De todos es conocido que en la carrera espacial nada puede ser dejado al azar. Los márgenes de error deben ser reducidos al mínimo, y cuando sea posible, eliminados. Todo tiene que estar bajo control. Todo tiene que haber sido previsto y calculado con anterioridad. De todos modos, la historia nos ha dado lecciones muchas veces: el fallo es inevitable y aún algunas misiones seguras acabaron en tragedia. La historia espacial nos ha enseñado a esperar lo inesperado.

Con esta premisa, es normal que el coste de acceder al espacio sea tan elevado, de forma que sólo los gobiernos más fuertes pueden permitírselo. Por otro lado, dado que la inversión económica es tan grande, es necesario asegurar la misión para que en caso de fracaso sea posible hacer frente a dicha inversión. Para alcanzar altos grados de confianza y reducir la probabilidad de error a órdenes de magnitud muy pequeños es necesario hacer sistemas redundantes con independencia, cosa que encarece el sistema aún más tanto en peso como en coste. Y siendo así, ¿por qué siguen fallando los cohetes?

¿Por qué parece que la tecnología espacial avanza tan lentamente? Si tenemos la tecnología para explorar los planetas del sistema solar, ¿por qué nos cuesta tanto volver a la Luna?

En los inicios de la aviación, cuando el hombre fue capaz de remontar el vuelo con aparatos más pesados que el aire a inicios del siglo xx, fue cosa de dos décadas tener el primer convenio internacional conocido como convenio de París de 1919. Poco después, el 20 de mayo de 1927, Charles Lindbergh, con su Spirit of Saint Louis, cruzó el Atlántico; ganando el concurso Orteig Prize. Lindberg era de la opinión de usar sólo un motor porque si usaba dos motores y fallaba uno igualmente no podría sobrevivir. La clave del éxito no fue la redundancia sino la simplicidad.
 
Después de la segunda guerra mundial, guerra durante la cual la maquinaria aeronáutica había tenido un gran auge, volar en avión se convirtió en algo común, aunque al alcance sólo de los más ricos y eso sí, mantenidos por los gobiernos. Esto fue claramente marcado por el convenio de Chicago de 1944, surgiendo poco después la OACI (Organización de Aviación Civil Internacional). De todos modos, la aviación no experimentó su máximo exponente hasta que fue globalizada y liberalizada, haciéndose rentable e incluso llegando al punto de ser low-cost. La clave del éxito no fue control gubernamental sino comercialización.

Si analizamos el sector espacial de hoy en día, ni es simple ni es privado. Son las grandes organizaciones las que hacen posible llegar al espacio (para ser explotado en favor de la humanidad). Han pasado más de 50 años desde que el primer satélite, el Sputnik, fuera puesto en órbita el 4 de octubre de 1957, y sólo doce años después, un 20 de julio de 1969, el hombre pisaba por primera vez la Luna. Parecía que todo iba a evolucionar tan o más rápido que la aviación, sin embargo, no fue así. ¿Qué ha pasado?
 
Es cierto que desde entonces ha habido logros importantes como la exploración del sistema solar por sondas, el estudio en detalle de los planetas interiores por satélites y rovers, la adaptación del humano a largos periodos de exposición en ingravidez y la que personalmente creo más valiosa, la estación espacial internacional como ejemplo de globalización.
 
¿Por qué es tan caro ir al espacio?
 
Mi interpretación personal es clara: No hemos dejado equivocarnos en el espacio, hemos evitado a todo coste el error y con él la posibilidad de aprender. De todos modos,  la falsa percepción de seguridad en el espacio no ha logrado erradicar del todo el fallo y gracias al fallo hemos podido aprender algo, pero poco. Sólo unos pocos han podido experimentar con llegar al espacio. Al no ser un sector controlado por la industria y la competitividad, los costes han sido disparatados, la tecnolgía ha sido conservadora o quizá no ha sido todo lo innovadora que podría haber sido. Pero lo más importante: ha sido muy compleja.
 
Si aceptamos el error como parte del proceso, si simplificamos los sistemas como hizo Lindbergh, reduciremos costes. Si perdemos el miedo a equivocarnos, aumentaremos el uso del espacio de modo que no sólo unos pocos puedan llegar al espacio. Si permitimos que la industria espacial madure a un ritmo normal, innovando y respetando a la vez el medio ambiente, será posible por fin hacer lanzamientos diarios al espacio con coste razonables.
Joshua Tristancho Martínez
Joshua Tristancho Martínez

Profesor de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC). Responsable del programa de espacio para femto-satélites y mini-lanzaderas en Team FREDNET y WikiSat.  Ingeniero Técnico Aeronáutico, esp. Aeronavegación, y Master in Aerospace Science and Technology por la UPC.

Sobre este blog

El creciente desarrollo que la tecnología experimenta en el sector aeroespacial hace que cada vez sea más barato el acceso al espacio. El uso de femto-satélites (menos de 100 gramos) con plena capacidad de comunicación y control, nos permitirá usar micro-lanzaderas (menos de 100 kg) de bajo coste para ponerlos en órbitas LEO (Low Earth Orbit).

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