no estaban protegidos) y está presente en la habitación o realizó un procedimiento que generó mayores concentraciones de secreciones de respirador, están en alto riesgo", tal y como publica revista HealthCare Finance.

Se necesitan más estudios virológicos e inmunológicos para comprender la infección por SARS-CoV-2, así como más datos acerca de la rápida evolución epidemiológica de la COVID-19. Es el momento de hacer un esfuerzo logístico inmenso, hay que producir masivamente equipos médicos, ventiladores, pruebas nasofaríngeas, y equipos de protección personal.

Por el momento, parece que sin vacuna y otros tratamientos efectivos y seguros aprobados esta sería otra manera de salvar vidas. Hacer pruebas, pruebas y más pruebas, con o sin síntomas.

 

Sonia Villapol
Sonia Villapol

Neurocientífica y Profesora en el Departamento de Neurocirugía, Centro de Neuroregeneración del Instituto de Investigación Methodist en Houston, y Profesora de Neurociencias de la Universidad de Weill Cornell (New York). Bióloga molecular por la Universidad de Santiago de Compostela y doctora en Neurociencias por la Universidad Autónoma de Barcelona. Anteriormente ha sido Profesora de Neurociencias en la Universidad de Georgetown en Washington D.C., y ha trabajado en laboratorios del INSERM y CNRS en París (Francia) y en el NIH (EE.UU.). 

Sobre este blog

Las neuronas enferman, se dañan o se alteran, y nuestro reto es mantenerlas vivas y sanas para que el cerebro funcione correctamente. En este blog exploraremos las últimas investigaciones científicas que se centran en el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas o lesiones cerebrales.

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