5 de Mayo de 2021
Ciencias de la Tierra

¿Cómo afecta el cambio climático al eje de rotación de la Tierra?

Varios factores hacen que el eje de la Tierra vaya desplazándose con respecto a la corteza del planeta, y con él, por lo tanto, se desplazan los polos. La fusión de los glaciares del hemisferio boreal está proporcionando un impulso adicional a ese movimiento.

La fusión de los glaciares por el cambio climático no solo afecta al nivel del mar; deja su huella hasta en el eje de la Tierra. En la imagen, el glaciar Rink, de Groenlandia [NASA/OIB].

La Tierra se bambolea de varias formas. Su eje de rotación no solo cambia de dirección con respecto a las estrellas; también se mueve con respecto a la propia corteza de la Tierra. Este movimiento polar consta de varios componentes. Uno de ellos es un desplazamiento, unos centímetros al año, del polo norte, que había venido apuntando hacia los 70° Oeste. Los seres humanos también han dejado su impronta en este fenómeno planetario, la deriva polar secular (que no debe confundirse con la deriva de los polos magnéticos). El cambio climático sería la causa de que este movimiento haya girado, desde mediados de los años noventa, hacia el este. Lo explican Shanshan Deng, de la Academia China de Ciencias, y sus colaboradores en Geophysical Research Letters. Este grupo ha estudiado con un modelo la deriva polar. El modelo da a entender que la fusión de los glaciares, especialmente en Groenlandia, es el factor que más ha contribuido a que haya sucedido esto.

La posición exacta del eje de la Tierra depende de la distribución de las masas sólidas, líquidas y gaseosas en movimiento del planeta. La forma irregular de este y diferentes fenómenos geofísicos imparten al eje un movimiento complejo. Algunos de sus componentes son periódicos (por ejemplo, el llamado bamboleo de Chandler tiene un período de año y pico). En ellos intervienen sobre todo, los vientos, las corrientes marinas, los cambios de la presión atmosférica y del fondo de los océanos, tal y como escriben Deng y sus colaboradores. Además, hay un componente no periódico, la lenta deriva polar. Las causas a largo plazo de este componente son algunos movimientos de grandes masas terrestres sólidas: las corrientes en el manto de la Tierra y la lenta elevación de la tierra tras el retroceso de las capas de hielo continentales.

Pero estos factores no cambian tan deprisa como para explicar el cambio reciente de dirección de la deriva. Hace ya un tiempo que los investigadores sospechan que el factor que falta es la fusión de las masas terrestres de hielo. Deng y sus colaboradores han separado en sus modelos las contribuciones de la elevación de las tierras, de los océanos y de la atmósfera, y han visto que el cambio de dirección de la deriva no se debía a esos factores. Por consiguiente, han considerado dos situaciones. En una de ellas, el modelo incluía una variación de la cantidad de agua almacenada en tierra a un ritmo constante; en la otra, se tenía en cuenta la aceleración de la fusión de los glaciares a lo largo de los últimos decenios. Es en este segundo supuesto en el que la componente hidrológica del modelo produce el cambio observado en la dirección de la deriva, hacia 1995. El aumento de extracción de las aguas subterráneas también parece intervenir, pero en menor medida. Así, los investigadores han mostrado que el cambio climático influye en el pequeño viaje de los polos por la superficie del planeta.  

Lars Fischer

Referencia: «Polar Drift in the 1990s Explained by Terrestrial Water Storage Changes», de S. Deng, S. Liu, X. Mo, L. Jiang y P. Bauer‐Gottwein, en Geophysical Research Letters, 22 de marzo de 2021.

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