Las partículas ultrafinas (Ultrafine Particulate Matter, UFP) son aquellas con un diámetro menor a 0.1 micrones, es decir menores a 100 nm, por lo tanto estamos mayoritariamente hablando de nanopartículas. Generalmente son producidas por la quema de combustible, particularmente las emisiones de los vehículos diesel las producen en una proporción varias veces superior a los motores nafteros o de gasolina.

El avance exponencial de la nanotecnología y específicamente de los nanomateriales lleva asociada la necesidad de profundizar sobre las propiedades toxicas de los nano-objetos producidos por el hombre, lo que ha originado una nueva especificidad en la toxicología: la nanotoxicología.

Crédito: Wikimedia Commons

Sin embargo las nanopartículas provenientes de la quema de combustibles, no producidas intencionalmente, están presentes en el aire de las grandes ciudades desde hace mucho tiempo, aún antes del desarrollo actual de la nanotecnología.

El interesante artículo Within-city Spatial Variations in Ambient Ultrafine Particle Concentrations and Incident Brain Tumors in Adults, publicado en la revista Epidemiology (2020; 31: 177–183) y sus citas bibliográficas nos permite inferir que los niveles de contaminación del aire en las ciudades suelen variar de 6.000 nanopartículas por centímetro cúbico y 97.000 nanopartículas/cm3 (datos de Toronto y Montreal).

La abundancia de nanopartículas tóxicas en el aire puede producir daños en todo el organismo y particularmente en el cerebro, desde reducir su capacidad cognitiva hasta producir cáncer cerebral. La diferencia entre las calles concurridas y tranquilas de una ciudad implica una variación en la exposición a la contaminación de 10.000 nanopartículas/cm3. El artículo establece que la citada diferencia aumenta el riesgo de cáncer cerebral en más del 10%, además las personas en un ambiente con una contaminación de 50.000/cm3 tienen un 50% más de riesgo a desarrollarlo con relación a quienes conviven con 15.000/cm3.

El avance de la nanotoxicología es significativo e incluso cuenta con la ayuda de la nanoinformática con sus modelos computacionales para seleccionar, predecir, evaluar, analizar, reducir y evitar los efectos de la utilización y de la exposición a los nanomateriales. No obstante el control de las partículas ultrafinas (UFP) en el aire de las grandes ciudades no pareciera inquietar en demasía aunque afecta en forma directa y continua a muchas personas, especialmente a quienes viven en las zonas más transitadas.

Habrá que repensar aquello de céntrico, sobre avenida y con balcón a la calle.

Alberto Luis D’Andrea
Alberto Luis D’Andrea

Director de Nanotecnología y Nuevas Tecnologías de la Universidad CAECE (Buenos Aires, Argentina).Profesor y Doctor en Ciencias Químicas egresado de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Posgrado de Ingeniería Biomédica dictado en conjunto por la Fundación Favaloro y la Facultad de Medicina (UBA). Presidente de la Confederación Argentina de Biotecnología (CAB) y de la Confederación Argentina de Nanotecnología (CAN). Coordinador de la Comisión de Biotecnología y Nanotecnología del Colegio de Ingeniería Agronómica (CPIA). Autor de numerosos trabajos de investigación en revistas internacionales, libros relacionados con la docencia y artículos en diarios y revistas. Último libro (2017) "La Convergencia de las Tecnologías Exponenciales & la Singularidad Tecnológica". Creador y redactor del periódico online Biotecnología & Nanotecnología al Instante. Creador y columnista del programa radial Café Biotecnológico.

http://albertodandrea.blogspot.com.ar 

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Una visión del futuro desde la nanotecnología.

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