¿Podrá la ciencia-tecnología alguna vez responder a preguntas tales como la causa y la forma del origen de la vida y del universo? Tal vez el condicionante genético de nuestro cerebro solo nos permita resolver problemas vinculados con nuestra supervivencia y no avanzar hacia los grandes misterios, ¿habrá cosas que nunca entenderemos?, ¿avanzar en la temática implica pensamientos para los cuales no estamos preparados? ¿Nuestras mentes sufren un “cierre genético cognitivo” con respecto a ciertos problemas?

Así como los perros o los gatos nunca entenderán el Teorema de Pitágoras, los cerebros humanos parecieran estar cerrados a algunos de los secretos del mundo sin evolucionar para poder descubrir los orígenes. Ambos misterios se nos aparecen como intratables y sus verdades simplemente inaccesibles a la mente humana. Sin embargo existen cuatro aspectos involucrados en alguna posibilidad de llegar a comprender el origen de la vida y del universo: las extensiones metales1, el conocimiento colaborativo1 e integrado, la lucha entre el hombre y sus genes2, y el software-mente3.

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Extensiones mentales: nuestros débiles cerebros tal vez no puedan responder todas las preguntas y comprender todos los problemas. En ese caso estamos hablando del cerebro desnudo, pero el hombre ha desarrollado una cantidad importante de herramientas incluyendo una variedad de herramientas cognitivas. La ciencia y la tecnología le permiten superar muchas limitaciones naturales. Desde las matemáticas, un ejemplo de extensión mental, nos permite representar conceptos y trabajar sobre la capacidad de los cerebros desnudos, hasta las tecnologías que nos brindan la posibilidad de avanzar sobre nuestras percepciones naturales e incursionar en la “visión” de todo el espectro electromagnético, de lo muy grande y lo extremadamente pequeño. De manera similar, usamos objetos físicos (como papel y lápiz, computadoras, etc.) para aumentar enormemente la capacidad de memoria de nuestros cerebros desnudos. Por los ejemplos citados, entre otros, nuestras mentes se extienden literalmente más allá de nuestra dotación natural.

Conocimiento colaborativo e integrado: tal vez nuestra especie única por ser capaces avanzar hacia el conocimiento cultural acumulativo e integrado. Una población de cerebros humanos es mucho más inteligente que cualquier cerebro individual aislado. Una empresa colaborativa por excelencia es la ciencia. Al colaborar con sus pares, los científicos pueden ampliar el alcance de su comprensión, logrando mucho más de lo que cualquiera de ellos sería capaz individualmente aumentando una evolución integradora y acumulativa. La inteligencia humana natural no es en la actualidad mayor a la de los habitantes de la antigua Grecia, nuestro avance hacia lo desconocido depende entonces del atesoramiento del inmenso legado del conocimiento humano acumulado a lo largo de los siglos a través del trabajo colaborativo.

La guerra entre el hombre y los genes: Richard Dawkins en su libro de divulgación “El gen egoísta” (The Selfish Gene), publicado en 1976, establece que el gen es la unidad evolutiva fundamental. Los organismos son, pues, meras máquinas de supervivencia para los genes. En tal sentido los seres humanos son utilizados por los genes para perpetuarse en el tiempo y el hombre deja su lugar central para convertirse en un soporte descartable de la herencia genética. La rebeldía del hombre se comienza a vislumbrar a partir de 1973 con las primeras experiencias de ADN recombinante, el nacimiento de la ingeniería genética y las técnicas nano y biotecnológicas en general. A partir de las experiencias de ADN recombinante, del silenciamiento de genes posible con la técnica de ARN de interferencia (ARNi) y la nueva ingeniería genética “in vivo” del sistema CRIPR-Cas 9 el hombre está en condiciones tomar el control de la situación cambiando el destino de la perpetuación de ciertos genes e intentar prevalecer de algún modo. Un campo de batalla, donde la inteligencia del hombre concebida para sobrevivir lo suficiente de modo de perpetuar a los genes, se tradujo en armas científicas-tecnológicas para intentar dominarlos, desprenderse de sus limitaciones y extender las posibilidades de nuestro cerebro para poder abordar preguntas para las cuales estábamos genéticamente limitados.

El software-mente: finalmente el avance en las NBIC (Nano-Bio-Info y Cognotecnologías) permite vislumbrar la posibilidad que el inmenso legado del conocimiento universal tal vez pueda pasarse de un humano a un robot como hoy se pasa el software de una computadora a otra. Si admitimos que la mente es al cuerpo como el software lo es al hardware, la posibilidad de poder trasferir el software-mente a un robot con un cerebro cuasi similar puede llegar a constituirse en una realidad y en la gran revolución del siglo XXI. Humanos robotizados inmortales no dependientes de genes, genoma ni ingeniería genética. Recordemos la viabilidad de contar, a fines del año 2025-2030, con cerebros similares construidos sobre la base de nanochips neurosinápticos, los proyectos cerebro humano (Human Brain Project-Brain Activity Map) y de los adelantos en nanotecnología capaces de producir una piel de grafeno, más sensible que la humana, ojos-nanocámaras para ver más allá del espectro visible, etcétera. En ese caso todos podríamos ser viajeros del universo y andar por el espacio sin preocuparnos por la temperatura, la atmósfera, la falta de agua, la comida y del escaso tiempo cósmico de nuestras vidas.

En tal circunstancia tal vez, eliminada las restricciones de los genes condicionantes, podremos formular preguntas para las cosas que hoy sabemos, es decir sobre incógnitas desconocidas sobre las cuales ni siquiera podemos aún enmarcar preguntas correctas ya que por alguna razón (desconocida) la inteligencia humana no está a la altura de la tarea. Lo expuesto señala una evolución posible para superar nuestras limitaciones biológicas y comprender como comenzar a desentrañar los misterios de la vida y del universo.

1.-Maarten Boudry. Human intelligence: have we reached the limit of knowledge? The Conversation. https://theconversation.com/human-intelligence-have-we-reached-the-limit-of-knowledge-124819

2.-Alberto L. D'Andrea. La guerra invisible: el hombre vs los genes. https://www.investigacionyciencia.es/blogs/tecnologia/102/posts/la-guerra-invisible-el-hombre-vs-los-genes-15566

3.-Alberto L. D’Andrea y col. La convergencia de las tecnologías exponenciales & la singularidad tecnológica. Capítulo VIII. Editorial Temas. Buenos Aires. Argentina. 2017.

Alberto Luis D’Andrea
Alberto Luis D’Andrea

Director de Nanotecnología y Nuevas Tecnologías de la Universidad CAECE (Buenos Aires, Argentina).Profesor y Doctor en Ciencias Químicas egresado de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Posgrado de Ingeniería Biomédica dictado en conjunto por la Fundación Favaloro y la Facultad de Medicina (UBA). Presidente de la Confederación Argentina de Biotecnología (CAB) y de la Confederación Argentina de Nanotecnología (CAN). Coordinador de la Comisión de Biotecnología y Nanotecnología del Colegio de Ingeniería Agronómica (CPIA). Autor de numerosos trabajos de investigación en revistas internacionales, libros relacionados con la docencia y artículos en diarios y revistas. Último libro (2017) "La Convergencia de las Tecnologías Exponenciales & la Singularidad Tecnológica". Creador y redactor del periódico online Biotecnología & Nanotecnología al Instante. Creador y columnista del programa radial Café Biotecnológico. http://albertodandrea.blogspot.com.ar Twitter: @gengenial

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Una visión del futuro desde la nanotecnología.

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