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4 de Diciembre de 2019
Comportamiento

Agresividad: una conducta altamente plástica

Constatan en moscas de la fruta que las interacciones sociales y la composición del grupo social influyen en la conducta agresiva.

El entorno social influye en el comportamiento agresivo, al menos en las moscas de la fruta. [iStock/ Jirathadakorn1976]

El comportamiento agresivo es común en numerosas especies y, con frecuencia, adaptativo, puesto que ayuda a obtener acceso a recursos limitados. Sin embargo, la agresividad también es una conducta altamente plástica; al parecer, influenciada por las experiencias sociales anteriores. A esta conclusión han llegado investigadores de la Universidad de Guelph, en Canadá, a partir de un estudio con moscas de la fruta (Drosophila melanogaster). Los resultados se publican en Behavioral Ecology.

«El estudio muestra que la agresividad no solo depende de quién eres o con quién estás interactuando, sino también de tus interacciones anteriores», afirma en un comunicado de prensa Julia Kilgour, autora principal del trabajo. Así, el acosador en el patio de la escuela puede volverse pasivo, o el oficinista modoso y educado puede, de repente, arremeter contra un compañero. «La agresividad es un rasgo plástico», subraya Andrew McAdam, otro de los autores del estudio. «Con frecuencia, el grado de violencia depende de las circunstancias».

Moscas más y menos agresivas

Para su investigación, los experimentadores utilizaron dos cepas endogámicas de Drosophila que difieren en agresividad. Las dividieron en cinco grupos, en los que manipularon los recursos de alimento disponibles, la densidad de la población y la composición del grupo social. Formaron dos grupos homogéneos (uno con insectos agresivos y otro con moscas no agresivas), y en los tres grupos restantes mezclaron los ejemplares con rasgos de conducta opuestos (uno, con el 75 por ciento de individuos agresivos; otro, con mitad y mitad, y uno más con el 75 por ciento de moscas menos agresivas). También separaron machos y hembras para comprobar si el sexo influía en el comportamiento estudiado.

Al cabo de cuatro días, registraron la conducta agresiva de los animales. Para ello, emparejaron cada mosca con un congénere. Según descubrieron, los machos de grupos homogéneos, ya fuesen de grupos alta o baja densidad, se volvieron más agresivos en los encuentros individuales posteriores. Asimismo, los ejemplares macho que constituían una minoría en los grupos mixtos se volvieron más agresivos. En cambio, los machos de grupos de cepas mezcladas que constituían una mayoría no se mostraron más agresivos en los posteriores combates «uno a uno». En todos los casos, los efectos duraron hasta tres días. Los investigadores no encontraron cambios de comportamiento entre las moscas hembras. Con todo, Kilgour apunta que otros estudios podrían revelar diferencias sutiles.

Comportamiento impredecible

Aunque los autores no pueden explicar la variedad de respuestas entre los grupos, destacan la naturaleza impredecible del comportamiento. «Pensábamos que la agresión siempre sería para obtener lo que se desea, pero no está tan claro. Esto demuestra cuán complicado es el comportamiento, incluso en moscas de la frutaۚ», afirma Kilgour. Y agrega: «Nuestra conducta está fuertemente influenciada por las experiencias sociales anteriores. Es posible que no siempre nos comportemos de una manera óptima: nos enojamos o nos mostramos pasivos cuando no deberíamos. Eso es debido, en parte, a nuestras experiencias sociales.»

Según concluyen los investigadores, los hallazgos sugieren que la agresividad no solo puede estar influenciada por la intensidad de experiencias competitivas previas como consecuencia de la limitación de recursos, sino también por los efectos sociales relacionados con la composición del grupo.

Fuente: Universidad de Guelph

Referencia: «Carry-over effects of resource competition and social environment on aggresion». R. J. Kilgour, D. R. Norris y A. G. McAdam, publicado en línea en Behavioral Ecology, 2019.

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