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La comunidad científica se muestra convencida de poder obtener vacunas eficaces y seguras contra la COVID-19. Sin embargo, con toda probabilidad, ello no ocurrirá en breve. En la actualidad, hay más de 70 medicamentos que están siendo probados, a distintos niveles experimentales, en cultivos de laboratorio, en animales o en enfermos de la COVID-19, a fin de evaluar su seguridad y efectividad. Asimismo, la COVID-19 se está tratando en ensayos clínicos con interferón, hidroxicloroquina, azitromicina, lopinavir-ritonavir, favipiravir, remdesivir, ribavirina, plasma convaleciente, esteroides y tocilizumab.

Muchos de los resultados obtenidos con los antivirales también parecen prometedores, pues reducen el tiempo de hospitalización y los daños en los órganos producidos por la COVID-19. El mayor problema hasta el momento ha sido el poco éxito obtenido en tratamiento de los enfermos más graves, es decir, aquellos en estado crítico ingresados en la UCI.

El 27 de marzo, la revista JAMA publicó unos resultados preliminares, pero esperanzadores. En un pequeño grupo, formado por 5 pacientes, infectados por el coronavirus-2 del síndrome respiratorio agudo grave (SARS-CoV-2) y en estado crítico, se usó una combinación de medicamentos antivirales, junto con la transfusión de plasma de personas que han superado la enfermedad, como estrategia terapéutica. En los 5 pacientes, en su mayoría hombres de edades comprendidas entre los 36 y los 65 años, se observó una reducción de la carga viral, así como la desaparición del síndrome de estrés respiratorio agudo. Todos ellos se encuentran estables y 3 de ellos ya han sido dados de alta.

No obstante, los investigadores se muestran prudentes y señalan las limitaciones del ensayo. El reducido tamaño de la muestra, así como el hecho de que el trabajo no incluye un grupo de control con el que poder comparar el efecto del plasma o el uso simultáneo de otros tratamientos, limitan concluir la efectividad potencial de esta estrategia terapéutica. Así pues, deberán llevarse a cabo nuevos y más amplios ensayos clínicos.

El estudio se realizó en el departamento de enfermedades infecciosas, del Tercer Hospital para Personas de Shenzhen, China, del 20 de enero al 25 de marzo de 2020. La fecha final de seguimiento fue el mismo día 25. Los resultados clínicos se compararon antes y después de la transfusión de plasma procedente de 5 pacientes ya recuperados.

Mediante la técnica conocida como ELISA (del inglés, ensayo por inmunoabsorción ligado a enzimas), los investigadores detectaron una elevada concentración de anticuerpos específicos contra la IgG de SARS-CoV-2 en este plasma, que se administró a los pacientes graves entre 10 y 22 días después de su ingreso.

Principales resultados y medidas

Durante el ensayo, se monitorizaron cambios en la temperatura corporal, el puntaje de la evaluación secuencial de insuficiencia orgánica (SOFA, por sus siglas en inglés) (rango 0-24, con puntajes más altos que indican una enfermedad más grave), Pao2 / Fio2, carga viral, concentración de anticuerpos en suero, índice bioquímico sanguíneo de rutina (SDRA, por sus siglas en inglés), así como la oxigenación de membrana extracorpórea (ECMO, por sus siglas en inglés) y ventilatoria, antes y después de realizar la transfusión de plasma procedente de enfermos ya recuperados.

En el momento de administrar el tratamiento, los 5 pacientes recibían ventilación mecánica. Asimismo, todos habían tomado agentes antivirales y metilprednisolona. Después de la transfusión de plasma, la temperatura corporal se normalizó en 4 de los 5 pacientes al cabo de 3 días y la puntuación SOFA disminuyó, y Pao2 / Fio2 aumentó tras 12 días (rango, 172-276 antes y 284-366 después). Las cargas virales también disminuyeron y resultaron negativas dentro de los 12 días posteriores a la transfusión, asimismo, la concentración de anticuerpos neutralizantes contra SARS-CoV-2 aumentó (rango, 40-60 antes y 80-320 el día 7). El SDRA se resolvió en 4 pacientes a los 12 días y a 3 de los pacientes se les retiró la ventilación mecánica dentro de las 2 semanas de tratamiento. De los 5 pacientes, 3 han sido dados de alta del hospital (tiempo de estadía: 53, 51 y 55 días), y 2 están en condición estable a los 37 días después de recibir la transfusión.

Esta es la primera vez que se observa una recuperación total de pacientes críticos de la COVID-19. Los anticuerpos neutralizantes procedentes del plasma de donantes de sangre recuperados parecen un tratamiento que podría ayudar a los enfermos más graves. Según afirmó el Dr. Mike Ryan, jefe del programa de emergencias sanitarias de la OMS, ante los medios de comunicación, la administración de plasma de enfermos recuperados ha demostrado ser "eficaz y capaz de salvar vidas" en el caso de otras enfermedades infecciosas, como la rabia y la difteria.

Hace dos días la Administración de los Alimentos y de los Medicamentos de EE.UU. (FDA) ha ha comenzado a permitir que los médicos traten a algunos pacientes con el plasma sanguíneo de pacientes que se han recuperado de la enfermedad de la COVID-19. Ahora se necesitan ensayos clínicos a gran escala para poder de este modo tratar a los pacientes de la COVID-19 en estado más crítico a nivel global.

[ACTUALIZACION, 28 marzo]. El Hospital Methodista de Houston realizó la primera transfusión de suero de un paciente que se recuperaba de COVID-19 en un enfermo crítico. Este ha sido el primer hospital de Estados Unidos en probar esta terapia experimental. Hay casi 2.500 casos confirmados en Texas (estado con una población total de 28 millones), incluidos 744 en la región de Houston, donde 4 personas han muerto hasta el día de hoy.

[ACTUALIZACION, 30 marzo]En España, la directora del Instituto de Salud Carlos III, Raquel Yotti, anunció este fin de semana un ensayo similar en el Instituto de Investigación Sanitaria Puerta de Hierro de Majadahonda (Madrid) que, junto a otros siete hospitales españoles, realiza una investigación con plasma convaleciente para tratar casos de neumonía, que requiere de hospitalización.

Sonia Villapol
Sonia Villapol

Neurocientífica y Profesora en el Departamento de Neurocirugía, Centro de Neuroregeneración del Instituto de Investigación Methodist en Houston, y Profesora de Neurociencias de la Universidad de Weill Cornell (New York). Bióloga molecular por la Universidad de Santiago de Compostela y doctora en Neurociencias por la Universidad Autónoma de Barcelona. Anteriormente ha sido Profesora de Neurociencias en la Universidad de Georgetown en Washington D.C., y ha trabajado en laboratorios del INSERM y CNRS en París (Francia) y en el NIH (EE.UU.). 

Sobre este blog

Las neuronas enferman, se dañan o se alteran, y nuestro reto es mantenerlas vivas y sanas para que el cerebro funcione correctamente. En este blog exploraremos las últimas investigaciones científicas que se centran en el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas o lesiones cerebrales.

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