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16 de Marzo de 2020
astronáutica

Cómo piensa China ir a Marte en medio de la epidemia de coronavirus

El lanzamiento está en vías de producirse en julio, mientras que Europa y Rusia anuncian que se retrasa dos años su viaje al planeta rojo.

El cohete Larga Marcha 5 de China llevará su sonda marciana al espacio [篁竹水声].

El primer viaje de China hacia Marte es una de las misiones espaciales más esperadas del año. Pero con partes del país con algún tipo de clausura por el coronavirus, los equipos de la misión han tenido que idear maneras creativas de seguir con su trabajo.

Los investigadores que participan en la misión mantienen la boca cerrada acerca de sus aspectos clave, pero según diversas informaciones publicadas por los medios estatales chinos la pandemia no afectará al lanzamiento de julio, que es la única ventana abierta de aquí en dos años.

«El lanzamiento es tan importante políticamente que harán que se produzca», dice Raymond Arvidson, geólogo planetario de la Universidad Washington de San Luis, Missouri, que ha participado en varias misiones estadounidenses a Marte.

El centenario de la fundación del Partido Comunista de China se celebrará en 2021. Un lanzamiento con éxito será un «regalo de centésimo aniversario», dice Wang Chi, físico espacial y director general del Centro Nacional de Ciencia Espacial (CNCE), en Pekín; se encarga de los equipamientos científicos cargados a bordo de la nave.

Otros dos equipos internacionales planean salir hacia Marte en julio. La NASA piensa lanzar hacia allá un rover (un vehículo) llamado Perseverancia y los Emiratos Árabes Unidos una sonda llamada Esperanza. Las agencias espaciales europea y rusa habían proyectado enviar una sonda a Marte este año, pero anunciaban el jueves que el lanzamiento se había pospuesto dos años para que se puedan acabar ensayos importantes; en parte, también, por la epidemia de coronavirus.

A tiempo

La sonda china, cuyo nombre es Huoxing, incluirá un orbitador, un módulo de aterrizaje y un rover, la primera sonda marciana que incluirá esos tres componentes a la vez. El proyecto tendrá trece equipamientos científicos a bordo: varias cámaras, creadores de imágenes por radar subsuperficiales y analizadores de partículas, un magnetómetro y un  detector del campo magnético. Entre los objetivos científicos de la misión está el estudio de la morfología, la geología y el suelo marcianos, y la distribución de hielo de agua en el planeta.

Wang dice que el brote de coronavirus, aunque ha afectado a la forma en que trabaja su equipo, no ha ocasionado retrasos.

Hace varios días, el equipo tuvo que trasladar seis de los equipamientos del orbitador desde Pekín hasta Shanghai, donde se ensamblarán. En vez de arriesgarse a que los miembros del equipo se infectasen en un avión o en un tren de alta velocidad, tres personas llevaron los seis componentes en coche; el viaje les llevó más de doce horas.

Para limitar el contacto físico entre los empleados, el CNCE ha adoptado una política de trabajo flexible que permite a los investigadores e ingenieros ir a la oficina solo por la mañana o por la tarde. Los científicos básicos pueden trabajar en casa. «Solo queremos reducir el número de personas en el centro», explica Wang.

Se han reducido al mínimo los viajes, pero los investigadores que han de visitar el CNCE para realizar ensayos que le son esenciales al proyecto pueden obtener la aprobación de su estancia en habitaciones de invitados del centro sin tener que efectuar la requerida cuarentena de dos semanas. «Como es un gran proyecto nacional, la delegación local del Gobierno nos suele dar la luz verde», dice Wang.

Más de veinte equipos de investigación y unos setenta científicos de distintas partes de China han participado en el desarrollo de los instrumentos de la nave y en sus investigaciones científicas, cuenta Wang. Para garantizar la comunicación entre estos equipos durante la epidemia de coronavirus, las evaluaciones técnicas se han hecho mediante reuniones virtuales, dice.

Otra consecuencia del brote, añade Wang es que no se permitirá que haya invitados al lanzamiento en julio. Cuando a finales de 2018 despegó la sonda lunar china, los equipos responsables de los instrumentales que cargaba a bordo invitaron a unas cien personas, entre ellas algunos colaboradores internacionales.

El despegue del cohete lo verán seguramente observadores entusiastas desde una playa cercana de Wenchang, en la isla sureña de Hainan, como dice Alian Wang, científica planetaria de la Universidad Washington de San Luis.

Smriti Mallapaty / Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con el permiso de Nature Research Group.

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