6 de Septiembre de 2012
Neurociencia

Abuso de alcohol y ansiedad

El consumo excesivo de bebidas alcohólicas favorece los trastornos de ansiedad.

El consumo abusivo de alcohol reconecta los circuitos del cerebro, de manera que dificulta la recuperación psicológica ante las experiencias traumáticas. A esta conclusión ha llegado un equipo del Instituto Nacional sobre el Abuso de Alcohol y el Alcoholismo (NIAAA) y el Centro Bowles para Estudios sobre el Alcohol de la Universidad de Carolina del Norte a partir de un estudio llevado a cabo con ratones. Según los resultados, el consumo excesivo de etanol conlleva una especie de reprogramación cerebral que hace al individuo más susceptible a padecer trastornos de ansiedad.


Alteraciones cerebrales

Desde hace tiempo, los médicos habían observado una relación entre el alcoholismo y los trastornos de ansiedad (entre ellos, el trastorno de estrés postraumático), además del mayor riesgo por parte de las personas alcohólicas de sufrir sucesos traumáticos (como accidentes de tráfico y violencia doméstica). Aunque, opinan los investigadores, esta explicación tan solo aclara en parte la relación entre ambas patologías. Según han revelado,la exposición crónica al alcohol puede causar un déficit con respecto a la forma en que los centros cerebrales cognitivos controlan los centros emocionales en el cerebro.

Durante un mes, los investigadores administraron a un grupo de ratones una dosis de alcohol equivalente al doble del límite legal para conducir en los seres humanos. A un segundo grupo de múridos no se les proporcionó etanol. El equipo utilizó leves descargas eléctricas con el fin de conseguir que todos los animales temiesen el sonido de un tono breve. Cuando el tono se reproducía de forma repetida sin la descarga eléctrica de acompañamiento, los ratones del grupo control dejaron, de manera progresiva, de temer el sonido. En cambio, los ratones a los que se había expuesto al alcohol se quedaban inmóviles cada vez que oían el sonido, incluso mucho tiempo después de que las descargas eléctricas hubiesen cesado (patrón similar al que se observa en pacientes con trastorno de estrés postraumático, quienes manifiestan problemas para superar el miedo, incluso cuando ya no están en una situación peligrosa).

Los autores atribuyen el efecto a las diferencias en los circuitos neuronales de los ratones expuestos de manera crónica al alcohol: las células nerviosas de la corteza prefrontal de su cerebro presentaba una forma diferente a las de los roedores abstemios. Además, la actividad de un receptor clave, NMDA, quedó suprimido en los ratones que recibieron altas dosis de etanol. "No solo estamos descubriendo que el alcohol tiene efectos perjudiciales en un proceso emocional clínicamente importante, sino que también estamos en condiciones de ofrecer una idea de cómo el alcohol puede perturbar el funcionamiento de algunos circuitos cerebrales muy específicos", afirma Holmes.

Comprender la relación entre el alcohol y la ansiedad a nivel molecular podría ofrecer nuevas posibilidades para el desarrollo de fármacos que ayuden a las personas con trastornos de ansiedad y que también presentan alcoholismo. En este sentido, el próximo paso que propone Holmes consiste en probar si estos hallazgos preclínicos se traducen a los pacientes que actualmente padecen de TEPT comórbido y abuso de alcohol.

Más información en Nature Neuroscience

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