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30 de Octubre de 2012
ANTROPOLOGÍA

Bipedismo y capacidad de trepar

El análisis de los omóplatos fósiles de Australopithecus afarensis revela los hábitos de locomoción de los primeros miembros del linaje humano.

Reconstrucción de Australopithecus afarensis. [Wikimedia Commons]

¿Cuál era el estilo de vida de los primeros miembros del linaje humano, como Australopithecus afarensis? Todos los fósiles de australopitecinos exhiben una mezcla de rasgos humanos y de simios, aunque las características de las extremidades inferiores no dejan lugar a dudas de que eran bípedos y caminaban erguidos. Sin embargo, la mezcla de caracteres en las extremidades superiores resulta más difícil de interpretar. Algunos investigadores consideran que las características semejantes a las de los simios indican que la capacidad de trepar a los árboles todavía aportaba a esta especie ventajas para la supervivencia. Otros opinan que esos rasgos simplemente constituían la herencia de caracteres ancestrales.

Ahora una investigación recién publicada en Science revela que estos antecesores del género Homo tenían la articulación del hombro orientada hacia arriba, lo que refuerza la hipótesis sobre su comportamiento arbóreo y demuestra sus semejanzas con los simios africanos modernos.

En concreto, han analizado el caso de Selam, un ejemplar juvenil de A.afarensis de unos tres años de edad encontrado en el yacimiento de Dikika (Etiopía) en 2000. Selam es conocida como «la hija de Lucy» (ambas pertenecen a la misma especie), por la proximidad geográfica de ambos fósiles, a pesar de que los restos de la niña de Dikika, con 3,3 millones de años, son más antiguos. En Selam se han recuperado ambas escápulas, elemento esquelético que escasea en el registro fósil de los homininos pero que resulta de utilidad para predecir las adaptaciones locomotoras de los primates.

En el trabajo se ha analizado el desarrollo y la evolución de la forma del omóplato de los hominoideos actuales (entre los que se incluyen los humanos y otros simios, como orangutanes, gorilas y chimpancés), lo que ha permitido conocer las diferencias morfológicas entre los ejemplares jóvenes y los adultos. También se han comparado los restos fósiles de los extintos australopitecinos con los de otros homínidos, entre ellos Homo sapiens, Homo ergaster y simios modernos.

Omóplatos para trepar y suspenderse

Esta aproximación ha ayudado a comprender mejor la influencia del sistema locomotor en la anatomía del hombro de los australopitecinos.

Los primates africanos se diferencian de los humanos por una concavidad situada en la cabeza del omóplato que está orientada hacia el cráneo. Esa adaptación les permite distribuir el peso sobre la cápsula de la articulación del hombro mientras trepan y cogen los objetos, especialmente cuando su miembro superior sostiene alguna carga.

El análisis ha demostrado que los australopitecos también tenían la articulación del hombro orientada hacia arriba. Ello les permitió evitar el desplazamiento del húmero cuando se colgaban de los árboles, un rasgo característico de los animales suspensorios, que se balancean de un sitio a otro. En cambio, la orientación de las articulaciones de Homo sapiens es lateral.

Además, el estudio demuestra que los homínidos arbóreos, como Selam, tenían una fosa infraespinosa (el área cóncava de la zona posterior del omóplato) más estrecha que la de los humanos, lo que les permitía estabilizar la articulación del hombro durante la suspensión.

El estudio concluye que muy probablemente estos homínidos, pese a ser bípedos, participaron en estrategias de comportamiento en las que trepar a los árboles se unía a su condición bípeda.

Más información en Science

— IyC

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