7 de Octubre de 2022
MEDICINA

¿Aceleran los hongos el crecimiento de los tumores?

Nuevos estudios aportan pruebas claras sobre la relación entre el cáncer y los hongos.

[Dr_Microbe/iStockPhoto]

Desde hace años, han ido creciendo las pruebas sobre la existencia de una relación entre las bacterias y el cáncer. De hecho, en algunas ocasiones estas son determinantes para que progrese. Ahora, dos estudios han hallado una conexión similar con otro tipo de microorganismos: los hongos.

Los distintos tumores contienen diferentes especies de hongos microscópicos o unicelulares. Según dos estudios publicados en Cell el 29 de septiembre, investigar las especies que están presentes será de gran ayuda algún día a la hora de diagnosticar el cáncer o predecir su curso. Para Ami Bhatt, especialista en microbioma de la Universidad Stanford, en California, «la observación de hongos en el interior de los tumores es fascinante». También recalca que estos estudios solo indican que existe una asociación entre los hongos y ciertos tipos de cáncer, aunque no demuestran si son responsables de su progresión.

Microbios internos

Al igual que las bacterias, los hongos forman parte del microbioma humano, un delicado equilibrio de microbios que viven en el interior de nuestro cuerpo. Para comprender cómo se altera esta composición en las personas con cáncer, Lian Narunsky Haziza, bióloga especializada en este tema, y su equipo del Instituto Weizmann de Ciencia en Rejóvot, catalogaron poblaciones de hongos presentes en más de 17.000 muestras de tejido y sangre que contenían 35 tipos de cáncer.

Como era de esperar, los hongos, incluidos varios tipos de levadura, estaban presentes en todos los tipos de cáncer incluidos en el estudio, pero no todos influían en los tumores de la misma forma. Por ejemplo, el equipo de investigadores se percató de que Malassezia globosa, un hongo que se asoció anteriormente con el cáncer de páncreas, estaba relacionado con una reducción significativa de la tasa de supervivencia de los pacientes con cáncer de mama. Al caracterizar también las bacterias de los tumores, Narunsky Haziza y su equipo descubrieron que la mayoría de los tipos de hongos solían coexistir con ciertas especies bacterianas, lo que significa que el tumor podría favorecer tanto el crecimiento fúngico como el bacteriano, a diferencia de lo que suele ocurrir en entornos más habituales, en los que hongos y bacterias compiten por los recursos compartidos.

En muestras de algunos tumores se ha detectado la presencia del hongo <em>Candida</em> (el de la imagen crece en condiciones de laboratorio).
[Shawn Lockhart/Wikimedia Commons, dominio público]

En otro estudio, Iliyan Iliev, inmunólogo de Weill Cornell Medicine (Nueva York) y su equipo analizaron tumores gastrointestinales, de pulmón y de mama y observaron que solían contener hongos Candida, Blastomyces y Malassezia, respectivamente. En las células tumorales gastrointestinales, los niveles más altos de Candida estaban relacionados con una mayor actividad de los genes que promueven la inflamación, una mayor tasa de metástasis y una tasa de supervivencia menor.

Para Deepak Saxena, microbiólogo de la Universidad de Nueva York, que ha investigado la conexión entre los hongos y el cáncer, caracterizar las células fúngicas es tan difícil como encontrar una aguja en un pajar. Dependiendo de la muestra, suele haber una única célula fúngica por cada 10.000 células tumorales.

Además, tal como señala Iliev, muchas de esas especies de hongos están muy extendidas, lo que hace que la contaminación de las muestras sea un grave problema.  Esto significa que el equipo tuvo que tomar muchas precauciones para eliminar de sus resultados cualquier posible contaminación, además de las falsas coincidencias de ADN fúngico. Por ejemplo, hallaron un fragmento de ADN identificado erróneamente como hongo portobello (Agaricus bisporus), un hongo comestible común, en tejidos tumorales de todo el cuerpo.

Ambos equipos de investigación obtuvieron la mayoría de sus muestras de tejido y sangre procedentes de bases de datos, por lo que no se recogieron con el objetivo de minimizar la contaminación fúngica, señala Bhatt. Aunque su equipo desarrolló métodos para filtrar cualquier posible contaminante de los datos de secuenciación, a Bhatt le gustaría repetir el experimento con muestras tomadas en un entorno estéril.

Efectos fúngicos

Aunque esta investigación es la que ha demostrado con más claridad la existencia de un vínculo entre el cáncer y los hongos, Saxena cree que hay que investigar más para comprender si estos microorganismos contribuyen a la progresión del cáncer causando inflamación, o si los tumores avanzados crean un entorno habitable que favorece el arraigo de las células fúngicas.

Para responder a estas preguntas, será necesario estudiar un único tipo de cáncer cada vez y utilizar células cultivadas en laboratorio y modelos animales para comprobar si los hongos favorecen la transformación de las células sanas en cancerosas, afirma Charis Eng, genetista especializada en cáncer de la Clínica Cleveland de Ohio. Según Eng, cuando comprendamos mejor el papel que desempeñan los hongos en el cáncer, desarrollaremos terapias o probióticos que controlen sus poblaciones, lo que podría ayudar a detener la progresión del cáncer.

También será importante averiguar cómo interactúan las bacterias, los virus y los hongos y cómo contribuyen al cáncer, afirma Nadim Ajami, especialista en microbioma del hospital MD Anderson Cancer Center de Houston. «Sabemos que estos organismos coexisten», afirma. «Cuando pensamos solo en bacterias u hongos, solemos olvidar que viven en el mismo entorno.»

Max Kozlov/Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con el permiso de Nature Research Group.

Referencias: «Pan-cancer analyses reveal cancer-type-specific fungal ecologies and bacteriome interactions»; Lian Narunsky-Haziza et al. en Cell, vol. 185, n.º 20, P3789-3806.e17, 29 de septiembre de 2022. «A pan-cancer mycobiome analysis reveals fungal involvement in gastrointestinal and lung tumors»; Anders B. Dohlman et al. en Cell, vol. 185, n.º 20, P3807-3822.e12, 29 de septiembre de 2022.

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