Estamos próximos a un nuevo año. A veces resulta curioso e interesante sumar los números de algún acontecimiento. El año 2020 nos dice que 2+0+2+0= 4 y el año 2021 sería 2+0+2+1= 5. También podemos jugar con las letras asociadas, la cuarta letra del abecedario es la d y la quinta es la e. En tren de conjeturas podríamos decir que pasamos del 4 al 5 y de la d de desesperanza a la e de esperanza.

La desesperanza en el año 2020 resulta obvia por una pandemia de COVID-19 rebelde, en medio de problemas económicos y ambientales crecientes. ¿En qué fundamos la esperanza de un 2021 mejor? En primer lugar en las vacunas, una respuesta específica al problema fundamentalmente en los países con mayor desarrollo científico-tecnológico.

Resulta más conflictivo avanzar sobre las dificultades económicas y ambientales existentes antes de la pandemia, las cuales podríamos denominar como “pandemias crónicas”. El cambio de gobierno de los Estados Unidos tal vez acompañe y refuerce las estrategias para reducir la contaminación ambiental, aunque el atraso en el área es notorio y las iniciativas vigentes fijan fechas de concreción distantes en un intento de hacer algo pero lo más lejos posible priorizando una economía basada en la falta de respeto por la leyes de la naturaleza. Resulta lógico entonces que la economía del planeta también esté a la deriva y sin rumbo.

Esperanza en el año 2021 sería encontrar algo similar a una “vacuna” para las “pandemias crónicas”, algo con suficiente sustento y fuerza para conducir a un desarrollo sostenible y viable en todos lados, algo tendiente a evitar las desesperadas emigraciones en busca de satisfacer necesidades básicas. Lograrlo requiere reparar mucho de lo realizado hasta el momento, requiere hasta “transformar la naturaleza para restituir las pautas perdidas y hacer posible la vida en la tierra” (Jeremy Rifkin).

La biotecnología con su capital de más de 65 millones de genes conocidos y la transgénesis, y la nanotecnología, con su capacidad de innovar construyendo con átomos y moléculas, pueden transformar la naturaleza permitiendo avanzar hacia respuestas-soluciones inéditas en forma exponencial. Ambas conducen a dos tipos de economía, la bioeconomía y la nanoeconomía; a su vez éstas a la economía de las nuevas tecnologías.

En el Plan NanoBio se expone y resalta lo expuesto. Pasamos del 4 al 5, pero para trastocar la desesperanza en esperanza necesitamos acortar los tiempos y utilizar con inteligencia el saber hacer de las nuevas tecnologías. Tal vez el 2021 sea un punto de inflexión hacia la implementación sostenida de las citadas “vacunas” contra las “pandemias crónicas”.

Alberto Luis D’Andrea
Alberto Luis D’Andrea

Director de Nanotecnología y Nuevas Tecnologías de la Universidad CAECE (Buenos Aires, Argentina).Profesor y Doctor en Ciencias Químicas egresado de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Posgrado de Ingeniería Biomédica dictado en conjunto por la Fundación Favaloro y la Facultad de Medicina (UBA). Presidente de la Confederación Argentina de Biotecnología (CAB) y de la Confederación Argentina de Nanotecnología (CAN). Coordinador de la Comisión de Biotecnología y Nanotecnología del Colegio de Ingeniería Agronómica (CPIA). Autor de numerosos trabajos de investigación en revistas internacionales, libros relacionados con la docencia y artículos en diarios y revistas. Último libro (2017) "La Convergencia de las Tecnologías Exponenciales & la Singularidad Tecnológica". Creador y redactor del periódico online Biotecnología & Nanotecnología al Instante. Creador y columnista del programa radial Café Biotecnológico.

http://albertodandrea.blogspot.com.ar 

Sobre este blog

Una visión del futuro desde la nanotecnología.

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