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14 de Abril de 2014
Biofísica

Aerodinámica de la mosca de la fruta

Un estudio analiza las maniobras aéreas que ejecutan estos ágiles insectos para huir de las amenazas.

Instantánea de uno de los vídeos facilitados por los autores del estudio en el que se reproduce la maniobra de huida de una mosca ante una amenaza. El vídeo completo puede verse en la página web de la Universidad de Washington. [F. Muijres/Universidad de Washington.]

Cualquiera que haya intentado atrapar una mosca en pleno vuelo habrá comprobado la rapidez con que huyen estos dípteros. Hace tiempo que se sabe que el minúsculo sistema nervioso de la mosca goza de una elevada resolución temporal; hasta ahora, sin embargo, se desconocía qué maniobras aéreas ejecutan estos insectos para escapar de un ataque sorpresa.

En un estudio cuyos resultados aparecieron publicados en el último número de la revista Science, Florian T. Muijres y otros investigadores de la Universidad de Washington han analizado con detalle la respuesta biomecánica de la mosca de la fruta Drosophila hydei cuando se ve sorprendida por un ataque. A partir de un análisis computarizado de casi un centenar de vídeos de alta velocidad, los autores hallaron que estos insectos cambian bruscamente la dirección de su vuelo mediante una maniobra muy similar a la que practican los aviones de combate: ladeando su cuerpo hacia el interior de la curva que desean describir para, inmediatamente después, contrarrestar ese movimiento y alejarse a toda velocidad de la amenaza.

Para llevar a cabo su estudio, los investigadores grabaron y digitalizaron 92 vídeos de alta velocidad (7500 fotogramas por segundo) tomados con cámaras infrarrojas, una frecuencia a la que el ojo de la mosca es ciego y que, por tanto, no interfería con su capacidad para detectar estímulos visuales. Cuando la mosca cruzaba un sistema de láseres también infrarrojos, un dispositivo proyectaba una sombra circular sobre las paredes del habitáculo experimental. El insecto identificaba esa sombra como una amenaza e intentaba alejarse de ella a la mayor velocidad posible.

Los investigadores comprobaron que, para completar la maniobra de huida, al insecto le bastaban unos 7 milisegundos; es decir, menos de dos aleteos (Drosophila hydei bate las alas a un ritmo de 200 veces por segundo). En el momento de máxima velocidad angular, la tasa instantánea de giro alcanzaba los 5300o/s, equivalente a unas 15 vueltas completas por segundo. Entre otros atributos, los autores observaron que los insectos afinaban mejor la dirección de huida cuando la amenaza surgía desde un lado (a 90o de su dirección original de vuelo) que cuando lo hacía de frente (0o) o por detrás (180o).

Según los investigadores, los estudios genéticos y fisiológicos llevados a cabo con Drosophila melanogaster, una especie próxima y muy bien conocida, deberían permitir elucidar qué clase respuesta neuronal y motora permite a estos insectos completar una maniobra aérea tan rápida y precisa.

Más información en Science y Universidad de Washington.

—IyC

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