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13 de Mayo de 2018
oceanografía

24 metros de ola

Hasta hace unos decenios, las «olas monstruosas» eran consideradas solo fábulas de marino. Pero es verdad que existen, y las boyas las descubren una y otra vez.

Esta foto se tomó en el Golfo de Vizcaya, a la altura de la línea de las cien brazas, alrededor de 1940 [NOAA, fragmento].

Casi 24 metros medía una ola monstruosa (o extrema, o anómala) que el 9 de mayo de mayo fue registrada en el Pacífico Sur, cerca de la isla neozelandesa de Campbell. Esta gigante es la mayor ola que se haya medido en el hemisferio austral, según le decía Tom Durrant, del instituto meteorológico y oceanográfico neozelandés, a ABC Australia, la radiotelevisión pública australiana. La boya solo mide la altura de las olas durante períodos de veinte minutos cada tres horas, así que no cabe excluir que otras olas fuesen aún mayores, en opinión del oceanólogo.

Más exactamente, medía 23,8 metros, con lo que supera claramente el anterior récord, del año 2012. Aquel año, una boya midió en aguas australianas una ola de 22,03 metros. El récord mundial le corresponde a un monstruo del Atlántico Norte. Cerca de la isla escocesa de Rockall, el barco de investigación británico RRS Discovery registró en febrero de 2000 olas de hasta 29 metros. Y también la famosa ola de Draupner, de 1995, deja pequeña al monstruo del Pacífico Sur. Sus 25 metros golpearon contra la plataforma petrolífera Draupner, y fue la primera ola monstruosa de la que realmente quedó constancia. Anecdóticamente, se ha informado de olas monstruosas aún más altas. El crucero Bremen casi se hunde en el Atlántico Sur por culpa de una ola a la que se le estimó una altura de más de 30 metros.

Sigue sin estar claro cómo y dónde se forman las olas extremas, al menos en lo que se refiere a los detalles. El riesgo de que se formen aumenta cuando una tormenta agita el mar donde hay fuertes corrientes marinas, y puede ocurrir donde las profundidades no son muy grandes. Las olas monstruosas duplican como poco la altura característica del oleaje en medio del cual surgen. En su creación interviene un acortamiento de la longitud de onda: olas especialmente altas se producen cuando una más rápida alcanza a otra más lenta y se superponen. Una montaña de agua se crea entonces.

Daniel Lingenhöhl / spektrum.de

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Spektrum der Wissenschaft.

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