17 de Marzo de 2021
Medicina

Aún no hay evidencias de que el ayuno intermitente sirva para prevenir enfermedades cardiovasculares

Por ahora, los ensayos clínicos sobre este tipo de dieta no permiten establecer conclusiones.

[iStock/clubfoto]

Las enfermedades cardiovasculares (ECV), entre las que destacan los infartos al corazón y los ictus, son la primera causa de muerte en el mundo, por delante del cáncer. Estilos de vida sedentarios, el tabaquismo y patrones de alimentación no saludables incrementan considerablemente el riesgo de padecer diversas enfermedades metabólicas (obesidad, hipertensión arterial, diabetes y niveles elevados de colesterol y triglicéridos) que, a su vez, predisponen a desarrollar ECV.

Desde hace varios años, el ayuno intermitente (AI) se ha popularizado como una opción para perder peso o mantener un peso adecuado y evitar así el desarrollo de enfermedades metabólicas y, en última instancia, el padecimiento de ECV. Existen dos modalidades principales a la hora de realizar este tipo de dieta. Una de ellas consiste en evitar la ingesta de calorías durante ciertos días de la semana y la otra se centra en consumir alimentos solo durante un número definido de horas al día. Todo ello sin limitar los tipos de alimentos que se consumen en dichos intervalos. Los largos periodos de ayuno del AI provocan una disminución de las reservas de glucógeno en el hígado y un refuerzo del metabolismo hacia el consumo de ácidos grasos y cetonas.

Aunque el ayuno intermitente es una de las dietas de moda, muchos de los beneficios que se le atribuyen no se han demostrado. A lo largo de los últimos años, diversos ensayos clínicos han evaluado si el AI podría tener un papel beneficioso para la salud. Una reciente revisión, publicada en la Base de datos de revisiones sistemáticas de Cochrane, analiza de forma rigurosa cuál es el conocimiento actual sobre la utilidad del AI frente a las ECV a partir de dichos ensayos.

Para la realización de la revisión, los autores seleccionaron aquellos ensayos clínicos que comparaban los efectos del ayuno intermitente con la alimentación habitual o con dietas en las que se restringen las calorías consumidas. Al final, recogieron un total de 18 ensayos controlados aleatorizados en los que participaban 1.125 adultos (algunos de los cuales tenían factores de riesgo cardiovascular). La duración de estos ensayos se encontraba entre las 4 semanas y los 6 meses y los resultados se recogían tras un seguimiento a corto plazo (3 meses) y a medio plazo (entre 3 y 12 meses).

Ninguno de los estudios analizado recogió datos sobre los efectos de las diferentes dietas en términos de mortalidad, mortalidad cardiovascular, ictus, infarto de miocardio o fallo cardíaco. Lo que sí se observó es que las personas que realizaban AI perdían más peso que con la alimentación habitual durante tres meses. Sin embargo, no se observaban diferencias si esta pérdida de peso se comparaba con dietas de restricción calórica de 3 a 12 meses. Tampoco se observaron cambios clínicamente significativos en los niveles de glucosa en sangre. Por otro lado, cuatro estudios informaron de leves dolores de cabeza en algunas personas bajo AI y un estudio registró un ligero incremento en la sensación de bienestar físico por este tipo de dieta.

Los investigadores concluyen su revisión afirmando que, por ahora, los efectos del AI sobre las ECV no están claros por la ausencia de datos. Además, gran parte de los estudios ofrecen resultados con una calidad baja o muy baja, por lo que existen muchas incógnitas sin despejar. Se necesita mucha mayor investigación en este campo para averiguar si el AI podría ofrecer beneficios para la salud y en qué grupos de personas. Este mensaje contrasta con los mensajes alabando las bondades saludables del AI en diversos medios de comunicación y en la cultura popular.

Por ahora, los únicos beneficios demostrados de esta dieta se limitan a modelos animales como monos y roedores. En ellos se ha observado que el ayuno activa rutas metabólicas que potencian diversas defensas frente al estrés metabólico y oxidativo y también se estimula la reparación o eliminación de moléculas alteradas. Múltiples estudios preclínicos han mostrado que el AI en diversas especies de animales ofrece resultados beneficiosos frente a diversas enfermedades crónicas como diabetes, cáncer, ECV, obesidad y enfermedades cerebrales neurodegenerativas. Además, varios estudios han observado que ratones alimentados bajo AI tienen una esperanza de vida entre un 30 y 40 % mayor y un menor riesgo de desarrollar enfermedades asociadas al envejecimiento.

A pesar de estos resultados prometedores, la ciencia sobre los beneficios del AI en humanos tiene mucho camino por delante y aún es pronto para saber si los beneficios observados en animales pueden trasladarse a humanos.

Esther Samper

Referencia: «Intermittent fasting for the prevention of cardiovascular disease». Mohammed Allaf et al. en Cochrane Database of Systematic Reviews, n.º1, enero de 2021.

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