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27 de Mayo de 2018
Geología

Así era la Tierra hace 2400 millones de años

De esa época era el supercontinente Kenorland. Transformó radicalmente el planeta, el clima y el desarrollo de la vida.

El supercontinente Kenorland tras la gran catástrofe del oxígeno [Ilya Bindeman, Universidad de Oregón].

Hace unos 2400 millones de años la faz de la Tierra cambió radicalmente. Conforme a la vara de medir geológica, el continente de Kenorland surgió de la noche a la mañana. Debió de ser el primero de esa especie. A algunos de los primeros cratones, regiones nucleares muy antiguas de los continentes actuales, los unió con corteza continental recién formada. Y esa masa de tierra puso en marcha unas transformaciones que han influido hondamente en la historia posterior de la Tierra, como afirman en Nature Ilya Bindeman, de la Universidad de Oregón en Eugene, y sus numerosos colaboradores de centros de investigación de diversos países. Los geólogos han comparado la huella química de diferentes esquistos sedimentarios arcillosos de hasta hace 3500 millones de años, procedentes de todo del mundo. Basándose en las diferentes proporciones del oxígeno 17 y el 18 con respecto al 16 pudieron determinar  cuándo emergió de la superficie del mar nueva corteza terrestre, que allí se meteorizó. Y así han podido deducir cuándo comenzó la circulación a gran escala del agua, la que hoy es típica, con su evaporación en los océanos, el transporte a tierra firme y la precipitación sobre ella en forma de lluvia.

Gracias a esos datos y otros anteriores, así como a grandes modelos por ordenador, Bindeman puede asegurar que la formación continental de hace 2400 millones de años se produjo bruscamente y creó una superficie muy vasta. Al final, la tierra firme abarcaba dos terceras partes de su superficie actual. Ocurrió como consecuencia de cambios de gran magnitud en la dinámica del manto terrestre, que hicieron que más magma alcanzase la superficie de la Tierra y se convirtiese allí en roca. «La corteza continental debe ser suficientemente gruesa para emerger del mar. Depende sobre todo de la temperatura y la viscosidad del manto», explica Bindeman. Como la Tierra todavía estaba muy caliente, no se pudieron formar cordilleras extensas ni altas montañas. «El manto era demasiado débil para poder aguantar. Nuestros datos indican que eso sufrió un enorme cambio hace 2400 millones de años El manto, más frío, podía por fin soportar grandes masas de tierra».

El continente estaba entonces todavía muy caliente. La temperatura media superaba en bastantes grados la actual. Entonces, la atmósfera, gracias a la meteorización química, se fue desprendiendo de más y más dióxido de carbono. También Kenorland contribuyó al enfriamiento porque, al contrario que el oscuro mar, hizo con su superficie desprovista de plantas que aumentase el albedo del planeta. Más radiación solar fue reflejada hacia el espacio en vez de que se transformara en calor. Luego habría incluso glaciares en las cimas, que también aumentaban el albedo. Bindeman y sus colaboradores calculan que la temperatura cayó tanto que en el intervalo entre los 2400 y los 2200 millones de años pudieron aparecer incluso grandes extensiones de hielo. Al mismo tiempo, se desarrollaron en los mares las primeras algas y cianobacterias, que desprendieron oxígeno, en el agua primero y luego en el aire. Así se produjo la llamada gran catástrofe del oxígeno, que trajo consigo poderosas transformaciones. El agresivo oxígeno reaccionó con el hierro de las rocas, de donde les viene su tono rojizo.

Kenorland en sus orígenes [Ilya Bindeman, Universidad de Oregón]El mayor contenido en oxígeno de la atmósfera condujo por último a un desarrollo revolucionario, por el que a los organismos dejó de serles perjudicial el oxígeno. Las plantas y los hongos pudieron al fin abandonar el océano y conquistar la tierra firme. El camino hacia la explosión cámbrica estaba preparado; en el plazo de un tiempo geológicamente muy corto aparecieron hace 540 millones de años representantes de casi todas las ramas actuales del reino animal.

Daniel Lingenhöhl / spektrum.de

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Spektrum der Wissenschaft.

Referencia: «Rapid emergence of subaerial landmasses and onset of a modern hydrologic cycle 2.5 billion years ago», de I. N. Bindeman et al en Nature, volume 557, págs. 545–548 (2018).

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