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16 de Enero de 2020
Adicción

Cómo el azúcar modifica el circuito cerebral de recompensa

En cerdos de Gotinga, el consumo de agua azucarada reduce el número de receptores dopaminérgicos y opioides implicados en la obtención de placer.

La ingesta compulsiva de sacarosa provoca un deseo, parecido a la adicción, que podría constituir el origen de la obesidad. [iStock/gruizza]

Al parecer, el consumo de azúcar induciría cambios en el cerebro, similares a los observados habitualmente en casos de adicción. Así concluye un estudio, realizado en cerdos pequeños de Gotinga, publicado en tiempo reciente por la revista Scientific Reports.

La obesidad constituye un grave problema de salud pública que afecta a millones de personas en todo el mundo. Por ello, resulta esencial dilucidar por qué el deseo de ingerir alimentos sabrosos y altos en calorías no desaparece, aun cuando el organismo ya no necesita más nutrientes.

En el cerebro, el hambre desencadena la acción del neurotransmisor dopamina, mientras que el deseo por la comida apetitosa activa el sistema opioide endógeno. Ambos participan en la generación del placer. Por consiguiente, Anne M. Landau y su equipo, de la Universidad de Aarhus en Dinamarca, junto con investigadores de la Universidad de Copenhague, el Hospital Universitario de Odense y la Universidad McGill de Montreal, postularon que la sacarosa, o azúcar de mesa, modificaría dicho circuito de recompensa.

A fin de corroborar su hipótesis, los investigadores facilitaron 2 litros de agua azucarada diarios a los cerditos, a lo largo de 12 días. Al término del experimento, las imágenes cerebrales, obtenidas mediante tomografía por emisión de positrones, mostraron un marcado declive de los receptores dopaminérgicos y opioides. De forma interesante, dichos cambios empezaron tan solo 24 horas después de la primera exposición al azúcar.

La reducción de los receptores dopaminérgicos y opioides implica que el sujeto deberá ingerir mayor cantidad de la sustancia que desencadena la respuesta de placer para poder alcanzar el mismo nivel de satisfacción experimentado tras la primera toma. Para los autores, los resultados del estudio sugieren que la sacarosa actúa como una suerte de droga de abuso, pues afecta a los mecanismos de recompensa cerebral de modo parecido.

Así pues, Landau y sus colaboradores concluyen que la ingesta compulsiva de sabrosos alimentos ricos en azúcares puede generar una adición que favorecería el desarrollo de problemas de salud, como la obesidad. Comprender esta dependencia permitirá el desarrollo de estrategias para combatir la epidemia del siglo XXI.

Marta Pulido Salgado

Referencia: «Sucrose intake lowers μ-opioid and dopamine D2/3 receptor availability in porcine brain», de M. Winterdahl et al., en Scientific Reports; 9:16918, publicado el 15 de noviembre de 2019.

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