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  • 21/06/2018

Toxicología

Abuelos expuestos, nietos afectados

En ratones, los efectos negativos del bisfenol A, compuesto tóxico presente en botellas de plástico, dentífricos o resinas, se observan más allá de la segunda generación. En concreto, la sustancia podría afectar la vocalización de los descendientes.

Plos One

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Descubren que las crías de ratón, cuyos abuelos fueron expuestos a bisfenol A, presentan alteraciones en el patrón de vocalización. Ello podría ayudar en el conocimiento de trastornos como el autismo. [iStock/Ekaterina79]

Las consecuencias de la exposición al compuesto orgánico bisfenol A (BPA, por sus siglas en inglés), tristemente conocido por su toxicidad, podrían perdurar a lo largo de varias generaciones. En su trabajo más reciente, Cheryl S. Rosenfeld y su equipo, de la Universidad de Missouri, demuestran que la ingesta de la sustancia por parte de los abuelos podría afectar la capacidad de comunicación de los nietos.

Los experimentos su realizaron en ratones de California, Peromyscus californicus, roedores monógamos y biparentales, pues ambos progenitores participan en la crianza de los pequeños. Ello permitió a los investigadores evaluar posibles cambios en la conducta paterna y materna causados por el BPA. Además, las conclusiones del estudio podrían aplicarse en humanos, debido a la semejanza entre los circuitos neuronales y hormonales de las dos especies que regulan dicho comportamiento.

Así pues, la generación inicial, o cero, de animales recibió tres posibles dietas. La primera contenía BPA y la segunda otro compuesto capaz de alterar el sistema endocrino llamado etinilestradiol. En cambio, en la tercera no se añadió aditivo alguno. Este último régimen también se administró a todos los descendientes, hijos y nietos, a lo largo de toda su vida. Es decir, solo los abuelos fueron expuestos a sustancias nocivas.

Según los resultados, publicados por la revista Plos One, la segunda generación de crías descendientes de ratones tratados con BPA y etinilestradiol emitió mayor número de sonidos. Para Rosenfeld y sus colaboradores, dicho aumento podría indicar niveles altos de estrés en los cachorros, que intentarían reclamar la atención de los padres mediante la vocalización. Datos previos del equipo sugieren que el BPA afectaría de forma negativa la conducta de los progenitores, hecho que resultaría en el abandono de los pequeños.

Sin embargo, efectos a nivel hormonal, metabólico o cerebral, consecuencia de la exposición de generaciones anteriores al BPA, también podrían originar el patrón de comunicación anómalo observado en los descendientes. Futuros experimentos intentarán esclarecer el mecanismo responsable. Ello permitirá ahondar en el conocimiento de trastornos como el autismo, caracterizados por alteraciones del lenguaje verbal en etapas tempranas del desarrollo.

Marta Pulido Salgado

Referencia: «Multigenerational effects of bisphenol A or ethinyl estradiol exposure on F2 California mice (Peromyscus californicus) pup vocalizations», de S. A. Johnson et al. en Plos One, publicado el 18 de junio de 2018.

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