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29 de Diciembre de 2020
Cambio climático

¿Caen más rayos sobre el Ártico que antes?

Un equipo detecta un incremento enorme y dice que podría deberse al cambio climático, pero otros no pueden confirmar sus hallazgos.

Los rayos se forman de ordinario con la intervención de aire caliente; por eso han sido raros históricamente en el Ártico [Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA, por cortesía de la Biblioteca Fotográfica de la NOAA, Biblioteca Central de la NOAA, OAR/ERL/Laboratorio Nacional de Grandes Tormentas (NSSL)].

Caen muchas veces más rayos en el Ártico que hace diez años, según un estudio, y el ritmo podría duplicarse en breve. Este hallazgo muestra otra de las formas en que el clima de la Tierra podría estar cambiando a medida que el planeta se calienta. Pero no todos los investigadores concuerdan en que se trate de una tendencia real.

Robert Holzworth, el físico de la atmósfera de la Universidad de Washington en Seattle que ha dirigido el estudio, defiende el hallazgo. «Estamos viendo un síntoma del cambio climático global», sostiene. Es el director de la Red Mundial de Localización de Rayos (WWLLN), el conjunto de sensores instalados en tierra que tomó los datos. Informó de sus resultados el 8 de diciembre, en una reunión virtual de la Unión Geofísica Americana (y los había dado a conocer ya antes en forma de prepublicación).

Otra red de detección de rayos, cuyos registros no se extienden tan atrás en el tiempo como los estudiados por Holzworth, no ha observado el mismo incremento.

Que estén aumentando o no los rayos en el Ártico puede tener conscuencias considerables en la región. Los dos años pasados han marcado en el Ártico un récord desde que hay registros de superficie quemada por los incedios forestales, algunos de ellos causados por rayos, y de emisión de dióxido de carbono. Más rayos supondrían aún más oportunidades para el inicio de fuegos, los cuales, a su vez, depositarían en el aire más hollín y gases que alteran el clima.

Rayos polares

Los rayos se forman cuando los cristales de hielo existentes dentro de nubes convectivas de tormenta (las llenas de agitadas corrientes de aire a las que alimenta aire caliente) chocan y transfieren cargas eléctricas. Se acumula una separación de cargas hasta que alcanza un umbral; se producen entonces los rayos. Algunos investigadores habían predicho que el calentamiento global generaría más tormentas convectivas y rayos por el mundo entero a medida que subiesen las temperaturas del aire y del mar. Sin embargo, algunos estudios basados en modelos apuntan a lo contrario.

En cualquier caso, la Organización Meteorológica Mundial, en Ginebra, Suiza, añadió en 2016 los rayos a su lista de «variables climáticas esenciales»; significa que la observación de los rayos puede servirles a los investigadores para seguirle los pasos al cambiante clima mundial.

<strong>Aumento de los rayos árticos</strong>. Los datos de una red de detección de rayos global indican que a lo largo de la última década los rayos se han vuelto más frecuentes en verano por encima de la latitud 65º Norte [Fuente: Robert Holzworth/ Universidad de Washington].

El Ártico se está calentando más deprisa que el resto del planeta; los cambios relativos a los rayos deberían, pues, notarse allí más. En agosto de 2010 se observó el rayo más al norte jamás detectado (a solo 52 kilómetros del polo norte), según la casa finlandesa Vaisala, con sede en Vantaa, que se encarga de una red de detección de rayos. Y en julio de 2014, una tormenta sobre el Ártico canadiense causó más de 15.000 rayos al norte del círculo polar ártico.

Por lo normal, en el Ártico los rayos son raros: solo comprenden un 0,5 por ciento de los rayos detectados en el mundo por la WWLLN.

Pero Holzworth y sus colaboradores vieron que el número de rayos en verano cada año por encima de los 65º de latitud Norte subio de unos 35.000 en 2010 a casi 250.000 este año. Han encontrado un número cada vez mayor de rayos por todo el Ártico, pero la mayor actividad se da en el norte de Siberia.

La verificación de una tendencia

Seguir las tendencias de los rayos puede ser difícil, ya que las redes de detección van haciéndose más eficaces con el tiempo, al añadirse sensores más avanzados. Por ello, Holzworth y sus colaboradores efectuaron varios análisis para confirmar que se habían producido realmente más rayos árticos, en vez de haber sido simplemente más los detectados. «No cabe duda alguna al respecto», dice.

La red de Vaisala no ha registrado la misma tendencia. Sus datos se remontan hasta 2012 tan solo, en vez de hasta 2010. Pero «no vemos una tendencia inequívoca a que se produzcan más rayos a latitudes más extremas», afirma Ryan Said, meteorólogo y analista de rayos en las oficinas de Vaisala en Louisville, Colorado.

En sitios donde no caen muchos rayos, como es el caso del Ártico, basta con un par de tormentas eléctricas intensas para que se produzca un aumento proporcionalmente enorme de los rayos detectados en un año determinado, señala Said. Con tanta variabilidad entre años, puede resultar difícil identificar tendencias a largo plazo.

Algunos especialistas mantienen que los hallazgos de Holzworth tienen sentido. El trabajo «respalda la idea más general de que le espera al Ártico un futuro más abundante en rayos», dice Sander Veraverbeke, científico de sistemas terrestres de la Universidad Libre de Ámsterdam. En 2017, este investigador y sus colaboradores comunicaron que los rayos estaban provocando más incendios forestales, mucho más al norte, que en el pasado en partes de Alaska y Canadá.

Una forma de verificar el trabajo de Holzworth consistiría en preguntar a los grupos indígenas o de otra índole que viven a altas latitudes, dice Jessica McCarty, geógrafa de la Universidad del Miami en Oxford, Ohio, que estudia los incendios forestales árticos.

Otra forma de hacerlo consistiría en realizar nuevos estudios de la detección de rayos. Según Antti Mäkelä, especialista en rayos del Instituto Meteorológico Finlandés, en Helsinki, el trabajo de Holzworth muestra «una interesante correlación» con los cambios de la temperatura global. Para el año que viene, Mäkelä y sus colaboradores contarán con 20 años de datos obtenidos por un sistema de detección de rayos que cubre Noruega, Suecia, Finlandia y Estonia, y piensan analizar ese conjunto de datos para ver si ha habido un incremento del número de rayos en el norte de Escandinavia.

Alexandra Witze / Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

Referencia: «Lightning in the Artic», de Robert H. Holzworth et al., en ESSOAr, 5 de noviembre de 2020.

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