Cuando uno escribe una colaboración lo que desea por encima de todo es encajar un máximo de información. Pero no siempre es posible, todo tiene una extensión máxima. La entrega de diciembre de la sección Taller y laboratorio sufrió, casi como siempre, de esa lógica limitación. Fue precisamente por ello que algunos artefactos recibieron menos atención de la que merecen.

Los cinco motores cuya construcción y funcionamiento se describen en el artículo de la sección «Taller Laboratorio» del número de diciembre 2016 de <em>Investigación y Ciencia</em>. De izquierda a derecha: molinete electrostático, torre termosolar, radiómetro de Crookes, molinillo de viento y motor de Franklin. [MARC BOADA FERRER]
Un caso es el del molinillo de viento, para el que no pudimos encontrar más espacio, ni siquiera para una foto de detalle. Pero lo merece. El molinillo es menos obvio de lo que aparenta. Ahora y aquí, y disponiendo de un registro menos rígido que el de una revista científica en papel, aprovecharemos para recrearnos en él. Repasaremos el artículo y lo descubriremos en el último plano de la foto de familia.

Molinillo-viento.jpgLa versión que mostramos es bastante distinta del clásico molinillo de papel. Es, por decirlo de alguna forma, el resultado de una búsqueda de la calidad constructiva y estética del artefacto. El rotor está hecho con chapa de aluminio de 0,4 milímetros de espesor. Este material es uno de esos que jamás debe faltar en el taller de un experimentador inquieto. Su obtención es fácil, y eso no se explica en la revista. Acudamos a una industria gráfica y solicitemos algunas de las chapas que utilizan para la impresión en offset. Es un material fantástico, una placa bastante rígida y lisa. Por una cara conserva el aspecto del metal brillante, por la otra hay la zona de impresión, donde se aplica la tinta que luego se transfiere al papel. Sirve para casi todo, sus aplicaciones son infinitas y en esta ocasión lo demostró.

Yo buscaba un substituto del papel, quería un rotor indeformable incluso bajo ráfagas muy intensas. Recorté un cuadrado de 20 centímetros de arista que pinté de color negro por la cara de impresión y barnicé por la otra con un espray de acabado mate. Luego hice los cuatro cortes de las diagonales y uní los dobleces por el centro con un diminuto eje de dos milímetros de diámetro. Finalmente construí el soporte, el plano de orientación y la columna del conjunto. Con todo a punto engrasé delicadamente los puntos de giro y sometí el aparato a unas horas de rodaje.

En efecto, coloqué un buen ventilador y enfrentado a este el molinillo. Cuál fue mi sorpresa cuando comprobé que el funcionamiento era bastante distinto de lo que imaginaba. El rotor giraba a toda velocidad, con una fricción despreciable y yo intentaba encontrar un punto óptimo donde la velocidad fuera máxima.


Estuve valorando la posibilidad de modificar el alerón de mi molinillo, pero al final el componente estético me dominó. Me encanta ese aspecto "Esteampunk", con el latón brillando, las aspas bicolor girando céleres y la perfecta simetría de los componentes. Pero el lector puede experimentar sin esas cortapisas. Tome por ejemplo un pequeño motor a pilas. Elimine estas. En su eje puede fijar un rotor hecho con materiales de su elección. Móntelo sobre un soporte orientable, conecte un voltímetro a los terminales y tendrá un buen instrumento con el que descubrir todas estas cosas y algunas más.

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Marc Boada Ferrer
Marc Boada Ferrer

Divulgador científico y experto en ciencia experimental. 
Web: marcboada.com

Sobre este blog

Publicar un experimento significa que antes ha sido necesario hacer muchos más, a veces pequeñas pruebas, en ocasiones tanteos aleatorios; incluso de vez en cuando hacemos manipulaciones improvisadas. Y es que el día a día del experimentador está cargado precisamente de estas acciones.

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